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3 lecciones de sexo que podemos aprender de 'Game of Thrones'

28/07/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 28/07/2017 1:29 PM CDT

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"El consentimiento, demuestran, es la llave que abre las puertas del placer compartido".

Sexo y dragones. Las dos palabras inmediatas para describir a Game of Thrones. Claro, la trama, producción y actuaciones ya le ganaron un lugar en el olimpo de las mejores series de la historia pero, en un inicio al menos, la serie se hizo popular, en gran medida, por sus escenas explícitas de sexo.

[Spoilers a continuación]

Siguiendo la tradición, el segundo capítulo de la séptima temporada de la serie nos presentó una escena que llevaba siendo anticipada desde hace varios meses: Grey Worm, el máximo soldado de la aspirante a reina, Daenerys Targaryen, tuvo relaciones sexuales con Missandei, principal asistente y traductora de Daenerys.

El encuentro fue tan romántico como inusual: por un lado, en una serie que ha sido fuertemente criticada por sus retratos de violencia sexual, resultó agradable ver, por fin, a dos de los personajes más queridos consumar con ternura un romance que llevaban sugiriendo desde hace tiempo. Por otro, se rompió un aspecto de la narrativa común que suelen tener las escenas de sexo:Grey Worm, al haber sido castrado desde niño, no podía tener coito,es decir: estaba incapacitado para tener relaciones sexuales con penetración pene-vagina.

Me explico: el universo sexual de Game of Thrones es diverso, y la serie nos ha presentado hombres y mujeres de distintas orientaciones sexuales. La bisexualidad de Oberyn Martell o la homosexualidad de Yara Greyjoy son algunos ejemplos de esto (aunque podría señalarse que, a excepción de Renly Baratheon con Loras Tyrell, el resto de las relaciones explícitas han sido heterosexuales). Sin embargo, hasta ahora, las escenas sexuales habían destacado por enfocarse en retratar exclusivamente el coito.

El coito está muy bien, pero no es ni la única práctica sexual existente ni lo único que se puede hacer en una relación sexual. Y cuando los medios de comunicación la toman como única representación de las relaciones sexuales, se refuerzan ciertos estereotipos (por ejemplo: que un hombre con genitales distintos a lo tradicional no puede tener sexualidad) y se pierde la posibilidad de visibilizar otras prácticas que pueden ser gozosas para nuestro cuerpo.

El coito está muy bien, pero no es ni la única práctica sexual existente ni lo único que se puede hacer en una relación sexual.

Es por eso que la escena entre Missandei y Grey Worm resulta tan fresca: al presentar a un personaje con un cuerpo diverso, el encuentro sexual se vuelve obligado a desviarse de su enfoque en la penetración para considerar otras posibilidades del placer.

Particularmente, hay tres aspectos de esta escena sexual que, me parece, son lecciones que podríamos aplicar a nuestra propia vida sexual y que, pienso, hacen del encuentro algo muy valioso:

Empatía

Todas las personas tenemos inseguridades. Y cuando hablamos de sexo, lo más seguro es que estas se disparen hacia el cielo. Grey Worm no es excepción: después de confesar que sus sentimientos por Missandei son su única debilidad emocional (un acto de vulnerabilidad notable por el hecho de que justo antes narra cómo su principal virtud como soldado es no sentir miedo) ella comienza a desvestirlo y él la detiene justo antes de que le quite el pantalón, diciéndole un "no" muy angustiado.

Ella para y le responde, "quiero verte, por favor", a lo que él responde asintiendo con la cabeza y se deja desvestir. Completamente desnudo y con el cuerpo tenso, Missandei lo contempla y, a los pocos segundos, comienza a besarlo con ternura en el rostro. Poco a poco, antes de que se acuesten en la cama, se puede ver que el cuerpo de él se relaja.

La pareja demuestra que la ternura y empatía posibilitan que las inseguridades sexuales se afronten de mejor manera en ambientes de amor, sanación y seguridad.

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Consentimiento

En todo momento, existen confirmaciones verbales y no verbales de consentimiento, tanto en Missandei como Grey Worm. Incluso cuando él le dice que "no", ella se detiene para expresar su deseo de continuar y solo lo hace hasta que él le responde que está bien. Posiblemente, si ella se hubiera aventado a quitarle el pantalón, él se hubiera sentido agredido y hubiera detenido el encuentro. En cambio, cuando ella manifiesta de forma empática el deseo de ver su cuerpo y se espera hasta recibir un "sí" verbal (al mismo tiempo que se arriesga a recibir un "no"), posibilita que Grey Worm se sienta en confianza de desnudarse ante ella y continuar con la relación.

El consentimiento, demuestran, es la llave que abre las puertas del placer compartido.

Sexualidad más allá de la penetración

Ante la circunstancia de no poder tener coito, él decide hacerle sexo oral a ella(práctica que ya se había representado una vez con Jon Snow e Ygritte), concluyendo la escena enfocándose en el gesto de placer de ella (algo, por cierto, notable en medio de tantas escenas donde el foco principal es el placer de los hombres).

Aquí, la enseñanza es simple. Los hombres heterosexuales habríamos de hacer caso al reclamo colectivo de que vivimos nuestra sexualidad de forma hipergenitalizada y autocentrada para intentar probar cosas nuevas: diversificar nuestras prácticas, probar cosas distintas a la penetración, hacer del sexo oral hacia ellas algo normal, en vez de una rareza. Como Missandei, estoy seguro que el mundo y nuestras parejas lo van a agradecer.

Las escenas sexuales de Game of Thrones no están carentes de defectos. Sin embargo, el encuentro entre Missandei y Grey Worm nos demuestra que, incluso en un mundo de guerra y dragones, la empatía, los cuidados, el consentimiento, la ternura y la diversidad de prácticas son posibles.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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