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Sobre banderas y libertad de expresión: la gran diferencia entre EU y México

03/12/2016 2:06 PM CST | Actualizado 03/12/2016 2:06 PM CST
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Los símbolos patrios, tales como la bandera y el himno nacional, son elementos que configuran una parte importante de la identidad de un país, así como de sus habitantes. Las banderas identifican y diferencian entre sí a las distintas naciones, tanto en eventos oficiales como deportivos. En actos protocolarios entre países, como las visitas de jefe de Estado a otras naciones, aparecen fotografías o videos de los mandatarios, acompañados con una bandera de su lugar de origen. En las justas olímpicas se iza la bandera del país —y se escucha el himno nacional— del atleta que obtuvo la medalla de oro en una competencia.

Las bandera e himnos nacionales suelen despertar pasiones y sentimientos profundos. Algunos sentimos cómo se nos eriza la piel mientras cantamos el himno nacional, con el clásico saludo a la bandera (la mano derecha pegada al pecho), mientras pasa la escolta del lábaro patrio. En los juegos de fútbol internacionales se suelen entonar los himnos nacionales de los equipos contendientes, y es considerada una falta de respeto, una verdadera patanería, chiflar mientras se escucha el himno de la selección contraria.

En días recientes el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, emitió un tuit diciendo "No se debería permitir a nadie quemar la bandera americana si lo hacen, debe haber consecuencias ¡tal vez la pérdida de la ciudadanía o un año en la cárcel!"

Seguramente mucha gente pensará, siguiendo los argumentos que expuse en los párrafos anteriores, que el futuro mandatario tiene razón, ya que el Estado debe velar por la protección de los símbolos patrios, para que no se les falte el respeto. Siguiendo estas ideas, suena aceptable que se meta a la cárcel a cualquier persona que queme una bandera, o la insulte de algún otro modo.

La quema de bandera es uno de los casos emblemáticos resueltos por la Corte Suprema de Estados Unidos, relativos a la protección a la libertad de expresión. En 1984, durante una convención republicana en Dallas, Texas, una persona, de apellido Johnson, quemó una bandera norteamericana en una protesta que se realizaba en las afueras de la convención, en contra de las políticas instrumentadas por el gobierno de Ronald Reagan.

Mientras esto pasaba, otros manifestantes realizaban cánticos diciendo "América, el rojo, blanco y azul, escupimos en ti" (America, the red, white and blue, we spit on you). Varios testigos refirieron haberse sentido profundamente ofendidos al ver la quema de la bandera. Johnson fue el único detenido por la policía y, eventualmente, condenado a pasar un año en prisión y a pagar una multa de dos mil dólares.

Debe de prevalecer el respeto a la libertad de expresión, que cada día encuentra más restricciones en nuestro país.

El juicio llegó hasta la Corte Suprema, la cual anuló la condena impuesta, argumentando que la quema de bandera es una forma de libertad de expresión, que no se limita a las expresión de palabra escritas u orales, y como tal, está protegida por la primera enmienda de la Constitución Federal.

La Corte refirió que "el gobierno no puede prohibir expresiones simplemente por que no comparte el mensaje, sin importar el modo particular que se eligió para expresar la idea". Concluyó que "Nos atrevemos a decir que, de hecho, el merecido y querido lugar que en nuestra comunidad tiene la bandera no será debilitado, sino fortalecido por nuestra resolución. Esta decisión es la reafirmación de la libertad e inclusividad que nuestra bandera representa, y la convicción de que la tolerancia hacia la crítica hecha por Johnson es una muestra de de nuestra fuerza".

Los símbolos patrios en México

Los insultos a la bandera y la libertad de expresión también han sido analizados por la justicia mexicana, aunque con un desenlace diametralmente opuesto al caso Johnson. A principios de siglo, un poeta escribió en una revista local del Estado de Campeche un poema titulado "La patria entre mierda". Estas líneas generaron que al autor, algunos medios de comunicación, le pusieran el mote de poeta maldito; pero lo más grave, es que fue acusado por la Procuraduría General de la República por el delito de ultrajes a las insignias nacionales y sometido a proceso penal ante un juez federal.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación conoció del asunto y al resolver un amparo en revisión concluyó, grosso modo, que en nuestro país debe de prevalecer el respeto a los símbolos patrios sobre la libertad de expresión de los ciudadanos; de manera que si alguna persona insulta a la bandera, entonces debe de ser encarcelada.

(VIDEO: El uso de la bandera, de México a España pasando por EU)

Sin duda se trata de un tema que genera polémica entre la ciudadanía y, como ya hemos visto, entre tribunales de distintos países. Con independencia de lo anterior, el tuit de Trump muestra el punto de vista personal que tiene el próximo presidente de Estados Unidos respecto a los derechos humanos, que puede considerarse regresivo, atendiendo a la línea jurisprudencial que ha desarrollado la Corte Suprema de ese país. Ya en otra ocasión escribí en el Huffington Post sobre cómo la designación de Donald Trump influirá en la conformación de dicho tribunal y, sobre todo, en los futuros criterios judiciales que ésta emitirá.

Desde mi punto de vista, y atendiendo a la más amplia protección de los derechos humanos, debe de prevalecer el respeto a la libertad de expresión, que cada día encuentra más restricciones en nuestro país. Ya sean los insultos a los emblemas nacionales, o la quema de las banderas, deben entenderse como expresiones que deben de ser toleradas por las autoridades del país, sobre todo por sus jueces, pues la manifestación de este tipo de protestas son elementales en el debate de nuestra joven democracia.

En lo personal no me gustó el texto del poeta maldito, mucho menos comparto sus ideas; no puedo imaginar una situación en la que yo queme una bandera mexicana como protesta a alguna situación (de niño fui parte de la escolta escolar de la bandera, lo que siempre consideré un honor). Sin embargo, como juzgador, estoy obligado a defender los derechos fundamentales de los ciudadanos, aunque pudiera no coincidir con la forma en la que se expresan. En eso radica el principio de objetividad judicial.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.