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Es hora de consolidar a la Suprema Corte como tribunal constitucional de México

20/12/2016 9:36 AM CST | Actualizado 26/07/2017 1:36 PM CDT
MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM
Los ministros Daniel Cosío Villegas y Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, en una reciente sesión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El 14 de diciembre de 2016, el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ministro Luis María Aguilar Morales, rindió el informe de labores correspondiente al citado año. Fueron muchos los datos destacados, así como los mensajes que se expresaron en dicho informe, pero quisiera hacer referencia solo a un punto: la cantidad de asuntos recibidos y resueltos por la Corte en el plazo informado, y la necesidad de que estos se reduzcan drásticamente.

En 2016 la Suprema Corte recibió 16,139 expedientes, de los cuales se resolvieron más de 12,600 en ese periodo. El ministro presidente destacó que esta carga de trabajo es anómala en el derecho comparado. Refirió, por ejemplo, que las Cortes Supremas de Estados Unidos y Canadá resuelven, en promedio, entre 70 y 80 asuntos al año. En España, en este periodo se resolvieron 214 expedientes, mientras que en Chile se dictan aproximadamente 115 resoluciones al año. El ministro Luis Aguilar refirió que la diferencia entre la Corte mexicana y algunos de los ejemplos antes señalado estriba en que ciertos tribunales tienen la facultad de elegir qué asuntos conocerán.

A unos meses del centenario de la promulgación de la Constitución mexicana, me parece que es momento de dar el paso necesario para lograr la consolidación plena de la Corte en el tribunal constitucional que ya es.

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El ministro presidente Luis Marí­a Aguilar, durante una sesión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Antes de continuar con este post, recordemos que pueden existir 3 tipos de tribunales: los de legalidad, los de constitucionalidad y los mixtos. Los primeros (de legalidad) son los que resuelven los asuntos cotidianos, del día a día, tales como los juicios penales o familiares, aplicando las reglas y principios que están establecidos en la ley. Los tribunales de constitucionalidad, por su parte, tienen la función de analizar si determinados actos o leyes se ajustan a lo que ordena la constitución. Finalmente, los mixtos realizan ambas funciones, tal como acontece actualmente con nuestra Suprema Corte.

A efecto de finalizar la transición de la Corte a un tribunal constitucional, es necesario quitarle la obligación de resolver miles de asuntos que son propios de un tribunal de legalidad y que, dicho sea de paso, diariamente llegan a ella. Para lograr lo anterior, es necesaria dotarla de la facultad de elegir libremente los asuntos que resolverá, mediante una adaptación del writ of certioraridel derecho estadounidense, en el que pueda aceptar o rechazar el conocimiento de un asunto, sin la necesidad de justificar el por qué sí (o no) atrajo un asunto para resolver.

Los beneficios de esta consolidación serían evidentes.

En primer lugar, los 11 ministros que actualmente conforman la Corte concentrarían todo su esfuerzo en los asuntos de mayor trascendencia para el orden social, económico y político de nuestra Nación, sin distraerse en asuntos que no tengan tal impacto, que pueden ser resueltos por otras instancias del propio poder judicial federal.

De esta manera, la Suprema Corte solo conocería de asuntos directamente relacionados con la protección de los derechos humanos, tales como la prohibición de la discriminación, la materialización de derechos de sectores desprotegidos, como la niñez, adultos mayores o pueblos originarios (indígenas). E incluso definir los alcances o límites de nuevos derechos que se vislumbran puedan llegar a nuestro país en poco tiempo, tales como el derecho al internet (entre otras formas de tecnología), la eutanasia o el suicidio asistido.

Asimismo, la Suprema Corte seguiría resolviendo los conflictos políticos de mayor envergadura, como acontece cuando dos poderes (federales, locales o municipales) se enfrentan entre sí, delimitando cuáles son las competencias y atribuciones de cada uno.

Para lograr estos cambios no es necesaria la creación de nuevas autoridades, ya que los asuntos que sean rechazados por la Corte, y que actualmente son de su competencia, se pueden delegar a los órganos ya existentes.

En segundo término, sería mucho más fácil para todos los ciudadanos, abogados postulantes y juzgadores de todo el país, tener un seguimiento más cercano de las resoluciones que dicta la Corte. No es lo mismo estar al pendiente y conocer a fondo 12,000 sentencias al año que 100.

En tercer orden, se podría adelgazar la estructura de la propia Corte, pues al disminuir el número de expedientes a resolver, se podrían reducir proporcionalmente el número de servidores públicos y oficinas administrativas que actualmente son necesarias para afrontar las elevadas cargas de trabajo de nuestro Alto Tribunal.

Los recursos que se llegaran a ahorrar en este rubro, podrían destinarse para que el Consejo de la Judicatura tenga mayores cantidades para afrontar los retos que actualmente, y en el futuro, le impondrá la Constitución Federal, tales como la consolidación del nuevo sistema de justicia penal y la instrumentación del próximo sistema de impartición de justicia laboral.

No es lo mismo estar al pendiente y conocer a fondo 12,000 sentencias al año que 100.

Me parece importante destacar que para lograr estos cambios no es necesaria la creación de nuevas autoridades, ya que los asuntos que sean rechazados por la Corte, y que actualmente son de su competencia, se pueden delegar a los órganos ya existentes, tales como los Plenos o Tribunales Colegiados de Circuito.

Es tiempo de un gran debate nacional sobre el actual sistema de impartición de justicia de nuestro país, en el que intervengan la ciudadanía, la sociedad civil, los abogados, los poderes judiciales, legislativos y ejecutivos, así como las universidades, entre otros actores políticos y sociales. El tema propuesto por el ministro presidente es un buen punto para empezar.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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