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La iglesia del siglo XV contra la Constitución de la CDMX

07/02/2017 9:32 AM CST | Actualizado 07/02/2017 11:33 AM CST

Henry Romero / Reuters
El cardenal Norberto Rivera Carrera, pilar de las autoridades católicas mexicanas, al salir de un evento el 11 de marzo de 2016.

Una vez promulgada la Constitución de la Ciudad de México el 5 de febrero de este año, el primer personaje público en salir a mostrar su inconformidad ante el texto fue la iglesia católica, apoyándose en el semanario Desde la fe el mismo día de la promulgación.

Al leer la editorial que publica la Arquidiócesis de México, se entiende que su descontento se deriva de temas como la legalidad del aborto y la eutanasia en la capital del país, lo cual ese grupo religioso considera como un acto intolerante, absurdo y de corte asesino por la izquierda mexicana.

Ante tal panorama, existen dos caminos por los cuales abordar el tema, siendo el primero el religioso bajo sus normas y conceptos. Mientras que el segundo, es el de la relación que el Estado mexicano ha tenido con la iglesia en ese país.

La acción de la arquidiócesis es la de ejercer presión mediática para no perder influencia sobre la población y ganar en beneficios fiscales.

Si nos enfocamos en la parte religiosa a través de sus conceptos, se puede intuir que los católicos estén molestos con el hecho de que personas intervengan en asuntos que ellos llaman divinos, es decir, una vida no puede ser cortada por una decisión propia o de terceros, ya que eso atenta contra esa voluntad divina.

El argumento mencionado en el párrafo anterior resulta contradictorio al interior de la iglesia católica, ya que de acuerdo a sus ideas, cada uno de nosotros tiene un tiempo determinado de vida en el mundo, por lo que no solo la eutanasia resultaría en un acto "asesino", sino también la labor de un médico curando una simple infección, que a la larga en caso de desatención médica provocaría la muerte en el individuo.

El semanario Desde la fe necesita dar una explicación sobre cardenales, arzobispos, sacerdotes y Papas que se han sometido a cirugías o tratamientos médicos que les han alargado la vida, lo cual es similar a alguien que decide terminarla por una cuestión de enfermedad terminal.

El mismo semanario Desde la fe necesita explicar a todo el país qué entiende por derechos humanos y cómo se aplican a sus miembros, ya que al parecer desconoce que todas las personas los poseen y pueden ejercerlos, a la par que no pueden ser negociados entre un Gobierno y organizaciones religiosas.

Ningún gobierno civilizado en el mundo deja de lado la atención médica universal, pues el acceso a la salud es un derecho humano. Lo mismo ocurre con la educación, libertad de expresión, asociación, equidad, reproducción humana y sexualidad.

El hecho de que la iglesia católica sea capaz de sacar a la calle a miles de personas a protestar contra cualquier tipo de decisión es una forma de ejercer cierta presión a los políticos mexicanos, los cuales acostumbran moverse bajo decisiones de ganar votantes.

Si dejamos de lado la parte religiosa y sus conceptos para centrarnos en el enfoque de la relación Estado-Iglesia en México, claramente la acción de la arquidiócesis es la de ejercer presión mediática para no perder influencia sobre la población y ganar en beneficios fiscales.

No olvidemos que la desamortización de bienes eclesiásticos en la nación mexicana desde el siglo XIX significó un largo proceso que buscaba dotar de mayores recursos económicos y poder político al Estado, lo que significaba una pérdida de influencia y dinero al clero. Esto a su vez provocó desacreditación hacia el gobierno mexicano como medida de presión para detener la medida.

Aunque hoy no existe una desamortización de bienes, el hecho de que la iglesia católica sea capaz de sacar a la calle a miles de personas a protestar contra cualquier tipo de decisión es una forma de ejercer cierta presión a los políticos mexicanos, los cuales acostumbran moverse bajo decisiones de ganar votantes y no de tomar decisiones que signifiquen bienestar generalizado.

Hoy la iglesia católica no gana bienes físicos con la protesta, pero si cierto margen de negociación para impedir que nuevos ritos sean registrados como legales, así como evitar que el Sistema de Administración Tributaria (SAT) intervenga cuentas y los obligue a pagar impuestos tal como se anunció a principios del año pasado.

Sin importar la óptica elegida para analizar el tema, lo que nos encontramos es una iglesia católica mexicana como institución atávica, conservadora y a la que poco le interesa lo que ocurra con sus fieles y México en general. Está el interés de su cúpula primero, antes que el de la mayoría.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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