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México tiene todavía mucho más que ofrecer a las Naciones Unidas

25/01/2018 7:00 AM CST | Actualizado 25/01/2018 9:19 AM CST

Getty Images/iStockphoto
El multilateralismo es el único antídoto con el que cuenta la comunidad internacional para luchar en contra de la "ley de la selva".

Hace unos años en París, un embajador me argumentaba que México había endosado una "responsabilidad sistémica" ante la comunidad internacional. El gobierno actual honró esta noción postulándola como el quinto eje del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018: México con responsabilidad global. Sin obviar la trayectoria histórica de la política exterior del país, ya es tiempo de abrir el debate sobre los desafíos que inexorablemente tendremos que enfrentar a meses de iniciar un nuevo sexenio.

El mundo del 2018 difiere mucho de aquel en el que vivíamos en el 2012. La geopolítica está marcada por el enquistamiento de los conflictos en el Sahel, Afganistán, Siria, Irak, Líbano y Yemen; la actualización de la amenaza nuclear norcoreana y su proliferación en países como Irán e Israel; la previsible mutación de Boko Haram y Daesh; el aumento sostenido de los flujos de refugiados; la degradación crítica del medio ambiente y los efectos del cambio climático. De este lado del Atlántico, nuestro continente destaca por fenómenos regionales como la violencia (10% de la población mundial concentra un cuarto de los homicidios del mundo), la corrupción generalizada y la agudización de las desigualdades.

Por un lado se habla de una crisis de liderazgo internacional señalando el debilitamiento político de la Unión Europea causada por el Brexit, los desequilibrios económicos intraregionales, los atentados aleatorios a sus grandes ciudades y el repliegue autoritario-nacionalista de países como Hungría, Austria y Polonia.

Solo las reglas consensuadas por la mayoría pueden proteger a los "más pequeños" de las ambiciones, el acoso e incluso la violencia de los "más fuertes".

Aunado a esto, resaltan las reacciones aislacionistas de EUA, provocadas por las ocurrencias de un presidente que paradójicamente prometió poner a su país primero. Por el otro, se subraya la erosión del multilateralismo, ocasionada entre otros asuntos por el reposicionamiento agresivo de Rusia y la extensión de su capacidad de injerencia; el cuestionamiento de varios países africanos sobre la legitimidad de la Corte Penal Internacional; o la reducción de 5% del presupuesto bianual de la ONU (286 mdd). Ante este mundo, los riesgos son diversos y variados.

A pesar de lo anterior, este mundo le ofrece a México la posibilidad de influir en el mundo que se avecina. En todas las sociedades, ya sean locales, nacionales o internacionales, solo las reglas consensuadas por la mayoría pueden proteger a los "más pequeños" de las ambiciones, el acoso e incluso la violencia de los "más fuertes". En otras palabras, el multilateralismo es el único antídoto con el que cuenta la comunidad internacional para luchar en contra de la "ley de la selva".

En una coyuntura en la que los "más fuertes" se deslindan de las reglas que ellos mismos escribieron, países como México podrían utilizar su posición como palanca para promover nuevas reglas. Influir en las reglas del nuevo mundo significa ocupar el vacío dejado por las potencias postindustriales (algo que otros como China e India ya están haciendo).

Para esto sería necesario formular una política exterior que se atreva a asumir mayores responsabilidades y aumentar su activismo en los asuntos globales, sustentada por una voluntad política que no se limite a salvaguardar tradiciones.

El pasado 12 de enero, al finalizar la reunión anual de embajadores y cónsules, el Senado organizaba el conversatorio "Prioridades de México en la Agenda Multilateral 2018". El subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos enumeró las prioridades de México en la agenda multilateral del presente año: el Pacto Mundial Migración Segura, Regular y Ordenada; la promoción de los DDHH y apertura a los mecanismos internacionales; la Agenda 2030; y la incorporación del tema las tecnologías exponenciales a los foros multilaterales. El apoyo a las reformas estructurales del sistema de las Naciones Unidas no figura entre las prioridades.

Todavía nos quedan unos meses para hacer el balance de las responsabilidades sistémicas que se pretendieron endosar estos últimos cinco años. ¿Qué tipo de actor global queremos erigir? y ¿qué tipo de mundo contribuimos a construir? A lo mejor es tiempo de empezar por el principio y aceptar que México tiene todavía mucho más que ofrecer a las Naciones Unidas.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.