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Aún hay jueces en Berlín... y en Estados Unidos

30/01/2017 8:54 AM CST | Actualizado 30/01/2017 9:56 AM CST

Ronen Tivony/NurPhoto via Getty Images
Ayer 29 de enero personas protestaron en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, California, contra la orden ejecutiva de Trump de impedir la entrada a pasajeros provenientes de siete países musulmanes. Se llevaron a cabo protestas similares en otros importantes aeropuertos del país.

Una historia clásica del derecho (no se sabe a ciencia cierta si es verdadera o no, o hasta qué punto), refiere que Federico II, rey de Prusia, intentó comprar y luego expropiar un molino que arruinaba la vista de su palacio. El dueño del artefacto impugnó tal decisión y llevó su caso ante un juez, quien al final le dio la razón al humilde molinero. El rey, lejos de ignorar la orden judicial, la acató, al momento que exclamaba: "Veo con asombro que aún hay jueces en Berlín".

La anécdota anterior nos demuestra lo necesarios que son los jueces valientes e independientes para materializar la protección de los derechos humanos de todas las personas, en contra del poder ilegal o desmedido. En los tribunales federales de México se encuentra grabada la célebre frase del Siervo de la Nación, José María Morelos y Pavón, que dice: "Que todo el que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el arbitrario", que también evoca la importancia que tienen los juzgadores para que los ciudadanos se enfrenten, en igualdad de condiciones, ante los poderosos (llámese Estado, grandes capitales o poderes fácticos). Los tribunales son los equilibradores de la sociedad, pues permiten que cualquier persona presente una demanda, ante un juez, en contra del presidente de la república o el gobernador de un estado.

En los recientes días hemos visto al presidente de los Estados Unidos gobernando mediante órdenes ejecutivas, que van desde restricciones a la migración, iniciar la construcción de un muro entre México y aquel país, pasando por la construcción de oleoductos. Varios de nosotros nos preguntábamos ¿hasta qué punto podrá gobernar de esta manera, sin la intervención de los otros dos poderes (el legislativo y el judicial)?

Uno de los puntos a destacar del sistema jurídico norteamericano es la importancia que tiene el principio de los balances y contrapesos. Los tres poderes del Estado, además de funcionar para lograr el bien común de la sociedad, se vigilan entre sí.

La respuesta no tardó mucho en llegar. Recientemente los medios informaron que la jueza federal Ann Donnelly, de la corte distrital de Brooklyn, suspendió parcialmente la orden ejecutiva migratoria y prohibió deportar a los inmigrantes, de siete países musulmanes, detenidos en Estados Unidos. La decisión destaca que, de materializarse dicha orden, se causarían daños inminentes e irreparables a refugiados, visitantes con visa, entre otras personas.

El sistema jurídico–político estadounidense ha sido motivo de análisis de propios y extraños. La Constitución de los Estados Unidos ha servido de inspiración para muchas constituciones de otros país. Para muestra basta un botón: una parte del artículo 133 de la Constitución Federal mexicana es una traducción literal del diverso artículo 6º de la constitución del país vecino del norte.

Uno de los puntos a destacar del sistema jurídico norteamericano es la importancia que tiene el principio de los balances y contrapesos, según el cual, los tres poderes del Estado –ejecutivo, legislativo y judicial–, además de funcionar para lograr el bien común de la sociedad, se vigilan entre sí, estableciendo mecanismos para que ninguno de ellos se exceda o abuse de su poder. Para tal efecto, el poder judicial de Estados Unidos, a partir de la célebre sentencia Marbury vs Madison, tiene la facultad de estudiar la constitucionalidad y, en su caso, anular leyes emitidas por el poder legislativo o actos del ejecutivo.

La resolución de la jueza Donnelly nos demuestra que el poder del presidente de los Estados Unidos no es ilimitado, como muchos podrían haber creído debido a los hechos de la última semana. Sino que la presidencia está acotada por el régimen constitucional y legal de su país, cuya vigilancia corresponde al poder judicial. Esta juzgadora nos ha recordado que aún hay jueces en Berlín... y en Estados Unidos.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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