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A los héroes que nos dieron tortas

25/09/2017 1:00 PM CDT | Actualizado 25/09/2017 4:00 PM CDT

DIANA ULLOA/AFP/Getty Images)
Un grupo de voluntarios, que distribuyen donaciones en Ciudad de México día y noche por medio de bicicletas (las cuales les permiten llegar a áreas de difícil acceso), preparan donaciones de comida y medicinas. 23 de septiembre de 2017.

Pocas horas habían pasado después del sismo del 19 de septiembre cuando múltiples llamados en redes sociales empezaron a surgir pidiendo ayuda para alimentar a aquellos que donaban su tiempo y habilidades para emprender labores de rescate.

Muchas de aquellas que respondieron a este llamado fueron amas de casa, quienes dejaron todas sus actividades cotidianas para salir y ayudar a aquellos que necesitaban cuidados y energía en forma de sándwiches y aguas frescas. Desde la lejanía en la que me encuentro pude ver a través de múltiples videos cómo mujeres armadas con delantales, bolillos y queso empezaron a organizar las tareas para alimentar a cientos de voluntarios y rescatistas. Se mantuvieron pendientes de todas aquellas necesidades de los que levantaban escombros, necesidades que parecen secundarias pero son indispensables.

Aquellas mujeres a las que muchas veces ninguneamos por quedarse en la casa, aquellas a los que los empleadores consideran menos aptas pues llevan muchos años "sin trabajar"; esas mismas salieron a la calle a utilizar esas habilidades para organizar, planear, darse cuenta de aquellas cosas que nadie más se da cuenta que hacen falta (baños para los militares y voluntarios, azúcar y electrolitos para los que levantan escombros. etc.). Especialmente quien lleva una casa y cuida de otros puede dominar esto con tanta precisión.

Muchas de aquellas que respondieron a este llamado fueron amas de casa que dejaron todas sus actividades cotidianas para salir y ayudar a aquellos que necesitaban cuidados y energía en forma de sándwiches y aguas frescas.

A las amas de casa se les unieron tamaleros, taqueros y demás comerciantes que decidieron colaborar en la tarea de alimentar a los demás donando no solo su tiempo sino sus productos y ganancias. Fotos de taqueros con sus trompos alimentando filas de voluntarios, videos de tamaleros con sus ollas y sus vasos de atoles, todos cooperaron aun perdiendo las ganancias posiblemente de la semana y sin descansar un solo día. Tamales, atole y tacos al pastor fueron repartidos a rescatistas y voluntarios, quienes no solo recargaban energía, sino encontraban consuelo en cada mordida de estos mexicanísimos platos.

Y qué decir de aquellos chefs y restauranteros que abrieron cocinas y alacenas para alimentar a todo aquel que lo necesitara. El 20 de septiembre decenas de restaurantes se prepararon no solo para cerrar al público, sino para prestar sus instalaciones a voluntarios que rápidamente se organizaron para usar las elegantes cocinas a su disposición y prepara tortas y bolsitas de lunch. Otros tantos ofrecieron menús gratis a rescatistas, militares, voluntarios y damnificados o donaron los productos que tenían los refrigeradores.

No faltó el apoyo de aquellos chefs mexicanos en el extranjero que rápidamente organizaron cenas y eventos para recaudar fondos y ayudar a la reconstrucción. Aplausos a unos cuantos que recordaron que la comida no solo alimenta el cuerpo sino el alma, y después de dos días de tortas cambiaron sus menús con el objetivo de no solo proveer a los comensales de energía sino de dignidad.

En unas semanas, cuando salgamos a cenar, tomemos en cuenta antes de hacer una reservación quién sabemos que tuvo el corazón grande.

No olvidemos a todos aquellos que encontraron en la cocina la mejor manera de ayudar a salvar a otros y ayudar a quien recogía escombros. En unas semanas, cuando salgamos a cenar, tomemos en cuenta antes de hacer una reservación quién sabemos que tuvo el corazón grande y utilizó sus bienes y habilidades culinarias para solidarizarse, y no solo se hinchó los bolsillos con elegantes platos y bocados pequeños.

No olvidemos tampoco a los que dejaron sus negocios y salieron desde temprano a colaborar en las labores de rescate. No olvidemos mañana cuando se te pase desayunar en tu casa y camines enfrente de una bicicleta con pan dulce o tacos, el sacrificio que implica levantarse de madrugada a cocinar, recoger productos y transportarse a los derrumbes y centros de acopio, con el único objetivo de donar no un porcentaje del sueldo, sino un día entero o más de trabajo. Nunca volvamos a utilizar la palabra "tamalera" como un insulto. La próxima vez que nos encontremos con una ama de casa no le preguntemos "y no trabajas?", como si cuidar a otros no contara y aportara. Como si no la sociedad no requiriera sus habilidades, pues bien sabemos que nada alimenta más que una comida casera y nadie organiza mejor un centro de acopio.

Recordemos siempre que fue la sociedad civil la que logró organizar centros de acopio y albergues, la que donó tal cantidad de alimentos que se tuvo que pedir que pararan. Fueron restaurantes y ciudadanos de a pie los que alimentaron rescatistas y damnificados. Y fueron ellos mismos los que llenaron los vacíos dejados por un gobierno que se olvidó de alimentar a sus ciudadanos.

Daniel Becerril / Reuters
A las amas de casa se les unieron tamaleros, taqueros y demás comerciantes que decidieron colaborar en la tarea de alimentar a los demás donando no solo su tiempo sino sus productos y ganancias.

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