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Lo siento Norberto, pero no acepto su disculpa

03/11/2016 6:05 AM CST | Actualizado 26/07/2017 1:09 PM CDT
MOISɉS PABLO /CUARTOSCURO.COM

Hace unos días Norberto Rivera pidió perdón a las personas homosexuales por "haber utilizado palabras que no son adecuadas" para referirse a ellas.

¿A qué palabras se refiere señor Rivera? ¿A las que se publicaron en el semanario Desde la Fe el 26 de junio diciendo que la homosexualidad no es una forma de vida madura ni equilibrada? ¿A la del 19 de julio diciendo que los homosexuales tenemos una adicción al sexo? ¿O a las que aparecieron el 31 de julio, diciendo que la homosexualidad es una desviación?

Claro que también están sus múltiples aseveraciones que ha hecho desde la Catedral Metropolitana, sus entrevistas banqueteras para oponerse a la iniciativa del presidente sobre matrimonio igualitario y los muchos otros esfuerzos que cientos de sacerdotes de la institución que preside, han hecho alrededor del país —curiosamente con un particular énfasis en entidades donde habría elecciones— para desprestigiar a quienes no comulgan con sus valores.

Sean cuales sean, me temo que no puedo aceptar sus disculpas señor Rivera. Para usar una expresión que usted bien conoce, no acepto que se lave las manos.

El Estado Mexicano no le pertenece a las mayorías, es de todas y de todos.

No acepto su disculpa, porque como 8 de cada 10 personas que nacen en México, yo crecí en el seno de una familia católica. Fui a misa cada domingo; escuché sermones que condenaban mi forma de sentir, pensar y de ser. Precisamente por ello entiendo el poder que puede tener —para bien o para mal— la palabra que sale de la boca de quien viste una sotana. Y lo que usted ha dicho, se escucha en muchos hogares... demasiados hogares quizás.

No la acepto, porque lo que hizo fue utilizar la palabra de Dios para difundir odio, mentiras y discriminación; y eso, señor Rivera, no es digno de los valores católicos que dice profesar.

Pero no me toca a mí juzgar su falta de congruencia. Lo que sí me toca, es apuntar la forma en que despuntó la violencia hacia personas LGBT en el marco de sus mentiras. Muy en particular, me toca referirme a las mujeres trans que en las últimas semanas han perdido la vida en manos de personas que no supieron tolerar la diversidad, ni aceptar que el mundo no solo es azul y rosa.

Y tampoco acepto su disculpa porque como ciudadano de este país creo en los valores que, a través de décadas y décadas, han logrado enraizarse en nuestras instituciones civiles; y uno muy importante de ellos es el de la laicidad. El Estado Mexicano no le pertenece a las mayorías; es de todas y de todos. Y precisamente por eso, no debe tolerarse que ninguna Iglesia, aprovechando su capacidad de movilización, busque influenciar las decisiones públicas.

De modo que le agradezco el gesto, señor Rivera, pero no puedo sino dudar de sus intenciones y de sus razones para pedir perdón; más aún cuando coinciden con la llegada del nuevo embajador del Vaticano a México, un nuncio que no podría estar más alejado de su visión, y que deja en claro que el de usted es un poder que poco a poco se va extinguiendo.

Si en algo se equivoca mi lectura, le ofrezco una disculpa.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.