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Manuel Bartlett hace campaña para AMLO desde 2017

10/07/2017 7:00 AM CDT | Actualizado 10/07/2017 10:33 AM CDT
MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM
"La afirmación de Bartlett busca sembrar la duda entre los electores".

Justo un año antes de la elección presidencial de México, el senador Manuel Bartlett ha hecho pública la forma en cómo se manipularon los datos de la jornada electoral de 1988, para así favorecer al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para que pudiera alcanzar la titularidad del Poder Ejecutivo.

Dicha declaración de Manuel Bartlett debe leerse en el contexto de supervivencia política y de servilismo al candidato de oposición que considera mejor posicionado, así como de dinamitar a las instituciones electorales desde antes que se lleve a cabo la votación en 2018.

Desde la óptica de desacreditación institucional, la afirmación de Bartlett busca sembrar la duda entre los electores, ya que cualquier resultado favorable al PRI o al Partido Acción Nacional (PAN) será visto como fraudulento, tomando como base lo ocurrido en 1988, dejando como única figura incuestionable a la de Andrés Manuel López Obrador.

La declaración de Bartlett no debería ser enmarcada bajo la honestidad de un político que desea un mejor país.

La idea de Bartlett es convencer al electorado mexicano que un tropiezo de López Obrador nunca será por malas decisiones del presidente del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), sino por factores ajenos a él, tal como el fraude cometido a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988.

Lamentablemente, López Obrador no es hoy el Cuauhtémoc Cárdenas de finales del siglo XX, por lo que Bartlett ha entendido que la mejor manera de posicionarlo ante un eventual fracaso es sembrando la duda de fraude entre los que acudan a las urnas el próximo año.

No importa cuántos desfalcos puedan cometer los cercanos a López Obrador, no importa si la ausencia de un programa económico o social de mediano plazo son los causantes de una derrota de Andrés Manuel en 2018. No importa si figuras de cuestionable calidad moral como la de Lino Korrodi (muy criticado por Cuauhtémoc Cárdenas en el año 2000) al lado de López Obrador son el origen de no ganar la presidencia; nada de eso importa, una vez que Bartlett ha sembrado la duda en la ciudadanía de que 1988 se repetirá en 2018, lo demás queda de lado.

En este punto, Bartlett vuelve a ser el mismo de la década de los noventa. En vez de ser parte de una solución ante un problema en el que él tenía las herramientas para denunciar y corregir, simplemente decide guardar un silencio cómplice. Dejó pasar la construcción del Instituto Federal Electoral en la década de los noventa y, en su lugar, decidió ser parte del PRI por varios años más.

Hoy resulta razonable pensar que Bartlett busca el cobijo del Partido del Trabajo (PT) o de Andrés Manuel.

Para ejemplificar lo escrito en el párrafo anterior, después de que Manuel Bartlett fue testigo de cómo se gestó el fraude electoral de 1988, su primera reacción ante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (el cual hoy critica abiertamente) fue aceptar el cargo de secretario de Educación Pública de 1988 hasta 1992. Luego, en 1993, se convirtió en gobernador del estado de Puebla, postulado por el mismo partido que hoy acusa de fraudulento 29 años después.

Dejando de lado la óptica de dinamitar instituciones electorales y centrándonos en la parte de supervivencia política, hoy resulta razonable pensar que Bartlett busca el cobijo del Partido del Trabajo (PT) o de Andrés Manuel. Ya sea bajo la figura de diputado federal o en algún cargo dentro del gabinete presidencial en caso de un triunfo de MORENA en 2018.

En 2017 y 29 años después del fraude electoral de 1988, la declaración de Bartlett no debería ser enmarcada bajo la honestidad de un político que desea un mejor país, sino en la de un personaje que busca a como dé lugar un espacio para seguir viviendo a costa del erario público.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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