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#WomensMarch en Londres: izquierda y derecha, religiosos y ateos nos unimos ayer

22/01/2017 7:28 AM CST | Actualizado 22/01/2017 8:28 AM CST

Neil Hall / Reuters
Mujeres que participaron en la #WomensMarch de Londres mostraron el graffiti que pintaron en sus cuerpos. Esto en Trafalgar Square, en el centro de Londres, ayer 21 de enero 2017.

Junto a más de cien mil personas ayer tuve la suerte de poder asistir a la #womensmarch en Londres. Compartí las calles de la ciudad con miles y miles de mujeres y hombres agobiadas por las mismas causas que yo y dispuestas a salir y a pelear por el respeto a nuestros derechos más fundamentales, que hoy están amenazados no solo por el hombre naranja de la Casa Blanca, sino por líderes populistas en todo el mundo.

La protesta de ayer no solo sirvió para demostrar el inmenso número de personas preocupadas por las políticas machistas, racistas, xenófobas y homofóbicas de Trump y su vicepresidente Pence, si no como una celebración mundial entre aquellos que seguimos creyendo en la dignidad humana, la libertad y la igualdad.

En la marcha de ayer todos fueron bienvenidos. Con ambiente de fiesta y hermandad caminamos de la embajada de Estados Unidos a Trafalgar Square acompañados por DJs, coros y batucadas que no dejaron de sonar por las más de tres horas en las que estuvimos protestando. Nadie se quedó afuera. Izquierda y derecha, religiosos y ateos nos unimos ayer en contra de un discurso de odio e intolerancia que pensábamos habíamos derrotado hacía décadas. Alemanes con banderas de México, mujeres recordando a sus abuelas que pelearon por el derecho a votar y hasta una pancarta de la Virgen de Guadalupe, todos estuvimos ahí caminando juntos para construir un mundo más justo e igualitario.

Esa solidaridad femenina es algo que se tiene que construir y mantener día a día, rompiendo estereotipos y barreras que muchas veces nos son impuestas por otros.

Yo fui con mi marido y mis amigos, la gente junto a la que he llorado el Brexit, la elección de Trump, la situación política en México y en Francia. No podría haber un grupo más diverso: migrantes iraníes, sirios alawitas, estudiantes de Bangladesh, arqueólogas de Nottingham, musulmanes, judíos, cristianos y ateos decidimos cerrar los libros el sábado y solidarizarnos con nuestras amigas gringas que del otro lado del mundo estaban haciendo que su voz se escuchara.

La marcha fue una demostración inmensa de solidaridad femenina, de agotamiento por seguir teniendo que pelear por aquellos derechos que aún hoy no se nos garantizan a todas. Y esa solidaridad femenina es algo que se tiene que construir y mantener día a día, rompiendo estereotipos y barreras que muchas veces nos son impuestas por otros. Estudié la primaria en una escuela de niñas y para qué mentir, la pase fatal. Mi amplia frente fue causa de constantes burlas y mi torpeza jugando resorte me condenó a ser siempre la última que elegían para formar equipos.

Neil Hall / Reuters
Participantes en la #WomensMarch en la simbólica Trafalgar Square, ayer 21 de enero en Londres.

La verdad es que no me fue fácil superar las burlas infantiles, y me tardé mucho en lograr apreciar la importancia de tener mujeres a mi alrededor. Mi mamá constantemente me recalcaba lo fundamental que era tener compañía femenina y yo, necia, no escuchaba. Fue a lo mejor hasta la universidad que finalmente fui capaz de entender de qué hablaba mi mamá pues posiblemente los mejores momentos de mis veintes los pasé riendo en un café de Coyoacán con mis amigas.

Años de reflexión me han hecho darme cuenta que mis problemas poco tenían que ver con las mujeres a mi alrededor, sino con los estereotipos que nos impusieron desde pequeñas. Empezamos a competir por quién tenía la muñeca más bonita y para la secundaria nos peleábamos por el pelmazo que jugaba básquet y por quién bailaba mejor las canciones de Fey.

Muchos carteles en la marcha de ayer repetían "el lugar de las mujeres está en la resistencia" y yo añadiría "y la resistencia está en todas partes"

Gracias a las redes sociales, he podido descubrir que muchas de aquellas mujeres que fueron mi némesis en algún momento de mi vida, tienen mucho más en común de lo que pudimos observar cuando compartíamos tiempos y lugares. Fue esto lo que me hizo aprender que aun cuando estamos en distintas trincheras, todas enfrentamos las mismas batallas y los mismos enemigos y si no compartimos experiencias y estrategias nunca avanzaremos.

Muchos carteles en la marcha de ayer repetían "el lugar de las mujeres está en la resistencia" y yo añadiría "y la resistencia está en todas partes". Podemos resistir desde un salón de clases, desde una cocina, desde cualquier oficina. Nuestro granito de arena lo ponemos al tratar a nuestros alumnos, blancos, negros, hombres o mujeres de la misma manera, cuando defendemos a nuestra compañera de trabajo ante un jefe misógino y abusivo, cuando nuestra amiga nos cuenta que un hombre la acosa y no dudamos un segundo su historia.

También resistimos cuando elegimos carrera sin dejar que estereotipos nos limiten, cuando no nos torturamos con dietas estúpidas y decidimos poner nuestra salud primero. Cuando nos vestimos como nos da la gana y no juzgamos cómo se viste la otra, cuando verificamos la veracidad de los artículos que posteamos en Facebook.

En un mundo donde la libertad de expresión está amenazada, los derechos humanos de las mujeres, los migrantes, los refugiados y en general "los diferentes" penden de un hilo, solo nos tenemos el uno al otro. La marcha de ayer nos recordó que somos un montón, y que no vamos a tolerar que jodan a nuestra vecina.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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