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Lo que le falló a López Obrador

06/06/2017 5:00 AM CDT | Actualizado 06/06/2017 9:07 AM CDT

Christopher Goodney/Bloomberg via Getty Images
Andrés Manuel López Obrador el 14 de marzo de 2017 durante su visita a Nueva York.

La elección de este fin de semana dejó tres conclusiones: primera, que el PRI no puede ser descontado como contendiente en la elección del 2018. Segundo, que Margarita Zavala está lejos de ser la candidata única del PAN a la presidencia de la República; y por último, que si López Obrador no quiere pasar a la historia como el eterno aspirante —tal como su antecesor, Cárdenas— no basta con ser un candidato populista: debe también ser un candidato de izquierda.

Me parece que las primeras dos son muy evidentes. Una, porque este proceso volvió a dejar clara la relevancia que, más allá de campañas y candidatos, tiene el aparato gubernamental en impulsar el voto en nuestro país. Y la otra, porque los números positivos del PAN fortalecen a su presidente nacional, quien no perderá ocasión para volver a poner su nombre en la boleta del próximo año.

Pero centrémonos en la tercera: ¿qué le falló a López Obrador en el Estado de México?

Andrés Manuel López Obrador no puede ser Morena.

Le falló, antes que nada, querer ser él, el candidato. Delfina bien pudo haber traído una banda tricolor amarrada a la frente como lo hizo Juanito en su momento. No se trataba de ella: López Obrador nunca quiso elegir a una candidata con voz y carisma propios. Lo importante, para él, era que el Estado de México fuera una plataforma rumbo al 2018; quería medir músculos con el PRI y olvidó que antes que ganar, hay que ser partido; y para ser partido, hay que institucionalizar el poder; compartir; soltar; ceder.

Quizás en 2006, el carisma y el desafuero de López Obrador fueron suficientes para creer que era posible cargar en sus hombros a la izquierda entera. Once años después, la realidad es otra. Así como Louis XIV no era el Estado, Andrés Manuel López Obrador no puede ser Morena.

Le falló su discurso desgastado de "la mafia del poder". Porque es cierto: desde 1999 no se sentía tanta animadversión en México por la política. La violencia, la corrupción y la impunidad de las que tanto habla AMLO han degradado a la democracia y han corroído al tejido social. Pero es cierto, también, que cada vez son más los votantes que ya no ven en López Obrador los diferenciadores que le separan de esa "mafia".

Andrés Manuel, después de 14 años de estar en campaña, se ha acoplado en el imaginario colectivo al estatus quo. Las líneas delgadas se empiezan a cruzar: entre la determinación por seguir y la obsesión por ganar; entre la firmeza para no ceder, y la obstinación por no dejar; y entre el enaltecimiento de algunos valores por perseguir y la soberbia de creerse portador único de la verdad.

A Andrés Manuel López Obrador le pusieron en frente un caramelo: el presidente con la menor aprobación popular en décadas. Y prefirió no tocarlo.

En tercer lugar, le falló perdonar. López Obrador ha pasado años recorriendo el país con una misma agenda: colocarse como el candidato que va a terminar con la corrupción. Pero este año, quiso suavizar su discurso: "no vamos a buscar venganza", respondió cuando le preguntaron si perseguiría a Peña Nieto por la Casa Blanca. "Vamos a dar amnistía porque lo que importa no es ver hacia atrás, sino construir hacia delante." ¿Para quién es el guiño de Andrés Manuel? ¿Qué mensaje pretende enviarle a quién, que tan caro le está costando? Porque le pusieron en frente un caramelo: el presidente con la menor aprobación popular en décadas. Y prefirió no tocarlo.

Y por último, a Andrés Manuel le falló olvidar a la izquierda. Dio por hecho una verdad que quizás le fue cierta hace diez años, cuando heredó al partido del ingeniero Cárdenas. Pero desde entonces, el movimiento lopezobradorista se ha sacudido de todo aquello que se parezca a la izquierda verdadera. La izquierda que cree —antes que nada— en la dignidad humana. La que defiende, sin ceder, el derecho a decidir en libertad. La izquierda que no solo aboga por las mujeres, sino que asume en su estructura, en sus principios y en cada una de sus acciones, la igualdad de género.

La izquierda que no es tibia para hablar del aborto, la que no es vaga para pronunciarse a favor del matrimonio igualitario, y la que no es pusilánime para exigir los derechos de las personas trans.

Se pregunta Andrés Manuel dónde quedaron los 2 puntos que le faltaron para gobernar el Estado de México. Están ahí, en los votantes que vieron al candidato del PRI ser abiertamente misógino y homofóbico, pero se quedaron esperando a que Morena tuviera el valor para defenderles.

Postdata. López Obrador falló, pero no es el único. También sus opositores se equivocaron, particularmente en seguir apuntando que el populismo es un peligro para México. En una sociedad tan dividida, lo que es un peligro para unos, es una esperanza para otros; a los unos, no hace falta convencerles. A los otros, no hay poder suficiente para persuadirles de que es mejor lo que ya conocen.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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