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Lo que las naciones emergentes pueden aprender de la locura que encumbró a Trump

Para aquellos que han visto a EU como un bastión de lo que es bueno y correcto, esta podría ser una llamada de atención.

17/12/2016 7:43 AM CST | Actualizado 08/01/2017 10:43 PM CST
Jonathan Ernst / Reuters

HONG KONG- La elección de Donald Trump como el nuevo presidente de Estados Unidos ha llevado a muchos estadounidenses y ciudadanos de Occidente a una búsqueda a conciencia. Un tema latente es el temor en torno a un futuro incierto en muchos de los comentarios postelectorales y especulaciones respecto del fin del dominio de esta potencia política y económica de Occidente. Muchos de estos comentaristas se preguntan cómo es que EU, largamente visto como el modelo prominente de un buen gobierno democrático, pudo haber caído a este nivel. En el discurso público global se han incluido pocas perspectivas no occidentales de lo que la elección dice del sistema económico y político de EU.

La elección de un individuo sobre quien muchos en el mundo (y de hecho una mayoría de votantes estadounidenses) piensa que no está calificado y es peligroso debería apurar el análisis crítico del sistema político-económico de EU. En el triunfo de Trump, hay lecciones valiosas para los países no occidentales y emergentes. Para aquellos que han visto a EU como un bastión de lo que es bueno y correcto, esta podría ser una llamada de atención; una señal de que el país tiene fallas severas y que sus limitaciones y errores podrían tener serias implicaciones para el resto del mundo.

Esto no es para negar muchas de las contribuciones positivas que EU ha dado al mundo, y muchos a nivel global esperan que tales aportes continúen. Sin embargo, si continúa la tendencia actual, dichas aportaciones llegarán a su fin. El mundo ha visto que EU tiene una tendencia a elegir líderes con poco entendimiento del ancho mundo, y quienes amenazan con cambiar radicalmente el sistema internacional en nombre de los intereses estadounidenses. Y que además creen tener el derecho de intervenir en los derechos de los demás.

En la prisa para condenar a Trump, muchos analistas se olvidaron de los dos periodos en que gobernó George W. Bush. Esos ocho años estuvieron marcados por el ascenso del movimiento neoconservador, guerras desastrosas e ilegales, un desastre financiero global, y una negación arrogante de los puntos de vista y opiniones del resto del mundo. Las victorias electorales de Bush y Trump se dieron por medio de procesos democráticos legítimos. No hubo golpes ni intentos de no conceder la victoria por parte de los perdedores. Pero el que el proceso se haya respetado no significa que no hubo fallas. Tampoco quiere decir que el proceso haya estado a la altura del ideal y la esperanza democrática de la mayoría de los ciudadanos de EU.

La democracia no tiene por qué ser al estilo americano.

Ignorar lo que estas elecciones significan para el resto del mundo y esconder debajo de la alfombra el alto costo que millones de personas pagaron gracias al disparate norteamericano es hacer exhibición de ignorancia y arrogancia. La creencia de que una democracia se corregirá a sí misma da un alivio muy ligero para aquellos que han salido lastimados.

Tomando en cuenta esto, a continuación expongo cinco razones que los países emergentes pueden aprender de las fallas de EU. Esto es parte de un análisis muy rezagado del modelo estadounidense el cual muchos en todo el mundo, y no solo en las naciones occidentales, han visto hasta ahora como el paradigma del desarrollo político y económico. Muchos aspectos de esta ideología dominante ahora parecen tambalear, a pesar de que Washington la sigue exportando al resto del mundo. Problemas similares se dan en muchas naciones, inclusive en las potencias no occidentales, como China y la India. Pero como el país más poderoso del mundo, EU puede infringir un mayor daño a los no estadounidenses, y el resto del mundo debería evitar sus errores.

NASA / Landsat
Prolonged drought and mismanagement have caused a dramatic drop in Lake Powell's water level. These images show the northern part of the lake in Arizona and southern Utah in 1999 on the left and 2014 on the right.

