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La reforma a estatutos del PRI: sin dedicatoria para José Antonio Meade

24/08/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 24/08/2017 6:00 AM CDT

ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM
Enrique Peña Nieto, Aurelio Nuño Mayer y José Antonio Meade en junio de 2014.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) celebró el fin de semana del 13 y 14 de agosto un congreso nacional, en el cual el principal resultado fue la modificación de ciertos estatutos internos, lo cual abrió la posibilidad a que militantes y personas externas a esa organización política puedan ser candidatos a la presidencia del país.

La decisión de inmediato causó molestia entre algunos gobernadores, diputados y senadores priistas —quienes tienen aspiraciones presidenciales— así como entre afiliados al partido de varios años atrás a la fecha, y que son parte del grupo de trabajo de esa clase política.

El argumento expuesto por los afiliados al partido es que ellos han sido leales a la institución y se han disciplinado a las decisiones de la cúpula. Es decir, como en el viejo sistema político mexicano, se respeta al personaje elegido y se sigue en espera de una oportunidad en la siguiente administración.

En el siglo XXI, el PRI y sus afiliados no pueden suponer que el aparato político y electoral mexicano es el mismo de hace 50 años.

El problema para los priistas que están en contra de la modificación de los estatutos radica en que el PRI del siglo XX no estaba pensando en los electores, pues el acudir o no a las urnas era irrelevante para determinar ganadores a gubernaturas y presidencia. Por lo que la decisión de elegir candidato se daba por influencia de otros factores, tales como la negociación con el ejército, la clase empresarial y caciques regionales.

En el siglo XXI, el PRI y sus afiliados no pueden suponer que el aparato político y electoral mexicano es el mismo de hace 50 años: hoy los electores comienzan a tener un peso determinante en la elección de un candidato y su posible plan de trabajo durante la campaña, así como en el cargo por el cual fueron electos.

La clase dominante del PRI se ha percatado que, de mantener los candados a sus estatutos, significaría tener una lista de pre candidatos a la presidencia como Eruviel Ávila, Egidio Torre Cantú, Roberto Sandoval Castañeda, Aristóteles Sandoval o Rodrigo Medina, por solo mencionar a algunos. Lo cual implica un proceso electoral complicado y con pocas posibilidades de triunfo, ya que en la actualidad buena parte de los gobernadores de ese partido político están envueltos en la opacidad en torno a cómo ejecutan el gasto público.

La clase dominante del PRI entiende que los electores hoy juegan un papel importante y pueden definir una elección cerrada, mientras que los afiliados al partido siguen estando en una lógica de suponer que la lealtad al cacique o caudillo, así como la disciplina institucional, bastan para ganar elecciones al estar ese par de argumentos sobre las malas prácticas y corrupción.

El hoy secretario de Hacienda es una persona racional y un buen técnico, capaz de resolver problemas en la administración pública. Sin embargo, no actúa como político.

Otra conclusión aventurada de los afiliados al PRI, es que la modificación mencionada tiene clara dedicatoria a José Antonio Meade, quien es un técnico económico de reconocida calidad tanto en México como en Estados Unidos.

Para Enrique Peña Nieto, José Antonio Meade sería un personaje clave que garantizaría continuidad a las reformas estructurales que se han venido implementando en años anteriores, a la par de que está alejado de casos de corrupción. Pero con la desventaja de que no es el personaje idóneo para estar en campaña durante cuatro meses, enfrentando a personajes como Andrés Manuel López Obrador o Margarita Zavala.

El hoy secretario de Hacienda es una persona racional y un buen técnico, capaz de resolver problemas en la administración pública. Sin embargo no actúa como político y no está entrenado para el desgaste que significa hacer campaña política en México.

Otro argumento a favor de que los cambios de los estatutos del PRI no están dedicados a José Antonio Meade tiene que ver con la capacidad del grupo político que acompaña a Enrique Peña de adaptarse a nuevos entornos, y saber ceder posiciones en el poder.

Para Enrique Peña Nieto, José Antonio Meade sería un personaje clave que garantizaría continuidad a las reformas estructurales que se han venido implementando en años anteriores, a la par de que está alejado de casos de corrupción.

Como ejemplo de lo anterior, está la designación de Eruviel Ávila como candidato a gobernador del Estado de México en lugar de Alfredo del Mazo en 2011, por la razón de que el primero garantizaba el triunfo por el simple hecho de estar en la boleta, sin importar qué partido político lo postulaba. El PRI del Estado de México cercano a Peña Nieto lo entendió así y decidió ceder, antes de perder posiciones clave o la misma entidad.

El ejemplo del Estado de México es aplicable también al entorno actual del PRI, ya que en la actualidad el Revolucionario Institucional puede valorar no solo a personajes externos al partido, sino también a los propios, con el fin de encontrar al que cuente con posibilidades reales de triunfo en 2018. Sin importar si es José Antonio Meade, Aurelio Nuño o el mismo ex rector de la UNAM, José Narro.

La reforma a los estatutos del partido significa contar con una gama de personas a evaluar más amplia, sin importar donde se encuentren o cuánto tiempo tengan en el PRI.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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