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Cómo evitar las peleas cuando se viaja en pareja

13/09/2017 9:00 AM CDT | Actualizado 13/09/2017 12:16 PM CDT
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Aprendimos a decir que no. También empezamos a meternos menos presión.

Hace casi un año nacía en nosotros una idea loca.

La de dejar nuestro trabajo, nuestro apartamento, nuestros seres queridos y nuestro confort para recorrer Europa en camioneta.

Nuestro viaje no nació de unas simples ganas de salir a la aventura.

Los dos estábamos profundamente enamorados, pero desencantados con nuestro trabajo y nuestro día a día. Y cada uno a su manera, ya que no tenemos las mismas debilidades ni los mismos demonios que combatir. Decidimos irnos para evolucionar, crecer y, sobre todo, para hacernos felices.

En una vida "normal" viviríamos cada uno un poco por su lado, siguiendo el ritmo metro-trabajo-cama, y cuidando las relaciones por la noche. Si atravesáramos un período difícil y discutiéramos constantemente, prestaríamos más atención al otro, y no tanto al trabajo o a la rutina.

Pero cuando estás en la carretera y, sobre todo, en una camioneta, ocurre lo contrario. Vives al 100% con la otra persona.

Vivimos en tres metros cuadrados donde se confunden la cocina, la cama y el baño. No podemos ponernos de pie, no tenemos ventana. Estamos en una constante intimidad compartida en la que cada uno es testigo de los hechos y los gestos del otro, incluso de los más íntimos.

En nuestro pequeñísimo espacio, hay que seguir los movimientos de la pareja, cocinar sincronizados, y encontrar su lugar para no pisarse, para dejar que la otra persona respire.

Aprendimos a decir que no. No, no quiero visitar ese castillo escocés. No, no tengo ganas de dormir en esa colina. No, no voy a acompañarte a la playa.

Durante los primeros meses de nuestra expedición, estábamos tan entusiasmados con la idea de recorrer el mundo juntos que vivíamos como si fuéramos una sola y única persona. Desde por la mañana hasta por la noche, compartiendo nuestras comidas, nuestras escasas duchas, todas nuestras actividades y aficiones.

Y eso sin tener en cuenta que tenemos sensibilidades diferentes.

Tratábamos de tomar cualquier decisión juntos, transformando pequeñas elecciones en inmensos debates para no defraudar nunca nuestras ganas divergentes.

¿Cómo quieres que vayamos a Portugal? ¿Qué quieres comer? ¿Qué carretera quieres coger?

Ahí descubrimos hasta qué punto nuestros deseos podían diferir. A menudo nos sentíamos paralizados e incapaces de decidirnos. Nos echábamos la culpa. Por ser diferentes, por no comprendernos.

Tuvimos que aprender a comunicarnos con más frecuencia y con más sinceridad.

Aprendimos a decir que no. No, no quiero visitar ese castillo escocés. No, no tengo ganas de dormir en esa colina. No, no tengo ganas de levantarme. No, no voy a acompañarte a la playa.

También empezamos a meternos menos presión. Conscientes de la oportunidad que teníamos de viajar sin límites, nos sentíamos en la obligación de ser felices todo el tiempo.

Al día de hoy, nos permitimos tener grandes momentos de debilidad, de fatiga, ya que en este estilo de vida no todo es descanso. Cada uno de nosotros se esfuerza por ser mejor, más fuerte y nos respaldamos todo lo que podemos sin culpabilizarnos.

Hemos hecho el experimento y es mejor tener una buena discusión en el camino, la que luego dará lugar a una preciosa reconciliación.

Además, las discusiones son necesarias y dejamos que estallen. Nos desahogamos, lloramos, gritamos. Creo que no hay que prohibirse enojarse, ni siquiera de viaje. Sobre todo cuando el viaje se ha convertido en nuestro día a día.

Hemos hecho el experimento y es mejor tener una buena discusión en el camino, que luego dará lugar a una preciosa reconciliación.

Uno de los mejores consejos que podríamos dar a las parejas viajeras consiste en darse tiempo y espacio. Sobre todo, espacio. Ya que al final, aunque todo el mundo busque la intimidad amorosa, la fusión constante, todos necesitamos nuestro jardín secreto, nuestros rituales y nuestros momentos de soledad. Hay que dárselos al otro y dárselos a uno mismo.

Sinceramente, disponer de un momento a solas para lavarse y cuidarse sin la mirada del otro no tiene precio. Seguro que los que viajan codo con codo desde hace tiempo están de acuerdo.

Nuestro viaje acaba de comenzar y tenemos mucho país por descubrir, así como pruebas por afrontar. A lo largo de nuestro periplo seguiremos sacando lecciones para aprovechar al máximo esta enorme aventura.

Después de seis meses en los que hemos recorrido España, Portugal y Reino Unido, por fin me doy cuenta de que una pareja feliz y nómada consiste en realidad en dos individuos totalmente distintos, que dejan que la otra persona sea feliz de una forma diferente.

Consiste en cuidar la felicidad de Simón, aunque difiera de la mía.

Y de esta libertad nace el deseo de construir una felicidad completamente aparte, una felicidad compartida.

Puedes seguir a la pareja en su página y en Instagram: @radiusandulna

Este artículo fue publicado originalmente en HuffPost Francia y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano para El HuffPost.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.