1. La democracia por sí sola no es la vía para tener líderes o políticas más fuertes

La reelección del expresidente George W. Bush, a pesar de sus garrafales errores, es prueba de esto. Los estados efectivos se fundan en instituciones, normas y sociedades efectivas En tanto éstas se debiliten o se corrompan, un proceso democrático no necesariamente llevará a un buen resultado. La democracia estadounidense es un desafortunado ejemplo: sus instituciones de gobierno están atoradas; sus políticos polarizados, y las políticas más delicadas, que reciben el apoyo de una amplia mayoría de los estadounidenses, desde un control razonable de las armas, a mayores impuestos a los ricos, no van a ningún lado. Por eso casi no sorprende que la gente haya votado por un candidato que haya prometido volear al sistema de cabeza.

Otros países deberían aprender que, si bien la democracia, a pesar de sus limitaciones es el mejor sistema de gobierno, no tiene que ser una democracia a la americana. Y tampoco la democracia basta para asegurar un buen gobierno.

El cambio climático es un ejemplo de cómo la democracia estilo estadounidense fracasó a la hora de generar buenos resultados. Muchos en todo el mundo, incluyendo a la mayoría de los estadounidenses, están de acuerdo que se trata de uno de los temas más importantes. Pero el sistema estadounidense eligió a un presidente que seguro hará poco o nada para implementar el Acuerdo de París y que seguramente provocará un rezago al progreso logrado por su antecesor. Y no es solo Trump: la administración Bush también cuestionó la ciencia que respalda el cambio climático y se negó a emprender acciones relevantes para resolverlo.

En lugar de mirar a la onerosa política de EU, las democracias emergentes deberían imitar la moderación legal de los británicos, o los controles culturales al dispendio de los alemanes.

Los negociadores chinos del medio ambiente, en contraste, han confirmado su apoyo al acuerdo global, lo que ha llevado a muchos medios occidentales, incluso a los que no ven a Beijing con simpatía, han aclamado a China como el nuevo líder en los esfuerzos contra el calentamiento global. El hecho de que un estado no democrático pueda tomar la batuta en lo que quizá es el mayor riesgo de nuestra época, debería, por lo menos, generar algunas preguntas respecto al sistema de gobierno en el siglo 21.

Además, una democracia como la de EU, que está inundada en dinero, no puede ser buena para la salud política de una nación. Trump no gastó tanto como Hillary Clinton, pero sus millones aceitaron su toma del Partido Republicano. Asimismo, Clinton alargó los lazos profundos de beneficios mutuos entre el Partido Demócrata, las grandes corporaciones y Wall Street, que vinieron a condenarla durante la campaña.

No es algo positivo el que los ricos independientes, y quienes recolectan dinero de los ricos independientes, sean los únicos que pueden contender por los puestos más poderosos en el país. En lugar de mirar a la política empapada en dinero de EU, las democracias emergentes deberían imitar la moderación legal de los británicos, o los controles culturales al dispendio de los alemanes.

Damir Sagolj / Reuters
An Iraqi woman tries to explain to American soldiers that she had nothing to do with illegal fuel sellers in Baghdad on Aug. 6, 2007.

2. No generen una red militar-industrial

Las empresas privadas que hacen negocios con las armas, la tecnología militar y los contratistas mercenarios conforman un grupo de presión creado para agredir. Recuerden las palabras de Dwight D. Eisenhower, el ex general y presidente de EU de 1953 a 1961: "En los asuntos de gobierno, debemos de abstenernos de ganar una influencia injustificada, ya sea que se haya procurado o no, por parte del conjunto militar e industrial. El potencial riesgo de un enorme y desastroso poder es evidente y duradero".

Tanto EU como el resto del mundo han pagado el precio por el abuso de fuerza de Washington. A pesar de los esfuerzos para justificar las intervenciones extranjeras y disfrazarlas como misiones humanitarias, o intentos de exportar la democracia, ha sido claro que el intervencionismo estadounidense ha sido un desastre. Las justificaciones de Washington no convencen al mundo, quienes tienen una larga experiencia en escuchar una serie de excusas como: "Solo venimos a ayudarte". El mundo necesita oponerse con firmeza a las coaliciones ilegítimas de la comunidad internacional lideradas por EU en beneficio de intereses cerrados.

