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Comprender el odio

Si algo podemos aprender de la victoria de Donald Trump en EU es que las personas y grupos radicales que promueven el odio no deben de ser subestimados.

18/11/2016 7:00 AM CST | Actualizado 02/12/2016 2:26 PM CST
DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM
Pregunta a toda la sociedad: "Qué discursos anacrónicos estamos repitiendo de forma ingenua y no nos hemos dado a la tarea de cuestionar?"

"¿Cómo nos recordarán nuestros nietos cuando vean a su alrededor los absurdos que ya se ven en Canadá, en Holanda, en Inglaterra, casos reales de gente casándose con delfines, con laptops? Con esta lamentable frase, la diputada del Partido Encuentro Social (PES) Norma Edith Martínez, argumentó, hace pocos días, contra el matrimonio igualitario en México.

(VIDEO: Las palabras de la diputada Norma Edith Martínez).

El comentario, como era esperado, generó respuestas de rechazo y burla en redes sociales. Pero, aunque parezca sorprendente, su postura no es nueva, sino un argumento bastante común entre los sectores religiosos de la ultraderecha. En 2014, el entonces obispo de la diócesis de Aguascalientes, José María de la Torre, afirmó que el matrimonio gay era "un experimento social peligrosísimo" y que "si por ahí vamos, el día de mañana se podrá casar un señor con un perrito". Años antes, se habían escuchado similares comentarios emitidos por políticos conservadores cuando se propuso legalizar el matrimonio homosexual en Argentina e, incluso, el partido republicano estadounidense apeló al mismo recurso para no permitirlo en su país.

Pareciera ridículo que, en pleno siglo XXI, existen personas que se atreven a emitir en voz alta una comparación entre el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y prácticas sexuales como la zoofilia. Pero, aunque absurdo, el origen de esos comentarios no es, de ninguna manera, azaroso. ¿De dónde viene el odio detrás de esta comparación?

En un país tan católico como el nuestro, no sorprende que diputadas como Edith Martínez sigan recurriendo a argumentos religiosos anacrónicos para tomar decisiones políticas.

Para comprenderlo, hay que regresar al significado bíblico de la palabra "sodomía", aquel delito del judaísmo por el cual el dios del antiguo testamento arrasó ciudades enteras. Para los antiguos judíos, cualquier forma de relación sexual sin fines reproductivos era pecado y, por esto, tuvieron que inventar términos para referirse a las diversas prácticas que pudieran atentar contra su ley. "Sodomía" reunía cómodamente varias de estas conductas, siendo la más conocida el coito anal entre hombres, aunque también se encontraban el sadomasoquismo, la necrofilia y (sorpresa) las relaciones sexuales con animales.

O sea que sí: para el judaísmo y sus derivados, como el cristianismo o el catolicismo, el sexo gay es equivalente a la zoofilia. Es esa obsesión por las prácticas sexuales de los demás una de las razones en las que se ancla el rechazo al matrimonio igualitario.Y en un país con historial católico tan abundante como el nuestro, no sorprende que diputadas como Edith Martínez sigan recurriendo a argumentos religiosos anacrónicos para tomar decisiones políticas, ignorando, nuevamente, que vivimos desde hace más de cien años en un Estado laico. Después de todo, ella es una de las principales promotoras de la "Iniciativa Ciudadana por la Familia y la Vida", impulsada por el grupo de ultraderecha católica, el Frente Nacional por la Familia.

Me parece importante señalar esto porque considero que sería un error limitarnos a tachar a la diputada y a sus simpatizantes de ignorantes. No podemos seguir omitiendo el hecho de que sus comentarios resuenan como completamente lógicos en ciertos sectores de la población y que, si algo podemos aprender de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, es que las personas y grupos radicales que promueven el odio no deben de ser subestimados y que hay que comprender (más no justificar) los orígenes, razones y raíces de su ideología política para poder hacerles frente.

¿Qué están haciendo las personas católicas o cristianas para detectar y combatir las posturas discriminatorias inherentes a su fe?

En el caso específico de la diputada Martínez, su animadversión tiene raíz en un catolicismo ortodoxo y muy arraigado en la ideología del conservadurismo nacional. Es decir: no solo hay que señalarla a ella, sino al pensamiento y pedagogía que están detrás y que permea, de alguna manera, a una buena parte de los que vivimos y crecimos en el país.

¿Qué están haciendo las personas católicas o cristianas para detectar y combatir las posturas discriminatorias inherentes a su fe? ¿Qué estamos haciendo los ateos o personas que suscribimos a otras doctrinas religiosas para generar un diálogo diverso en el que respetemos la dignidad y los derechos humanos de los demás? ¿Qué acciones podemos tomar para defender la laicidad del Estado? ¿Qué discursos anacrónicos estamos repitiendo de forma automática y no nos hemos dado a la tarea de cuestionar?

Como mencionó Carlos Brito: hay varios indicadores que señalan que la amenaza por el ascenso y conquista del poder de la ultraderecha, en México, es real. Y es una situación que no podemos tomar a la ligera. Los argumentos de las personas con discursos discriminatorios pueden resultarnos simplones y ridículos, sí, pero al minimizarlos, corremos un riesgo que no podemos seguir ignorando. No basta con señalar el absurdo: tenemos que preguntarnos de dónde viene, en qué se sustenta, cuáles son sus símbolos específicos.

Comprender el odio es aprender a combatirlo.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.