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Bad hombres vs Hola compadres

El español ha logrado posicionarse en la dialéctica electoral estadounidense como nunca antes.

31/10/2016 8:38 AM CST | Actualizado 31/10/2016 12:43 PM CST
Ethan Miller/Getty Images
Un letrero en español afuera de un centro de votación temprana en Las Vegas, Nevada.

A escasos días de celebrarse el punto culmen de lo que podría definirse como la contienda más competida en la historia política reciente de los Estados Unidos, el resultado final, entre las opciones demócrata y republicana, es aún incierto. Aunque el ganador resulta evidente: el idioma español.

Indistintamente de quien se alce con el triunfo en las elecciones presidenciales del próximo ocho de noviembre en la Unión Americana, los últimos dieciocho meses de álgido debate político dan como victorioso unánime al lenguaje de Cervantes, Paz, Rulfo, Fuentes y Unamuno. El español, con acento mexicano, se erige como el gran vencedor y, prácticamente, como único elemento omnipresente en la narrativa electorera.

Ya sea a través de las referencias a los tacos y al guacamole, a los migrantes, a México, a la herencia latina, al voto hispano o a los "malos hombres", el español ha logrado posicionarse en la dialéctica electoral estadounidense como nunca antes; en lo que constituye un fiel reflejo de la creciente importancia de la población hispanohablante del gigante norteamericano.

El español tiene una fuerza indiscutible en los Estados Unidos, como idioma, como símbolo de identidad, e incluso como bandera política.

Más allá de los treinta y cinco millones de mexicanos que viven en los Estados Unidos, se cuentan otros tantos millones de puertorriqueños, dominicanos, guatemaltecos, hondureños, colombianos, salvadoreños, peruanos, ecuatorianos, cubanos, argentinos, españoles, uruguayos, bolivianos, chilenos, venezolanos, costarricenses, nicaragüenses, panameños y paraguayos, entre los que día con día dan al español un mayor impulso en los cuatro puntos cardinales de la geografía americana.

Es el hecho de que en los Estados Unidos el español se posicione como segunda lengua cada vez de manera más fehaciente, lo que subraya que el nuestro sea un idioma con uno de los potenciales más importantes en el siglo XXI.

El español tiene los Estados Unidos su presente pero también su futuro. Los quinientos millones de hablantes del castellano, su estatus como idioma oficial de Naciones Unidas y su presencia en una treintena de países en los cinco continentes, de la Guinea Ecuatorial a Andorra y de las Filipinas a Tejas, pasando por Guam, hacen del nuestro uno de los idiomas con mayor peso en el orbe. Sin embargo, es el hecho de que en los Estados Unidos el español se posicione como segunda lengua cada vez de manera más fehaciente, lo que subraya que el nuestro sea un idioma con uno de los potenciales más importantes en el siglo XXI.

El español como lengua de negocios, científica, intelectual, literaria, legal, médica y de entretenimiento es hoy una realidad gracias al impresionante crecimiento en su número de hablantes en los Estados Unidos a lo largo del último medio siglo. Prueba indiscutible de ello es el uso cada vez más frecuente que de él hacen, aunque sea a través de palabras sueltas, los políticos más en boga en prácticamente todos los Estados de la Unión, empezando por ambos candidatos presidenciales.

También lo es el hecho de que todos los principales conglomerados mediáticos, sean electrónicos o impresos, hayan lanzado en el lapso de la última década ediciones completas en castellano, del New York Times a Fox News. O el hecho de que los servicios de atención al cliente de prácticamente cualquier empresa mediana o grande, sea del sector financiero o del sector de telecomunicaciones, ofrezcan la posibilidad de ser atendido en la lengua que hablaban Cortés y Pizarro.

El español tiene una fuerza indiscutible en los Estados Unidos, como idioma, como símbolo de identidad, e incluso como bandera política. Tal cual lo han hecho sentir el señor Trump y la señora Clinton. Por ello que en la batalla electoral, el campeón irredento sea nuestro romántico y cadencioso idioma, el de la ñ y el de la x.

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