El potencial del surgimiento desastroso del poder desmesurado existe y persistirá. Dwight D. Eisenhower

Las guerras de EU en Medio Oriente han desviado tiempo y recursos de los propios problemas de los estadounidenses y muchos ciudadanos están hartos. Trump se aprovechó en su campaña del disgusto popular en contra de la creación de naciones en estados ocupados por parte de EU. El mundo debería esperar que se pusiera un alto a ello como él lo prometió. Pero, sus deseos de salirse del acuerdo nuclear con Irán, otra de las prioridades de política exterior, no es algo que entusiasme. Las otras partes en este acuerdo, específicamente los europeos, necesitarán rechazar sus amenazas.

Claramente, mantener la industria militar en manos del estado (como en China y Rusia), y no en empresas privadas, no va a evitar que los países se comporten de manera agresiva o que aumenten sus fuerzas armadas. Sin embargo, se eliminaría un incentivo adicional para usar la fuerza en atención a intereses particulares Dado el peligro y el daño derivados de los conflictos bélicos, ¿por qué meter en esta mezcla ganancias para los privados? China y la India inevitablemente incrementarán su poderío militar, por lo cual debería asegurarse de que las cuestiones relativas a la guerra y la paz las decidan en función de preocupaciones geopolíticas genuinas, y no las ganancias privadas.

Bloomberg via Getty Images
Narendra Modi, India's prime minister, speaks with Mark Zuckerberg, chief executive officer of Facebook, in Menlo Park, California on Sept. 27, 2015.

3. La tecnología no es una panacea para cumplir con las metas de desarrollo y empujar el crecimiento económico

Los países en desarrollo en particular deberían mantener su escepticismo en torno a que las firmas estadounidenses venden soluciones utópicas para una enormidad de retos. Estas herramientas son algunas de las más poderosas en la historia de la humanidad, pero fueron desarrolladas por una élite con una estrecha visión del mundo.

El boom de la tecnología también contribuye a la desigualdad en el ingreso pues las ganancias fluyen a un pequeño número de desarrolladores y a los inversionistas que los apoyan con capital. Una mayor tecnologización y automatización han vuelto a la gente más insegura: una correlación interesante de la elección en EU es que las áreas en que el apoyo al presidente Obama se pasó a Trump no fueron aquellas con altos niveles de desempleo, sino aquellas con muchos empleos en riesgo de ser reemplazados por máquinas.

Con demasiada frecuencia los efectos negativos de la tecnología son soslayados como 'el precio del progreso'.

La tecnología inclusive ha comenzado a tener un impacto negativo en procesos políticos, como la propagación de las noticias falsas en las redes sociales. Las redes sociales en China e India también están inundadas con rumores y especulación de que, si se les permite desbordarse, pueden dañar la estabilidad social. La solución a este problema implica un espinoso reto político pues cualquier intervención podría toparse con la oposición nacional e internacional, particularmente de Occidente.

La lección para los países emergentes es que el progreso tecnológico no es un fin en sí mismo. A menudo, los efectos negativos de la tecnología se soslayan como una parte del "precio del progreso". Y lo que es peor, las preocupaciones por la pérdida de empleos debido a la mecanización y la tecnología, o por el consumo masivo que fomenta el fenómeno de las compras en línea como el Black Friday o el Singles' Day, con todas las prácticas de distribución externa convenientemente ignoradas, se consideran pensamientos retrógrados. Los países emergentes deberían tratar la tecnología con escepticismo y plantearse cuáles tecnologías verdaderamente fomentan mejores estándares de vida.

Kevin Lamarque / Reuters
Bush passes crew members as he walks the deck of the aircraft carrier USS Abraham Lincoln, on May 1, 2003, just before his "mission accomplished" speech declaring major combat in Iraq to be over.

4. Evitar la excepcionalidad.

Por muchos años los estadounidenses se han considerado a sí mismos como el vórtice de un orden mundial estable y pacífico, por lo cual describen a su país como el "líder del mundo libre" y una "nación indispensable para el mundo". EU se pone como modelo, lo cual conduce a la retórica de que si acaso se trata de la brillante ciudad en lo alto de la cima a la que el resto del mundo debe admirar.

