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Para avanzar en la igualdad no solo hay que cambiar leyes

21/11/2016 6:00 AM CST | Actualizado 21/11/2016 7:43 AM CST
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"Hay que acercar posturas; escuchar a quienes están del lado opuesto y compartir ideas, no a partir de juicios y adjetivos, sino de forma sustantiva".

Seguir la sesión de comisiones en la que se desechó la iniciativa para reconocer el matrimonio igualitario en nuestra Constitución fue penoso.

Después de meses de guardarla en la congeladora, las y los diputados organizaron una sesión exprés para discutir el tema superficialmente y votar mayoritariamente en contra. Lo hicieron en lo oscurito, aprovechando que todos los reflectores estaban en el resultado de la elección en Estados Unidos; y peor aún, lo hicieron sin preparación alguna, leyendo argumentos simplistas que sus asesores les habían puesto en tarjetas, pero que evidentemente desconocían. El resultado duele, pero duele más que haya sido producto de un debate tan pobre.

La pregunta ahora es qué sigue y ante ella debemos tener mucha claridad.

Primero, porque la derrota de la iniciativa presidencial de ninguna manera significa que el matrimonio igualitario deje de tener vigencia. En los 10 estados donde ya se le reconocía, las y los mexicanos pueden seguir casándose sin restricciones; y donde aún no existenlas reformas legislativas que la Suprema Corte de Justicia mandató en la tesis jurisprudencial 43/2015, basta un amparo para hacer valer este derecho universal.

Y segundo, porque el riesgo mayor no era solamente que se le votara en contra; la amenaza más grande a la igualdad y a la no discriminación está en las iniciativas que impulsan organizaciones de extrema derecha pretendiendo redefinir a la familia de forma rígida y heteronormativa.

De modo que el camino sigue y hay mucho por hacer. En específico, estos son cinco puntos donde podemos empezar de inmediato:

Primero, en cambiar el encuadre de dividir por uno de sumar. Hasta ahora, el debate se ha dado a manera de confrontación. Iglesia versus activistas; conservadores versus progresistas. Mientras ello ocurra así, seguirá siendo un juego de suma cero en el que –desafortunadamente- no somos mayoría.

Por el contrario, hay que acercar posturas; escuchar a quienes están del lado opuesto y compartir ideas, no a partir de juicios y adjetivos, sino de forma sustantiva.

Segundo, hay que ir a los congresos locales. Lograr el cambio constitucional hubiera sido un lujo, pero no era la reforma más importante. De haberse logrado, de todas maneras, hubiera exigido una ratificación de los congresos locales para cobrar validez. En cambio, si logramos que se modifiquen las leyes de los 22 estados faltantes, estaremos marcando diferencias inmediatas en la vida de millones de personas.

Hay que ir a los congresos, no solo a manifestarnos sino a dialogar. A exigir, pero también a brindar argumentos. Tenemos que demostrar a las y los políticos que sí existe un rédito de actuar a favor de la inclusión.

Tercero, hay que usar el voto de castigo. La democracia solo funciona si hay rendición de cuentas, y esta solamente se da cuando la ciudadanía tiene memoria al votar. Las y los diputados que votaron en contra del matrimonio igualitario saldrán a pedir nuestro voto cuando quieran ser _______________ (inserte ambición política aquí). Mientras no cueste discriminar, será muy fácil seguirlo haciendo.

Cuarto, organicémonos como sociedad civil. El éxito del NO estuvo en la capacidad que tuvo la ultra derecha para desplegarse, marchar, mal informar, mentir, chantajear y persuadir. Hoy más que nunca, es importante que aprendamos de este paso atrás y hagamos lo propio, pero en positivo. En la lucha por la igualdad no caben egos ni vanidades; eso solamente nos limita.

Existen excelentes propuestas como MoviiMx y la campaña #SíAcepto, que nacieron de activistas que creen en la causa y que hoy siguen trabajando para avanzar. Es momento de sumarnos a ellas y apoyar.

Y quinto, hay que ir a las causas. Avanzar en la igualdad no solo está en cambiar leyes. Mientras siga habiendo discriminación y violencia en las escuelas, oficinas, espacios públicos y hogares, seguiremos perdiendo, aunque ganemos. Cada quién puede poner su parte; todas y todos, debemos hacer lo que nos corresponde.

La semana pasada se dio un paso atrás, pero el camino sigue estando claro y avanzamos en un solo sentido. Sí, para que el matrimonio igualitario prospere. Pero, sobre todo, para que México pueda decir con orgullo, que es un país donde todas y todos somos verdaderamente iguales, ante la ley y en la realidad.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.