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Un propósito de año nuevo fuera de lo común: abogacía preventiva

29/12/2016 7:00 AM CST

Robert Daly

Se acerca el fin de año. Época que nos trae recuerdos de la infancia y en la que formaremos los instantes que recordaremos en el futuro. Posadas, reuniones familiares, con amigos y compañeros de trabajo son lo común en estas fechas. También acostumbramos hacer los famosos propósitos para el año nuevo, como empezar a hacer ejercicio, leer los libros que no hemos tenido tiempo de ver, aprender un idioma nuevo, etcétera. Tal vez sería bueno incorporar a estos propósitos la abogacía preventiva.

¿Qué es la abogacía preventiva? Todos estamos acostumbrados, en mayor o menor medida, al término medicina preventiva. Este concepto lo asociamos a la práctica de acudir al médico sin que estemos enfermos o tengamos un malestar. Lo hacemos para cerciorarnos que nuestro estado de salud es bueno, o por lo menos no tan malo, y evitar sorpresas en el futuro. Las mamás y los papás están acostumbrados a llevar al médico a sus hijos, de manera mensual, durante el primer año de vida, para que el pediatra vaya viendo cómo es su crecimiento; con el tiempo, las visitas al galeno se van espaciando.

Bajo este símil, la abogacía preventiva implicaría consultar a un abogado para evitar que ciertas actividades que realicemos puedan tener consecuencias adversas o, por lo menos, que estas sean lo menos dañinas posibles para nuestros derechos o patrimonio.

Debemos terminar con la idea que a los abogados hay que llamarlos cuando nos "explotó" un problema.

Día a día llevamos a cabo un sinfín de actos jurídicos, tales como contratos de compraventa al acudir al supermercado a abastecernos de comida o ropa. Contratos de prestación de servicios al suscribirse a televisión por cable. En estos casos es evidente que no necesitamos la asesoría jurídica de un abogado, pues los realizamos con relativa cotidianidad.

Sin embargo, otras acciones que realizamos sí deberíamos realizarlas con el consejo de un abogado. Por ejemplo, al rentar un bien inmueble, donde el contrato de arrendamiento está lleno de cláusulas que remiten a artículos del Código Civil. Lo mismo ocurre cuando celebramos un contrato de hipoteca para comprar una casa a crédito. En estos casos sería bueno contar con un experto que nos "traduzca" el contenido de los documentos que vamos a firmas y, en su caso, nos advierta de sus puntos finos que pudieran perjudicarnos (las famosas letras pequeñas).

Imaginemos que contratamos a una persona para que nos ayude con el quehacer doméstico o para cuidar a nuestros hijos ¿Cómo se debe de realizar el contrato? ¿Qué derechos y obligaciones asumen el patrón y el empleado? ¿Cuánto y cuándo debo de pagar el aguinaldo? En estas cuestiones, de nuevo, es importante ser asesorados por un abogado, evitando recurrir a elaborar formatos que encontramos en alguna página de internet, sobre todo si no los entendemos plenamente.

En el caso anterior, si el empleado contratado deja de asistir al trabajo ¿Cómo debemos proceder para evitar, en un futuro cercano, ser demandados ante las autoridades laborales por despido injustificado? Poca gente sabe cómo actuar en el caso anterior, por lo que la asesoría de un experto jurídico nos ahorrará sorpresas en el futuro.

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Los ejemplos se pueden replicar en muchas de las fases cotidianas de nuestra vida. Las grandes y medianas empresas tienen, dentro de sus corporativos, a un equipo de abogados que les dan este tipo de asesoría jurídica preventiva. Sin embargo, las pequeñas empresas o personas comunes carecen de este tipo de servicios; lo que es peor, ignoran la importancia y trascendencia que puede tener.

Por todo lo anterior deberíamos plantearnos, como propósito de año nuevo, practicar la abogacía preventiva. Contratar los servicios de un jurista para que nos asesore al momento de celebrar actos que pudiesen tener repercusiones legales (al rentar o comprar casas, contratar o despedir empleados, asesoría en caso de violencia familiar, pago de pensiones para menores de edad, cumplimiento en el pago de impuestos, etcétera).

Como dice el dicho, más vale prevenir que remediar. Debemos terminar con la idea que a los abogados hay que llamarlos cuando nos "explotó" un problema; con su asesoría preventiva podemos evitar tales circunstancias, o cuando menos, contar con una explosión controlada.

No me queda más que desearle felices fiestas a los lectores del Huffington Post.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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