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Los otros violadores de derechos humanos

21/04/2017 7:00 AM CDT | Actualizado 21/04/2017 7:00 AM CDT
papa42
"Existen otros violadores de derechos humanos distintos al Estado".


Vivimos tiempos difíciles en nuestro país. La corrupción y la impunidad laceran a una sociedad cada día más escéptica. Por otra parte, los medios de comunicación reportan con frecuencia hechos que implican desaparición forzada de personas, o actos de tortura como técnicas de 'investigación'. El día a día de una nación asediada por este tipo de escenas.

En materia de derechos humanos mucha gente tiene la idea que el Estado, es decir, el gobierno federal, estatal o municipal, es el único que puede violar nuestros derechos fundamentales, pero eso no es así.

Todos los particulares (personas físicas o empresas) pueden violar derechos humanos. Hace poco vimos como una línea aérea bajó con lujo de violencia a un pasajero. Si bien la ley permite la sobreventa de boletos (este tipo de leyes nos demuestra como el Estado se pone de tapete a los grandes capitales en todo el mundo), bajo ningún parámetro se justifica la saña y fuerza empleados en contra del afectado.

En la mayoría de los casos que se comete un delito estamos en presencia de la violación a un derecho humano de la víctima.

En pleno siglo XXI se sigue practicando la esclavitud. Recordemos el caso de una tintorería mexicana que tenía encadenada a una mujer, forzándola a trabajar en condiciones inhumanas. El año pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso Trabajadores de la Hacienda Brasil Verde, determinó que en una hacienda de aquel país, donde se permitía la existencia de tiendas de raya, pagos irrisorios y privación de la libertad de los 'trabajadores', eran verdaderos actos de esclavitud. Males que se pensaban erradicados en nuestro continente desde hace años, nos demuestran cómo los 'patrones' o 'empleadores' pierden ese carácter para convertirse en verdaderos violadores de derechos humanos.

Otro ejemplo es la discriminación, que es una constante en nuestra sociedad. Recientemente nos enteramos de un local de una cadena de juegos para niños que no permitió la entrada a un menor con una discapacidad, acompañado de su madre, por políticas de la empresa. Es común ver que en los 'antros' de moda el cadenero, un individuo que se siente superior al resto de los mortales, con su dedo elige quién entra al lugar y quién no, dependiendo de su sola apariencia. Hace un par de años una agencia de publicidad, que iba a hacer un 'casting' para una aerolínea, no quería a ningún "moreno", solo personas de tez blanca con "look de Polanco". Otro ejemplo, que cada vez se ve menos, es en los avisos de empleo que se publican en los periódicos, donde expresamente se pedía a los egresados de universidades públicas de abstenerse a presentar su solicitud.

Inclusive en las relaciones maritales se pueden violar derechos humanos. Imaginemos a una mujer que revisa la redes sociales o el correo de su marido y se percata que le es infiel. Inmediatamente le toma un screen shot o un 'pantallazo' a la computadora o al teléfono celular, guarda el contenido en una tarjeta USB o lo imprime para llevar esas evidencias a un juicio (en los estados en los que aún existe el divorcio encausado). En este caso, ningún juez les dará valor a esas pruebas, ya que se recabaron de manera ilegal por la esposa, violando el derecho de la inviolabilidad de las comunicaciones privadas de su cónyuge.

Otros casos más graves de violaciones a los derechos humanos por parte de particulares, se dan, por ejemplo, en los supuestos de trata de personas, asesinatos de periodistas, secuestros y homicidios cometidos por criminales y grupos de delincuencia organizada. En la mayoría de los casos que se comete un delito estamos en presencia de la violación a un derecho humano de la víctima.

Como habíamos adelantado, existen otros violadores de derechos humanos distintos al Estado. La sociedad debe poner un alto a todo este tipo de conductas, exigiendo al Estado su pronta intervención para ponerles fin de manera firme y pronta (eso sí, sin violar los derechos humanos del transgresor).

Existen las instituciones para ello. Si bien muchas de ellas son perfectibles, no debemos claudicar, pues la falta de denuncias genera impunidad. Además, los tiempos modernos han empoderado al ciudadano mediante las redes sociales, que en algunos casos han permitido u obligado al Estado a actuar. Si bien son tiempos difíciles, el futuro no debe ser necesariamente peor. Hagamos un esfuerzo común (ciudadanos y autoridades) por el bienestar de todos.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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