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Cuando un país quiere ser libre nada lo detiene

18/07/2017 5:20 AM CDT | Actualizado 18/07/2017 8:43 AM CDT

ILSE HUESCA /CUARTOSCURO.COM
Votación de venezolanos en Boca del Río, Veracruz, el 16 de julio de 2017.

Había olvidado lo que se siente despertarse lleno de optimismo por tu país. El pasado domingo 16 de julio los venezolanos activamos un proceso de protesta que convocó la sociedad civil y que activó la Asamblea Nacional amparada en las atribuciones que le da la Constitución Nacional.

La idea era que la gente se presentara a centros organizados por voluntarios y que respondieran si estaban de acuerdo o no con la Asamblea Constituyente que pretende instalar Nicolás Maduro, la cual anularía totalmente los poderes públicos para así afianzar un proyecto muy parecido al de Cuba y la ex Unión Soviética. Una dictadura comunista en la que los ciudadanos están esclavizados por el estado, no tienen garantizados sus derechos fundamentales y dependen para todo del único partido que puede hacer vida política.

Tomando en cuenta la gravedad de la crisis y el peligro que corre de Venezuela de verse sumida en el totalitarismo definitivamente, se consultó si se exige a las Fuerzas Armadas que intervengan para restituir el orden constitucional y sobre el llamado a la relegitimación de los poderes públicos y a un gobierno de unidad nacional.

El proceso del domingo, la consulta, no fue una elección, sino un acto masivo de protesta.

El proceso fue muy parecido a una elección.Después de todo se trató de ir a un centro, responder preguntas en una papeleta, colocarla en una urna y luego esperar el escrutinio y totalización. Desde que Hugo Chávez asumió el poder en Venezuela utilizó el proceso electoral como una manera de legitimar todas sus acciones. Si bien las elecciones son un mecanismo de democracia, no son su esencia y se puede llegar a una dictadura a través de ella. Las elecciones pueden servir para manipular la opinión y hacer creer a la gente que vive en libertad, que la mayoría escoge el destino y que eso es lo único que importa.

En Venezuela hemos vivido durante años sintiendo que la vida depende de un proceso electoral. Y en cierta forma era así. Porque a través de esos procesos se legitimó la dictadura y tanto la opinión pública como la comunidad internacional aceptaron que esas elecciones eran suficiente para asumir que todo estaba bien, que había democracia. Sin preguntarse si había instituciones, pero sobre todo qué calidad de vida teníamos los venezolanos.

El domingo los venezolanos organizamos ese acto de protesta para demostrarle al mundo que esa supuesta autoridad moral, que alega el chavismo para hablar en nombre del pueblo, no es más que manipulaciones y mentiras. Lo hicimos sabiendo que no había un órgano del poder público que organizara nada, mucho menos que diera recursos económicos para movilizar a la gente. Lo hicimos porque queríamos que se escuchara nuestra voz y en ello ejercimos la ciudadanía y la democracia como no se había hecho en ningún proceso electoral.

(VIDEO: Así se vivió la votación en México)

La gente fue organizada, puntual, comprometida, honesta. Había más voluntarios que trabajo disponible. Quienes participamos lo hicimos con entrega total, no solo por solidaridad con nuestro país, sino por la convicción de que la mejor manera de luchar por la democracia es a través de los mecanismos que mejor la articulan y la representan.

El proceso del domingo, la consulta, no fue una elección, sino un acto masivo de protesta en el que millones de venezolanos pudimos expresar nuestra visión del conflicto y lo que consideramos una solución: el restablecimiento del orden democrático. Pero lo más importante es que el protagonismo vino de la gente, no de un caudillo, de un mesías, de una visión única, sino de la misma gente organizada por el solo deseo de vivir en libertad.

Venezuela ha sido ejemplo de que un país puede perder la democracia más fácilmente de lo que se cree. Pero también de que un país es su gente, y cuando esa gente se decide a ser libre, nada lo detiene.

Los venezolanos aprendimos la importancia de involucrarnos en la política, de participar en eventos de trascendencia nacional, de que la voluntad de un ciudadano decidido es el arma más poderosa que tiene una sociedad, incluso más que cualquier fusil. Porque al final cuando la gente se moviliza por el deseo de ser libre, sin aplastar, sin irrespetar, en paz, con espíritu de convivencia y con el deseo de construir un país en vez de ir a destruir lo que tiene por delante, no los detiene ningún dictador. Por más armas que tenga, por más poder y dinero que crea que lo pueden sostener.

No todo está resuelto con el ejercicio del domingo. No amanecimos sin Maduro, sin régimen, sin armas, sin violaciones de derechos humanos. Hoy morirán aquellos que no podrán conseguir los medicamentos más básicos, niños comerán de la basura, seguirán en la cárcel los presos políticos, incluido Roberto Picón, la mente brillante que creó toda la logística del proceso de consulta. Seguirán torturando estudiantes y los paramilitares generarán terror sin que la justicia los alcance. Seguirá creciendo la pobreza y la miseria en un país en que la inflación alcanza tres cifras.

Sí. El panorama, en lo social y económico seguirá siendo desolador, pero en lo político, en lo espiritual, en lo histórico, las cosas cambiaron porque nos habremos dado cuenta que la dictadura no pudo aplastar nuestra cultura democrática. Que la lucha no es solo por comidas, medicinas, canales humanitarios, sino por algo mucho más profundo y relevante: por un país democrático y libre. Y por eso a pesar de las dificultades yo me levanté llena de optimismo. Venezuela ha sido ejemplo de que un país puede perder la democracia más fácilmente de lo que se cree. Pero también de que un país es su gente, y cuando esa gente se decide a ser libre, nada lo detiene.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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