EL BLOG

Las fiestas de la tía Susanita

09/10/2016 1:14 PM CDT | Actualizado 02/12/2016 2:26 PM CST

Karaidel
Granada, manzana y miel, comida tradicional de la celebración del año nuevo judío: Rosh Hashaná.

Nunca fueron escasos los momentos en que, en medio de una comida de domingo, mi mamá y sus hermanos decidían recordar aquel otro evento familiar que había marcado cierto momento de su vida.

Los detalles de la comida solían ir acompañados por un recuento de los comensales y un posterior desgrane de las vidas de los asistentes, que siempre iba de la mano de discusiones sobre la situación actual de los mencionados. De vez en cuando, entre aquellos recuerdos, surgían las historias de año nuevos y pascuas judías celebradas en compañía de distantes familiares, entre los que generalmente se encontraban la tía Susanita o la tía Dorita.

Yo no estuve presente en ninguna de aquellas históricas cenas y tan solo puedo reconstruir la memoria de estos eventos a través de los pedacitos de información que me daban mi mamá, mis tíos y mi abuela. Recuerdo vagamente a las dos tías mencionadas, pero por lo menos puedo ver la imagen de dos mujeres mayores, de un departamento con un columpio con flores artificiales y de una mesa llena de galletas y pasteles para acompañar el café.

Mis recuerdos pueden estar completamente equivocados, a lo mejor nunca hubo columpio de flores y las mujeres que yo recuerdo eran otras. Y es que en realidad el asunto de los parientes judíos nunca me interesó demasiado hasta que estuve en la prepa. Y sí, como muchas cosas en la vida, todo empezó porque el niño que me gustaba tenía cierta obsesión con Israel, ¿qué tenía ese lugar que no tuviera yo? Cuando terminamos el último año de la escuela me dejó para irse a sembrar naranjas a las orillas del desierto. Con el corazón roto y el orgullo lastimado, decidí ponerme a investigar de qué iba esto de ser judío y después de incontables películas del festival de cine de la Cineteca Nacional y clases de hebreo me di cuenta que efectivamente yo era parte de la tribu y la verdad es que no me molestaba.

Cuando llegué a Londres mi judaísmo literario se convirtió en culinario. Aquellas fiestas que solo eran leyendas en mi familia empezaron a cobrar vida en mi cocina y en la de mis amigos. Desde hornear el pan a bendecir las velas y dejar puertas abiertas adopté todas aquellas tradiciones que mi familia había dejado atrás y, sin embargo, un pedacito de mí siempre dudaba sobre la legitimidad de mis festejos.

Im so so proud pf my round challah!

A photo posted by Claudia (@piastrokitchen) on

Hace poco más de un año y después de un encuentro poco afortunado con una rabina, mi ansiedad de migrante se cobró lo mejor de mí. Un amigo tuvo a bien enviarme un mensaje que decía algo así: "¿algún plan para Janucá? Estoy buscando algo judío". No imaginaba que su mensaje desataría una tormenta de quejas y preguntas que terminaría en un "No te preocupes Claudia, ¿por qué no vienen a mi casa?" Acepté la invitación inmediatamente y como dictan los buenos modales le pregunté que debía llevar, a lo que contestó: "Solo trae algo judío, ya sabes, de Janucá".

¿Qué quería decir con lleva algo judío? ¿Latkes? ¿donas? Pasé por lo menos una semana consultando todos los recetarios judíos en mi librero, recetas en internet e incluso las sugerencias para fiestas judías de Martha Stewart. Termine friendo aceitunas, así es, aceitunas y a pesar del dudoso estatus judío del platillo, nadie dudo de mi judaísmo.

Yesterdays' pre Rosh Hashana dinner

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El fin de semana pasado y con motivo de año nuevo judío decidí hacer una cena que involucró más de ocho horas de preparación y un sinnúmero de platos que simbolizaban mis buenos deseos para el próximo año. Recibí halagos por mis proezas culinarias en persona y en Instagram y mi judía ansiosa interna quedo muy complacida. Como si un año de asistir a una sinagoga y la reiteración de varios rabinos sobre la legitimidad de mi identidad no fueran suficientes, mi madre, después de ver las fotos del acontecimiento culinario, finalmente dijo las palabras mágicas: "Tu mesa se parece a las de las fiestas de la tía Susanita y la tía Dorita".

Así que mi deseo para todos en este nuevo año no es solo que tengan un dulce año, sino que aprendamos a aceptar que digan lo que digan y en palabras de un buen rabino "tú eres exactamente lo que quieras ser y nadie puede decirte lo contrario". Así que feliz y dulce año tengan todos ustedes y que podamos ser y actuar como mejor nos convenga.