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El grito de Nueva York a México: "¡No están solos!"

29/09/2017 2:00 PM CDT | Actualizado 29/09/2017 5:21 PM CDT

Nacho Doce / Reuters

"¡Acaba de temblar en México, al parecer fue muy fuerte!". "¡Ay, Dios mío!" La noticia corrió como pólvora, de las calles de Sunset Park en Brooklyn hasta las cocinas económicas de Corona en Queens, pasando por los comercios de productos poblanos de Passaic en Nueva Jersey y las escuelas públicas del Harlem Hispano en Manhattan. Eran pasadas las dos de la tarde del martes 19 de septiembre y en el Nueva York mexicano los espíritus y los corazones se resquebrajaban ante la impotencia de la desgracia a la distancia.

Apenas se recuperaba el aliento tras la tragedia que el día 7 consumió tantas vidas y destruyó el futuro de muchas más en el Istmo de Tehuantepec y en los Altos de Chiapas. Una semana alargada que a la creciente comunidad oaxaqueña afincada en la Costa Este de los Estados Unidos supo a una eternidad. Dos veces el mismo mes, dos días separados por tres décadas; un dolor angustiante punzando en la boca del estómago de todos aquellos separados por una frontera, pero unidos siempre por la misma pena.

La incredulidad ante lo inexplicable, la ansiedad frente a la falta de noticias de amigos y familiares, la vulnerabilidad ensanchada por el desastre. Poco a poco, entre lágrimas contenidas y abrazos no dados, la misma solidaridad que inundó las calles de la ciudad de México y de los municipios de la mixteca poblana y las poblaciones rurales de Morelos, se apoderó de Nueva York. Las noticias sobre aquellos que quedaron atrapados, primos, tíos, amigos, entre los escombros de Calzada de Tlalpan y la calle de Ámsterdam, llegaron tan rápido como las solicitudes y los ofrecimientos de ayuda.

En el Nueva York mexicano los espíritus y los corazones se resquebrajaban ante la impotencia de la desgracia a la distancia.

Los más de un millón de mexicanos del área Triestatal se desbordaron en manos, víveres y voluntades por poner su granito de arena. Los bodegueros y transportistas de Nueva Jersey se ofrecieron a almacenar y transportar las más de cincuenta toneladas de ayuda que en cuestión de horas se acumularon. Los centros comunitarios y las iglesias del Bronx albergaron a un ejército de voluntarios que recibió, clasificó y embaló las latas de comida, los pañales, las mantas y las casas de campaña.

Los jóvenes estudiantes y los exitosos miembros de la diáspora calificada lanzaron al momento sendas campañas de recaudación de fondos en restaurantes, bares, salas de concierto y museos destinados a la Cruz Roja Mexicana y al grupo de rescatistas de Los Topos. Los grupos de baile folclórico y los payasos agremiados organizaron boteos improvisados en Times Square y en Central Park. Los postes de luz de todo Manhattan amanecieron al día siguiente con hojas informando cómo y dónde se podía como neoyorquino ayudar a México en este crítico momento.

Toda la ciudad se cimbró, con la misma imbatible fuerza que sacudió a nuestro país y todos los mexicanos neoyorquinos se unieron en una sola e imparable voluntad de hacer lo propio, con el mismo ahínco, compromiso y pasión que los chilangos, morelenses y poblano. Sin importar los miles de kilómetros de distancia ni la frontera que el temblor también, en ese fatídico día, derribó.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.