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Por qué aplicar "la ley del hielo" a quien le gustas es lo peor que puedes hacer

12/10/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 12/10/2017 6:00 AM CDT
Getty Images

A todos nos ha pasado. Piensas que la cita del martes pasado fue muy bien, no paran de chatear y han quedado en verse de nuevo. Y, de repente, esa persona desaparece. Se esfuma como una bolsa de plástico a merced del viento. Y nunca sabrás por qué.

Quizás te entren ganas de escribirle: "¿Has muerto?" o "¿Qué pasa? ¿Me mandas una foto de la tortuga del novio de tu madre y al día siguiente desapareces?" Quizás no tuvieras un vínculo emocional demasiado estrecho con esa tortuga, pero el hecho de que desaparezca sin más te causa dos días de ansiedad irracional mirando el celular cada dos minutos para ver la última hora de conexión en WhatsApp.

Puede que haya perdido el teléfono. O puede que la tortuga esté enferma y haya tenido que ir a toda prisa a darle su apoyo emocional en unos momentos tan complicados. Pero seguramente no es esa la explicación. La verdad es que no le importas y no quiere saber más de ti.

Todo el mundo debería tener el valor para decirle a alguien que no está interesado en seguir saliendo o hablando.

Pero ya eres bastante mayor y sabes que las cosas no siempre salen como a ti te gustaría. Sería más fácil asumir que te dijeran: "¡Hey! He cambiado de idea, te odio a ti y a tus pantalones de rayas. No me vuelvas a hablar. ¡Gracias!" Quiero decir, estaría muy culero que te lo dijeran, pero al menos ya sabrías algo.

Todo el mundo debería tener el valor para decirle a alguien que no está interesado en seguir saliendo o hablando, o que se le ha muerto el perro y ya no tiene la ilusión de seguir mandando fotos de sus camisetas tejidas a mano a una persona a la que solo ha visto una vez. No pasa nada, de verdad. Las camisetas eran una mierda de todos modos.

La peor parte de que alguien te aplique "la ley del hielo" es que no hay ninguna forma de afrontarlo con dignidad, salvo asumir que ahora le resultas abominable a esa persona y que deberías irte para buscar a alguien más que acabe aplicándote la del hielo también.

No dudes que te volverá a pasar, porque los humanos modernos son seres estúpidos que ven series mediocres y pasan más tiempo deslizando su dedo en Tinder que comunicándose en la realidad con la gente.

El miedo de que te ignoren te agobia tanto como ese compañero de trabajo que no deja de pedirte que te unas a su club de lectura de Game of Thrones. Le quita emoción a tus nuevas relaciones y cubre toda clase de chat con un aura oscura de ansiedad. Le arranca toda la diversión a las citas y te deja con un trastorno de la personalidad y con la obsesión de echarle un vistazo al celular cada dos minutos.

La página Psychology Today explica que "el rechazo social activa los mismos mecanismos de dolor en el cerebro que el dolor físico" y que cuando alguien te ignora, repercute en tu autoestima, hace que te pongas en duda a ti mismo. Te culpas a ti mismo, a tus lóbulos de las orejas torcidos y a esos seis chistes a los que recurres cada vez que quedas en verte con alguien nuevo. Te sientes como si fueras desechable, impotente e inútil.

En nuestra época, las personas ya no son personas: son una foto de perfil o un emoji sonriente.

La otra persona no tiene ni idea del martirio por el que te está haciendo pasar y encima se piensa que te ha salvado de una conversación incómoda. Siente que no te debe nada (solo han salido una vez, ¿por qué te preocupas tanto?), pero tú no lo ves así; eres una persona y tienes sentimientos, no eres un montón de palabras en una pantalla. Ese es el matiz que se le escapa a la otra persona.

En nuestra era de las redes sociales, las personas ya no son personas: son una foto de perfil o un emoji sonriente. Es demasiado fácil olvidar que nuestras acciones tienen una influencia real en las personas y que su efecto puede ser mucho más duradero que el dolor inicial del rechazo.

Sí, la persona a la que has ignorado lo superará. Es más, probablemente ni siquiera estaban hechos el uno para el otro, pero lo que nunca desaparece del todo es esa sensación de inseguridad cuando conozca a alguien nuevo. Al ignorar sus sentimientos, le ha dolido, por muy insignificante que te parezca lo que has hecho.

El hecho de que no puedas ver a la otra persona no significa que no exista. No puedes esperar que se esfume como un pedo en el viento.

O sea, si alguien entablara conversación contigo en persona, no le cruzarías la cara de una cachetada y te irías como si nada a no ser que fueras un pendejo (si eres de esas personas que se esfuman para ignorar a alguien, probablemente sí que lo seas). Ese tipo de interacción se percibe tan real como la que se hace a través de los celulares. El hecho de que no puedas ver a la otra persona no significa que no exista. No puedes esperar que se esfume como un pedo en el viento.

No tiene lógica creer que desaparecer del mapa es una buena forma de afrontar la situación. Ya sé que, estrictamente, no le debes nada a nadie, pero todo el mundo se merece el reconocimiento de que realmente existe y un respeto, aunque sea fan de Justin Bieber. Quién iba a decir que esos chistes de mierda que te llegan al celular proceden de una persona real, ¿eh?

Eres un cobarde sin sentimientos si ignoras a quienes te busca y tu estúpida tortuga también lo es. Esta resulta una situación del carajo, y tú eres un hijo de la chingada si eres de esas personas que lo hacen, tanto como el amigo todo idiota que te dice que si corres bajo la lluvia te mojas más.

Pero muchas gracias de todos modos, de verdad, porque prefiero pasar la noche del sábado viendo Netflix.

Este artículo fue publicado originalmente en HuffPost Reino Unido y ha sido traducido del ingles por Daniel Templeman Sauco para El HuffPost.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.