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El día que aprendí a decir "no" dejé atrás el estrés y el agotamiento para siempre

09/11/2017 7:00 AM CST | Actualizado 09/11/2017 12:10 PM CST

gradyreese via Getty Images

Fíjate en cuántas veces a lo largo del día dices "sí" a tareas poco productivas. Puedo entender que tener tu agenda a rebosar es necesario en ocasiones, pero también puede ser una manera de perder el tiempo. No tienes por qué corresponder a las peticiones de todo el mundo y no tienes por qué brindarles tu tiempo a personas que lo echan a perder.

De modo que mi pregunta es: ¿por qué decir que sí cuando puedes decir que no? A continuación verás cómo decir "no" puede llevarte a tener más éxito.

1. Decir "no" ayuda a gestionar mejor el tiempo

¿No te ha ocurrido que te pasas el día en reuniones interminables (y sin sentido) solo para acabar teniendo la sensación de que no has conseguido nada? No estás solo: aproximadamente un 50% de las reuniones son una absoluta pérdida de tiempo.

La próxima vez que te convoquen para una reunión, acéptala o recházala con un motivo. Pregúntate a ti mismo: ¿El hecho de asistir realmente puede resultarme productivo a mí o a mis compañeros? Me he percatado de que en muchos casos (como las reuniones de estrategia, por ejemplo) tengo la sensación de ser un estorbo.

Además, el hecho de asistir a esas reuniones me impide hacer aquello que realmente se me da bien (como tratar de visualizar el futuro de la empresa).

Puedo entender la perspectiva de quienes sean directivos y directores ejecutivos. Estás al mando, de modo que seguramente pienses que siempre tienes que implicarte. Pero esa sensación te la provoca tu ego. Confía en tu equipo y empieza a decir que no para dejar espacio para lo que Richard Branson llama "el gran sí".

2. Decir "no" puede resultar motivador

Cuando alguien te dice que no, ¿te resulta desalentador o te motiva a esforzarte más? A mí me ocurre lo segundo: cuando alguien me dice que no soy capaz de hacer algo, hago lo imposible para demostrarle que estaba equivocado.

De hecho, así es como mi empresa 1-800-GOT-JUNK? alcanzó el éxito que tiene hoy. Cuando decidí crear la empresa, todo el mundo me decía que no iba a conseguirlo. Pero en lugar de escuchar cómo mis detractores echaban por tierra mis sueños, lo usé como combustible para crear un fuego que sigue encendido a día de hoy.

La próxima vez que alguien te diga "no", pregunta "¿por qué no?"

Tener la agenda a rebosar puede hacer que parezcas el mago de la organización, pero en realidad puede ser el motivo por el que te sientes tan desgastado.

3. Decir "no" pone límites

Está bien querer complacer a las personas de cara a las relaciones sociales, pero puede que en el entorno profesional no sea tan útil como crees. Decir "sí" a todo puede arrebatarte el poder de controlar tu propio tiempo. Las personas esperarán que estés disponible continuamente para ocuparte de trabajos extra, y esto te impedirá encargarte de aquellas cosas que sí forman parte de tu trabajo.

Si quieres que las personas valoren tu tiempo, tienes que dejar claro que puedes rechazarles (y que lo harás). Puede parecer incómodo al principio, pero cada vez será más fácil, en especial cuando te des cuenta del tiempo y la energía que tienes para hacer cosas más importantes. (Nota: dicho esto, si es tu jefe quien te está pidiendo algo, probablemente lo mejor sea que sigas con tu antiguo modus operandi y hagas lo que te pide).

4. Decir "no" alivia el estrés e incrementa la productividad

Tener la agenda a rebosar puede hacer que parezcas el mago de la organización (¡mira, mamá, sin frenos!), pero en realidad puede ser el motivo por el que te sientes tan desgastado, no eres productivo y, sinceramente, a la gente no le guste estar contigo.

Cuando yo decía que sí a todo tenía que encontrar 16 horas al día para conseguir que todo cupiera en la agenda. Y en lugar de convertirme en una máquina de la productividad como esperaba, apenas podía concentrarme en una sola cosa.

La situación fue empeorando y empecé a sufrir ataques de pánico y ansiedad. Comenzó a afectar a mis relaciones, a mi felicidad y a mi capacidad de seguir haciendo que la empresa creciera. Finalmente, me di cuenta de que rechazar algunas obligaciones no me convertía en un líder menos efectivo, sino que me hacía más feliz y saludable y, por consiguiente, más fuerte en todos los aspectos de mi vida.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Canadá y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao para El HuffPost.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.