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Caso Duarte: así opera el Estado mexicano ante la corrupción

16/04/2017 6:00 PM CDT | Actualizado 16/04/2017 9:31 PM CDT
JOHAN ORDONEZ via Getty Images
Javier Duarte, al ser detenido en Guatemala.

El sábado 15 de abril por la noche fue detenido en Guatemala el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien tendrá que hacer frente a diversas demandas en México por peculado, enriquecimiento ilícito y delincuencia organizada.

La parte referente al juicio que Duarte siga, su conclusión y posible recuperación de bienes para devolverlos al estado de Veracruz, será tema de toda la prensa en las siguientes semanas. De momento, por la información existente, lo que se puede realizar es un análisis de cómo el Estado mexicano actúa ante escenarios de corrupción y sus señalamientos.

El Estado en México y sus instituciones poco hacen para darle seguimiento a personajes de todos los partidos políticos cuando son acusados de un ilícito, ya que han permitido que figuras tanto del Partido de la Revolución Democrática (PRD), de Acción Nacional (PAN) y del Revolucionario Institucional (PRI) sigan en libertad y sin un juicio en su contra o simplemente prófugos, cuando la prensa ha señalado en qué ramos han fallado o cuándo se han levantado denuncias penales en su contra.

El Estado en México y sus instituciones poco hacen para darle seguimiento a personajes de todos los partidos políticos cuando son acusados de un ilícito.

La inacción de los órganos de justicia en México ha llevado a que el nivel de debate de la clase política sea por señalar qué grupo es más corrupto que otro, es decir, "mi gobernador o diputado o senador robó, pero en menor cantidad que el tuyo". Sin lugar a dudas, caer en ese nivel de debate, aleja a los electores de un intercambio de ideas que permitan corregir problemas estructurales del país.

Esa misma inacción de los órganos del Estado provoca un escenario de desconfianza natural entre la población mexicana. Ya que en su momento no se hizo nada por investigar a pesar de los señalamientos y justo a la mitad de un proceso electoral complicado para el PRI, el enemigo público número uno del país encarnado en la figura de Javier Duarte, aparece detenido.

Como ejemplo de lo escrito en el párrafo anterior, el PRI seguramente intentará aprovechar el factor mediático que significa la captura del ex gobernador de Veracruz, ya que ese será un tema de campaña en el Estado de México por parte de Alfredo del Mazo, quien afirmará que su partido no da cabida a corruptos y persigue a quien falla a la ley y al país.

Esa misma inacción de los órganos del Estado provoca un escenario de desconfianza natural entre la población mexicana.

Nadie en un país civilizado debe presumir la captura de un delincuente, ya que la obligación del Estado y sus instituciones es procurar la justicia y prevenir situaciones como la ocurrida con Duarte, ya que esa prevención puede salvar vidas a través de la seguridad social o una policía entrenada. Además de que evita los escenarios de sospecha entre la población.

En su momento, el Estado mexicano y sus partidos políticos no han tenido los suficientes controles de seguridad interna para permitir que no solo Javier Duarte, sino otras personas como César Duarte, Guillermo Padrés o Roberto Borge llegaran a altos mandos, ejerciendo actos de corrupción a la vista de todos. Ya que la constante de la mayoría de la clase política en México es obtener el poder como un fin de beneficio personal o de grupo.

Al día de hoy, ningún partido político se arriesgaría a colocar a una persona altamente capaz para resolver problemas como la inseguridad, desigualdad de ingreso, educación o falta de agua, ya que eso significaría perder la posición frente a un candidato incapaz, pero popular entre los electores. Lo que muestra el claro desinterés de la clase política del país hacia la nación.

Mientras el Estado mexicano y sus instituciones sigan permitiendo un modelo de sospecha entre los electores al actuar legalmente solo en periodos electorales, pero no de forma preventiva; mientras la forma de trabajo al interior de los partidos políticos sea llevar figuras populares, pero poco capaces para planear soluciones, el caso Javier Duarte se seguirá repitiendo sexenio a sexenio. Con la desventaja que en algunos ejemplos ni siquiera podrán capturar a los delincuentes o recuperar parte de los bienes robados.

Si el Estado mexicano sigue actuando de esa forma, también continuarán los estímulos para que otros gobernadores actúen de la misma manera. Ya que al final y como parte de esa sospecha que tiene México en general, no sabemos con precisión si Duarte al interior de la cárcel en caso de ser encontrado culpable, tenga beneficios por sobre el resto de la población penitenciaria como ocurre habitualmente. Además de la vida que tendrá de hoy en adelante su familia, ya que en lo económico será mejor que si nunca hubiera sido gobernador.

Sin lugar a dudas, las señales que manda el Estado son negativas tanto en lo electoral como en la confianza generada entre la población.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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