Para aquellos fuera de EU, y para aquellos que viven en sociedades con historias más antiguas, esta retórica es al menos irritante, pero podría llegar a ser peligrosa. Convence a Washington de que está en lo cierto y desincentiva cualquier señal de contradicción inclusive entre sus propios aliados. Esto ha generado una amnesia colectiva nacional ante las malas decisiones que EU ha tomado, tanto de forma interna como externa. La excepcionalidad ha evitado que EU entienda completamente, que reconozca y que cierre las heridas en torno a la matanza de los nativos americanos, por ejemplo, y el continuo impacto de la injusticia del pasado a las vidas de los afroamericanos y el racismo a ultranza que persiste en el corazón del sistema judicial del país.

La lección para los poderes emergentes es que que deben ver su crecimiento económico y político con humildad.

La excepcionalidad es muy diferente al orgullo por un país. En EU, esta se ha ligado el amor al país a la preeminencia económica y geopolítica. Alimenta la creencia de que EU es especial, con el designio de que es su responsabilidad manejar al mundo. Pero en tanto el rol global de EU retrocede, esta asociación podría terminar siendo dañina. Tanto Trump como Clinton intentaron sacar provecho de la "excepcionalidad". Trump contendió con la idea de recuperar la pasada grandeza de EU, la cual es una propuesta que asusta a aquellos dentro y fuera de EU que vieron ese pasado con ansiedad.

La lección para los países emergentes es que deberían ver su crecimiento económico y político con humildad. La esperanza es que China, como el poder en ascenso en Asia, evite su propia versión de excepcionalidad. Debería ser humilde en cómo entiende su éxito y no engordar una narrativa de que es superior a otras naciones. Lo mismo se puede decir de la India en tanto obtiene preeminencia económica: 150 años de dominio británico no debería darle un pretexto para negar sus propias fallas, como el sistema de castas o sus retos actuales como el fracaso continuo de ofrecer los servicios básicos a sus ciudadanos.

Qilai Shen via Getty Images
Diners eat at a KFC restaurant in Shanghai, China on Wednesday, Nov. 24, 2010.

5. No reemplaces de manera irracional el intensivo trabajo en el sector rural con agricultura industrial, así como tampoco los empleos de bajo costo en manufacturas y servicios.

En EU las comunidades rurales han decrecido pues los jóvenes y las personas con más habilidades se mudan a las ciudades en busca de oportunidades económicas. La propagación de la agricultura a escala industrial ha degradado el medio ambiente y ahora esto también incluye a países como China y muchos otros del sudeste asiático Esto ha generado una abundancia de comida chatarra, la cual tiene un impacto negativo en la salud.

En todo el mundo occidental, el declive rural ha motivado a muchos votantes a que crean que se están quedando rezagados o en el olvido. Esto los ha motivado a desquitarse con las ciudades, como sucedió en el referendo del Brexit, el crecimiento del populismo de ultraderecha en Europa y la elección de Trump.

El ascenso de la agricultura industrial y la transformación de las comunidades rurales no es exclusivo de EU: el reciente desarrollo de China ha sido impulsado por cientos de millones de personas que han emigrado a las ciudades. Sin embargo, si la gente del campo en los países subdesarollados siente que se está quedando atrás, ellos también podrían actuar para voltear el sistema. Eso es algo que, en China, la India y otros países en vías de desarrollo tendrían que cuidar en extremo.

La India debería pensarlo dos veces antes de ignorar su sector agrícola como lo ha hecho China, en su búsqueda de una rápida urbanización. En China, esto ha provocado una migración masiva, dejando a trabajadores migratorios a la deriva en los centros urbanos, y estructuras sociales fracturadas. También ha provocado la expansión de la agricultura a niveles industriales que ahora producen demasiado alimento, lo que lleva al consumo exagerado y al aumento en las tasas de obesidad, sin mencionar los problemas masivos de daño al medio ambiente.

En tanto China, la India, Indonesia y otros países continúan creciendo y desarrollándose, debtemos tener todos la esperanza de lo hagan teniendo en mente las fallas del sistema estadounidense. EU, como cualquier otra historia de desarrollo, ofrece algunas lecciones positivas para el resto del mundo. Sin embargo, no hay que ignorar sus errores y las debilidades que han surgido en los últimos 20 años para que no se repliquen en otros lados. Tenemos que estar mejor preparados.

Este artículo fue publicado originalmente en The Huffington Post.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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