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Ciudades por la vida

16/11/2016 12:05 PM CST | Actualizado 16/11/2016 12:31 PM CST
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Generando metabolismos circulares, como el propio ciclo del agua, o incluso la vida misma, es como logramos alcanzar una trillada palabra, aunque muy necesario concepto: la sostenibilidad.

Podríamos entrar a la larga historia de que nos trajo adonde estamos: la conquista, ignorancia, corrupción, falta de educación, la eterna búsqueda del dinero sobre todas las demás cosas.

¿Dónde estamos? En el precipicio de una serie colapsos ecosistémicos, tanto a nivel mundial como a dos pasos de nuestras casas. Calentamiento global, derretimiento de polos, el re-trazo de las costas planetarias, las abejas en la lista de peligro de extinción y, peor que todo, una aparente apatía o lentitud mundial e individual por sacudir un sistema obsoleto, egoísta, avaricioso a morir y en una ruta de autodestrucción imparable.

Las soluciones y búsquedas de transformación son tan variadas como la biodiversidad que tanto aplaudimos los ecologistas. Entonces, ¿por dónde empezamos? Salud humana y biológica. Podríamos discutirlo, pero la verdad es que sin un planeta saludable no hay mucho de que platicar. Sin humanos en condiciones de procurar de sus propias vidas de manera digna, ¿cuál es el propósito? Ahora, si de paso buscamos la expresión de nuestro propio ser por medio de un quehacer, y no solo la generación de ganancias y reproducción genética e informática infinita todo puede cambiar. Somos más que nuestra capacidad de hacer negocios y reproducirnos hasta lograr el colapso planetario. Les propongo busquemos generar un buen lugar y una buena vida.

Creo en un colapso regenerativo, una serie de crisis locales y mundiales que comienzan a abrir mentes y corazones hacia una nueva manera de relacionarnos entre nosotros y con nuestro hogar.

"Qué hippie me saliste" me dirán. Pero es muy sencillo empezar a quitarle inercia a un sistema que tiene las balanzas de la vida y el control de demasiados en sus manos. Personalmente creo en un colapso regenerativo, una serie de crisis locales y mundiales que comienzan a abrir mentes y corazones hacia una nueva manera de relacionarnos entre nosotros y con nuestro hogar.

Si logramos ver a través del ruido mediático, vemos surgir en paralelo a un aparente colapso, una serie de negocios e iniciativas regenerativas, descentralizadas, locales, dispersas en las zonas que requieren la mayor ayuda, y en el centro de las megalópolis más olvidadas por la naturaleza. Ahí surgen los aires de las grandes transiciones que veremos en los siguientes años.

El eje de esta transformación requiere que pongamos al centro lo esencial para la vida, agua. En paralelo, aire y comida. El término a entender y trabajar alrededor de él son las cuencas, el sistema hídrico formado entre montañas, de cumbrera a cumbrera, cañadas, ríos y bosques; nuestro sistema de captación y componente ecosistémico que hace que la vida funcione y se desarrolle.

Pensando en cuencas y las ciudades que las habitan, logramos ver las cosas de manera sistémica y podremos guiar estos cambios de una manera más conectada, viendo el potencial de trabajar sistemas completos, como cuencas, podemos tomar una serie de acciones que de múltiples maneras lograremos ver los beneficios en el corto y mediano plazo. No solo a largo plazo, como le rogamos al status quo que considere. Generando metabolismos circulares, como el propio ciclo del agua, o incluso la vida misma, es como logramos alcanzar una trillada palabra, aunque muy necesario concepto: la sostenibilidad.

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¿Qué queremos sostener? LA vida, nuestra vida, la de las abejas, por ejemplo, ya que sin ellas perdemos partes fundamentales funcionales reproductivas básicas de nuestros ecosistemas y otros "servicios" que proveen, como polenizar una gran cantidad de las plantas que conforman nuestra alimentación. Podemos hablar de 100 temas que requieren de una transformación de fondo, para cada uno de ellos hay alguien en el mundo luchando por mejorar ese sector en específico.

El eje de esta transformación requiere que pongamos al centro lo esencial para la vida, agua.

Si tomamos el NAICM (nuevo aeropuerto de la Ciudad de México) como punto de partida, una inversión de alrededor de 180,000 millones de pesos, más obras hidráulicas, segundos y terceros pisos para llegar a él, tren a Toluca y el aeropuerto mismo, que por cierto, me parece un lindo objeto... solo está desconectado de su entorno, de nuestra ciudad.

Generar una inversión así sin que genere un beneficio contundente para la ciudadanía y su ecosistema es un grave error. Con el pretexto del NAICM podríamos regenerar la parte oriente de la cuenca, tomando el lago de Texcoco y su comunidad como punto de partida —usando nuestro movimiento hacia él como pretexto— podemos continuar con el tren interurbano México-Toluca que pase por debajo del Viaducto Miguel Alemán y se desentube el Río de la Piedad (que corre por esta vía), logrando verdaderamente conectar a los visitantes de nuestra ciudad vecina con un real nodo en la ciudad y no solo dejarlos varados en Observatorio.

Invertir en sistemas vivos (nuestro entorno, nuestra línea de salud y vida) no es más caro, al contrario es más barato. Simple y sencillamente hay que mover recursos de un lugar a otro, hacia lo que beneficia mejor el todo, a todos. Regenerando bosques, humedales, ríos y comunidades generamos más plusvalía inmobiliaria, integración comunitaria y dinámicas políticas corporativas más transparentes. Por no decir mejor salud y calidad de vida, ya que nuestra agua generaría ríos que cruzarían la ciudad por nuestros parques, recordándonos a nuestros bosques de agua y además que nuestro entorno es mucho más que una linda vista.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.