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La defensa de nuestra tierra y bienes naturales no es una lucha temporal

26/07/2017 3:00 PM CDT | Actualizado 26/07/2017 7:59 PM CDT

Cortesía Prodesc
"Yo defiendo la tierra que nos pertenece desde la infancia".

Me llamo Daniel Pacheco. Soy el presidente ejidal de La Sierrita de Galeana, un núcleo agrario ubicado en el municipio de Tlahualilo, en Durango. Tengo 53 años, soy padre de familia y defiendo —junto con toda una comunidad— nuestro Ejido La Sierrita.

Mujeres y hombres protegemos, desde hace casi 10 años, nuestra tierra y bienes naturales ante las violaciones a los derechos humanos que comete la minera canadiense Excellon de México, una empresa trasnacional que se beneficia en nuestro país con ganancias millonarias por la extracción de plata, plomo y zinc, pero que se niega a pagar la renta a las y los dueños de esta tierra y a mitigar los daños que causan sus actividades.

Yo defiendo la tierra que nos pertenece desde la infancia. Nací en Tlahualilo. Mi padre, quien formó parte del primer comisariado de este núcleo agrario, me enseñó a valorar la tierra comunal. Aquí, en el ejido, estudié la secundaria y me formé en compañía de quienes lo habitan: la mayoría personas que tuvieron poco acceso a la educación, escasas fuentes de empleo, con jóvenes que migran a Ciudad Juárez y muchas personas adultas mayores que aquí se quedan. Este es un lugar de tierra árida, sin clínicas médicas ni transporte público después de las 8 de la noche.

La defensa que emprendimos por nuestra tierra y bienes naturales no es temporal ni pasajera, esto con el tiempo se convirtió ya en un proyecto de vida.

Las primeras pinceladas de esta historia las tracé en Guerrero. Ahí llegué en la adolescencia para estudiar en la universidad autónoma del estado. Viví en una casa de estudiantes en Chilpancingo donde nos organizábamos para compartir la comida y el dinero que nos enviaban las familias. Ahí participé en grupos estudiantiles y en la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria.

Me apasionó el arte. Desde hace años soy pintor y escultor. Estuve becado un año y ayudé a fundar una escuela de artes plásticas en Guerrero, donde enseñé a niñas y niños a pintar y hacer esculturas para enfrentar la pobreza. Me fui por un tiempo a comunidades indígenas de Nayarit. Después me regresé a Guerrero a trabajar en la Secretaría de gobierno para asuntos agrarios, donde conocí de cerca varios procesos de defensa de la tierra y el territorio.

Regresé a La Sierrita en 2008, cuando la mina La Platosa de Excellon ya había llegado. Se instaló en nuestras tierras en 2007 tras firmar un contrato con La Sierrita a cambio de mejorar la calidad de vida, los servicios públicos y las oportunidades de empleo. No obstante, Excellon intentó ocupar más hectáreas durante 30 años y sin pagar.

Regresé para apoyar el proceso de exigencia de derechos que decidió encabezar la población del ejido, pero descubrí una Sierrita de alta marginación. La población quería aprender a leer y escribir. Yo mismo di clases a tres señoras que me lo pidieron.

Con el apoyo del Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDESC A.C.) —que nos acompaña de manera integral desde entonces— logramos organizarnos más como núcleo agrario. En 2008 conseguimos que se hiciera un nuevo contrato con cláusulas económicas, sociales y medioambientales que puso La Sierrita para mitigar los daños que causaría la extracción del mineral en el ejido. En este se acordó que la empresa instalaría una planta tratadora de agua, abriría un fondo económico de apoyo, plantaría flora endémica, otorgaría becas, daría empleos a la población y concesionaría servicios al ejido.

Un año después, Excellon se negó a darnos agua y se la vendió a pequeños propietarios. Pese a nuestros esfuerzos para comprar maquinaria, se nos negó la concesión de servicios para la empresa, que al final incumplió el resto del contrato.

En 2012 hicimos una manifestación pacífica afuera de la mina para que la empresa cumpliera, pero diferentes agentes del Estado y Excellon nos reprimieron: quemaron las casas, mandaron golpeadores, llegó el ejército y quisieron intimidarnos. Luego de esto, la asamblea general del ejido decidió interponer una demanda de rescisión del contrato, lo que ha representado un largo camino de defensa legal que continúa vigente.

Esta trayectoria de defensa ha implicado para mí algo más que la recuperación de las tierras.

La Sierrita no se rinde. Siempre hemos buscado propuestas de defensa que no expongan a la gente, ya que esto ha implicado muchos riesgos. Hemos sido difamados y amenazados. Llegaron a decirme que me iban a matar por no dejar que las cosas avanzaran. Durante un tiempo unas camionetas se paraban frente a mi casa y tomaban fotos, y cada vez que el proceso legal avanza recrudecen los incidentes. El riesgo también cae sobre nuestras familias.

Esta trayectoria de defensa ha implicado para mí algo más que la recuperación de las tierras, ya que ante las omisiones de las autoridades para atender las demandas de esta población el comisariado ejidal —con el apoyo de ProDESC— ayuda a la comunidad para gestionar apoyos de gobierno. También hemos empujado la mejora de servicios públicos, como la instalación de energía eléctrica.

En 2012 llevamos a cabo un reordenamiento comunitario que consistió en un inventario de bienes naturales y humanos, hicimos un salón completo para la telesecundaria, seguimos trabajando para reparar los baños de la primaria, impulsamos un taller de carpintería y uno de costura, montamos un vivero, construimos la bodega del salón de juntas y hasta una casa albergue.

En meses pasados el Tribunal Unitario Agrario dictó una sentencia en el caso. Esta ordenó una sanción económica igual para el Ejido y la empresa, no reconoció ninguna violación a los derechos humanos ni ordenó el pago de las rentas vencidas. Por eso decidimos interponer un amparo ante el Segundo Tribunal Colegiado en Materia Penal y Administrativa en Torreón, Coahuila, y estamos en la espera de su resolución.

Ahora, tras casi una década, entendimos que la defensa que emprendimos por nuestra tierra y bienes naturales no es temporal ni pasajera, esto con el tiempo se convirtió ya en un proyecto de vida.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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