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Tláhuac y el nuevo libro de AMLO como fórmula para hacerse del poder

31/07/2017 11:00 PM CDT | Actualizado 01/08/2017 2:05 PM CDT

GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
"La lógica de Andrés Manuel es que la tragedia nacional resulta simplemente una cuestión de valores (honestidad) y no de estructura".

En el último texto de Andrés Manuel López Obrador llamado 2018 La salida. Decadencia y renacimiento de México, el autor aborda la problemática económica, política y social de México a través de un breve recuento de historia nacional, tomando como punto de partida la década de los ochenta y llegando hasta nuestros días con la actual administración de Enrique Peña.

Una vez finalizada la descripción nacional, el autor concluye que el mayor de los males que aquejan a México es el referente a la corrupción, por lo que el combate a la misma a través de la honestidad es el camino en donde se puede encontrar el inicio de una senda de crecimiento con equidad social y económica para el país.

El autor afirma que la honestidad debe ser la inspiración y forma de vida de todas las instituciones nacionales, ya que no es ninguna costumbre exótica que deba importarse, pues ella ya está instalada en la sociedad mexicana debido a que nuestro pueblo es decente.

López Obrador sabe que hacer notar actos desleales del gobierno mexicano son una buena estrategia de campaña, que sirve para ganar electores de forma fácil.

En el libro no se aprecia una propuesta que aborde un sustancial cambio en torno al modo de producción o las relaciones económicas entre capitalistas y trabajadores, salvo invitar a los empresarios a sumarse el proyecto lopezobradorista. Por lo que se aprecia fácilmente que la lógica de Andrés Manuel es que la tragedia nacional resulta simplemente una cuestión de valores (honestidad) y no de estructura.

En torno al pobre diagnóstico, López Obrador sabe que hacer notar actos desleales del gobierno mexicano son una buena estrategia de campaña, que sirve para ganar electores de forma fácil, aunque dejando de lado que existen organismos como el Banco Central o el Congreso de la Unión que deben ser reformados en su estructura y no a través de cuestiones morales.

Si damos por buena la conclusión lopezobradorista de que el problema mexicano es únicamente la corrupción y los malos valores que la generan, su única solución queda expuesta a través de las prácticas que vemos día a día en el partido político que él preside.

Del universo de personajes que rodean al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), al día de hoy existe uno que hace que la conclusión de López Obrador resulte errónea, pues Rigoberto Salgado (delegado en Tláhuac) ha demostrado que carece de pocos valores, pues ha permitido que su círculo de trabajo más cercano esté vinculado al crimen organizado, tal como ha venido señalando la prensa en los últimos días.

Resulta adecuado cuestionarse cómo podría operar la solución de López Obrador en la vida política del país.

La respuesta de Andrés Manuel ante tal problemática no se centra en buscar aclarar lo ocurrido con su delegado, sino en culpar a personajes de la política nacional por tratar de manchar a MORENA al inculpar a Rigoberto de forma injusta.

Justo aquí resulta adecuado cuestionarse cómo podría operar la solución de López Obrador en la vida política del país, ya que, de un día a otro, una persona no es capaz de cambiar su forma de entender el mundo y por ende su actuar.

No podemos esperar que Rigoberto Salgado y su círculo de trabajo se vuelvan honestos simplemente porque el presidente de MORENA lo pida; no podemos esperar que la red que el delegado en Tláhuac viene protegiendo de años atrás cambiará, por el simple hecho de que la cabeza se convierte en honesta, lo cual conlleva que esa práctica de la clase política se reproduzca a escala en el grueso de la población.

Modificar el entorno cultural de esa práctica conlleva no solo la implementación de la honestidad a todos los niveles, sino un aparato educativo que inculque dichos valores desde formaciones tempranas; implica un sistema penal capaz de ofrecer los castigos suficientes que inhiban ese tipo de comportamientos; obliga al Estado a recomponer el tejido social y dar muestras de tender lazos con los grupos que piensan de manera diferente.

El que un personaje salga a defender a un allegado públicamente ante las acusaciones de corrupción, en vez de señalar que son las instituciones quienes deben dar cauce legal al tema, obliga a la reflexión.

Ante lo escrito en anteriormente, Andrés Manuel no se ha pronunciado al respecto, ya que eso implica un gran plan de trabajo que va más allá de una administración de seis años, lo cual lo obligaría a reformar instituciones en vez de descalificarlas como ocurre actualmente. Ya no cabría el argumento de honestidad, pues sería necesario reconocer que el problema es estructural también.

El que un personaje salga a defender a un allegado públicamente ante las acusaciones de corrupción, en vez de señalar que son las instituciones quienes deben dar cauce legal al tema, obliga a la reflexión, pues ese personaje es fácilmente cuestionable por el hecho de que busca el poder por el simple poder, en vez de ser un estadista que reforme instituciones. Se utiliza el enojo social como fórmula, en vez de centrarse en las propuestas.

Hoy Andrés Manuel no muestra coherencia entre su actuar y lo escrito en el libro, por lo que los cuestionamientos serán la constante día a día. La forma en cómo los aborde dará señales de la clase de político que puede ser en el mediano plazo.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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