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La Casa Blanca 'dice' que el TLCAN está por encima de Trump

01/09/2017 8:00 AM CDT | Actualizado 01/09/2017 12:53 PM CDT

John Moore via Getty Images
Camiones de carga en la frontera entre México y Estados Unidos, el 11 de mayo de 2017.

Del 1 al 5 de septiembre se lleva a cabo en México la segunda ronda de negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, teniendo como principal objetivo para los mexicanos la no ruptura del acuerdo comercial a pesar de las amenazas de Donald Trump de abandono hechas desde hace varios meses atrás.

Ante la dificultad para Canadá y México de tener que enfrentar a un presidente de Estados Unidos contrario a mantener un tratado de comercio libre en la región, es necesario analizar el tema no desde la perspectiva diplomática-comercial, sino meramente comercial, es decir, desde el punto de vista de las grandes firmas de la región y la influencia que tienen sobre los políticos de cada una de las tres naciones participantes.

Para ejemplificar lo anterior, debemos observar al Estado mexicano, canadiense y estadounidense como un interlocutor de sus grandes marcas comerciales en el mundo; dicha interlocución está enfocada a favorecer a las firmas en la reducción de costos de producción, una mejor distribución de las mercancías de forma regional e internacional, así como canalizar de la mejor manera la mano de obra a los sectores donde se necesita de forma urgente.

Los grandes capitales son los en algún momento tienen tal poder de influencia que buena parte de las decisiones de política pública pasa por ellos.

La mencionada estrategia de interlocución está dentro de una lógica de incrementar las ganancias privadas por encima de cuestiones migratorias o xenófobas. Las empresas, sin importar si la mano de obra es legal o ilegal, tienen como principal objetivo la supervivencia y ganar espacio en nuevos mercados que faciliten la mejora en los ingresos. Por lo que el discurso Trump choca con los intereses de los hombres de negocios de América del Norte y de buena parte del mundo.

Para darle solidez a lo escrito hasta el momento, señalaremos el trabajo del historiador británico Eric Hobsbawm, quien apunta en Industria e imperio y La era del imperio (1875-1914), la forma en cómo los grandes capitales empiezan a darle forma a una nación a través del trabajo y su división de la misma. A tal grado de que son ellos quienes en algún momento tienen tal poder de influencia que buena parte de las decisiones de política pública pasa por ellos.

Aunque el caso mencionado por Hobsbawm se remonta al siglo pasado, no se debe perder de vista, ya que las grandes firmas de Estados Unidos son marcas que se vienen consolidando desde 1930 y que están altamente vinculadas a las decisiones que Estados Unidos toma en materia comercial y política, tal como señala Henry Kissinger en Diplomacia.

Debemos observar al Estado mexicano, canadiense y estadounidense como un interlocutor de sus grandes marcas comerciales en el mundo.

En el texto mencionado en el párrafo anterior, Kissinger relata el encuentro entre José López Portillo y Jimmy Carter en México en donde, después de un acuerdo privado entre ellos en temas energéticos, al día siguiente Carter explica que dicho acuerdo no se podrá cumplir, porque la Casa Blanca decía otra cosa. Al final la Casa Blanca no es solo la figura presidencial, sino un conglomerado de firmas que buscan imponer y mantener intereses privados, tal como señala Kissinger.

Esas mismas firmas estadounidenses han visto en México un punto en el cual se puede manufacturar con mano de obra medianamente calificada a un bajo costo, así como un espacio geográfico que permite comerciar con Asía y Europa con relativa facilidad.

Si nos colocamos del lado mexicano, los proyectos carreteros, de puertos y el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México son parte de esa infraestructura que le da vitalidad al Tratado de Libre Comercio y que era exigida no solo por las firmas mexicanas, sino también por las de Estados Unidos, ya que eso vuelve más fácil el tránsito de insumos y mercancías en la región y a nivel internacional.

Las empresas, sin importar si la mano de obra es legal o ilegal, tienen como principal objetivo la supervivencia y ganar espacio en nuevos mercados que faciliten la mejora en los ingresos.

La evidencia empírica del siglo XX y lo que va del XXI nos hace pensar en que el Tratado de Libre Comercio es una figura legal que llegó para quedarse de forma permanente en la región, pero que, como todo marco normativo, necesita actualizarse a la manera en cómo está interactuando la sociedad.

Hoy la sociedad está comerciando y siendo empleada de forma electrónica, sin que exista un espacio físico de por medio; hoy la sociedad está interactuando de forma virtual entre sí; hoy la sociedad mexicana y canadiense está pensando en términos de dólares estadounidenses, a pesar de que sigue pagando en moneda local.

Todos esos nuevos elementos que no existían a principios de la década de los noventa, son una parte importante que motiva una renegociación del acuerdo comercial, la cual se da bajo el pretexto de Estados Unidos como nación menos favorecida.

Por todas esas razones, hoy es necesario ajustar las reglas de comercio en la región, sin perder de vista que es el capital el que, a través del Estado, está negociando. Por lo que las amenazas de Trump no son más que eso, las cuales mientras no encuentren eco en las firmas de Estados Unidos no pondrán en riesgo la continuidad del bloque económico entre los tres países de América del Norte.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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