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Los problemas del México de hoy son generados por los políticos que nos quieren 'sacar' de esos problemas

09/02/2018 12:01 PM CST | Actualizado 09/02/2018 1:10 PM CST

SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
29 de noviembre de 2017, un día de muy poca presencia de legisladores en la sesión ordinaria de la Cámara de Diputados. En la imagen Teodoro Barraza y Jorge Ramos Hernández, de la bancada del PAN, fueron de los pocos legisladores que asistieron al recinto legislativo.

Justo en plena campaña electoral y a cinco meses de la elección que renovará el Congreso y Ejecutivo Federal, así como varias gubernaturas, existe la promesa por parte de todos los aspirantes a ocupar un cargo de elección popular que esta vez las cosas serán diferentes: dejará de existir la corrupción a todos los niveles, la inseguridad será cosa del pasado y el crecimiento económico acabará con la pobreza y el desempleo.

Ante tal escenario de promesas electorales surge una duda razonable en torno al momento y la forma en que se perdió el rumbo del país en materia de corrupción, economía y seguridad. Ya que, ubicando ese contexto, es posible encontrar una solución al problema.

En lo que se refiere a lo económico, si tomamos como punto de partida el año 1982 y cerramos en 2016, la economía ha crecido tan solo un 2.28% promedio anual, lo cual tiene un efecto negativo al favorecerse la informalidad laboral, el desempleo y pobreza, por tan solo citar algunos casos.

Hoy toda la clase política ha metido al país en una dinámica de descomposición social, la cual no cambiará en el siguiente sexenio.

La explicación ante tan bajo crecimiento económico se centró en la inexistencia de reformas estructurales en el país y la corrupción reinante del único partido en el poder, por lo que una vez instalados los cambios estructurales y la democracia, los resultados económicos tendrían que ser diferentes.

Si las cifras se revisan para el año 2000 a 2016 (existe alternancia partidista en el Ejecutivo Federal y gubernaturas), el promedio de crecimiento de la economía al año es del 2.21%, mientras que para 2012-2016 (periodo en el cual se instalaron la mayor parte de reformas estructurales) el dato se ubica en 2.79% promedio anual.

Las cifras de inmediato llevaron a concluir a la clase política que las reformas estructurales por sí solas no son una condición necesaria para crecer, pues es necesario arroparlas bajo escenarios de seguridad y paz social, lo cual también es un imán de atracción de inversiones.

Si ahora nos enfocamos en materia de seguridad y corrupción, es necesario dejar de lado hipótesis falsas en las cuales se propone que la pobreza (ingresos bajos) es un determinante para delinquir. Así como el hecho que la delincuencia se da de un día a otro y se resuelve únicamente con la conformación de un cuerpo de policías que supera controles de calidad.

La inseguridad es un fenómeno social que deriva de un sistema educativo ineficiente el cual no es capaz de integrar a los niños en sociedad, sumado a la incapacidad de gobiernos locales de formar instituciones fuertes que sean capaces de castigar y premiar a la población dados los actos que tiene en el día a día.

Un delincuente roba no por ser pobre, sino por el hecho de no estar integrado socialmente desde niño, sumado a que tampoco percibe en el gobierno a una autoridad capaz de castigarlo por sus actos; un trabajador informal no transitará a la formalidad porque nunca encontró un estímulo adecuado que lo vinculara de un centro educativo a uno laboral.

No hay política pública que rinda frutos de forma inmediata.

En lo que se refiere a los fallos existentes en el sistema educativo y penal, es un problema generado por todos los actores políticos y sus grupos que hoy están compitiendo por un cargo de elección popular, ya que ese fenómeno se observa tanto en la capital del país como fuera de ella.

La solución hoy no pasa por decir que esta vez será diferente, sino por plantear un escenario de transición en el que existirá una o dos generaciones de sacrificio, es decir, personas que tendrán que trabajar por una recomposición social, pero que no verán ningún resultado.

Si tomamos como ejemplo lo ocurrido en las sociedades europeas y asiáticas de mitad del siglo XX devastadas por la guerra, todas entendieron que la reconstrucción tomaría varias décadas y que la población tendría que tener sacrificios en torno a lo económico con la esperanza de que sus hijos y nietos fueran los que gozaran de una mejor calidad de vida. En todos los casos, la reconstrucción y aceptación del sacrificio estuvo basada en altos estándares educativos y una cohesión social a través de un Estado fuerte en lo institucional, a la par que la clase política también era parte de ese mismo esfuerzo al no tener privilegios por encima de la sociedad.

El problema para México es que la clase política debe aceptar públicamente que se ha equivocado y que la única forma de que esta vez sea diferente es comenzar a trabajar como sociedad en la formación de instituciones, dejando de lado intereses personales o de grupo, sabiendo que no se verán resultados hasta 30 o 40 años después. Por lo que varios de los que hoy participan no verán ni se beneficiarán de los cambios conseguidos.

Hoy toda la clase política ha metido al país en una dinámica de descomposición social, la cual no cambiará en el siguiente sexenio, ya que no hay política pública que rinda frutos de forma inmediata, sumado a la incapacidad de la élite gobernante y su obsesión por entender a la política como un negocio personal y no como una forma de organización colectiva.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.