EL BLOG

Mensajes del universo que comprendí luego de que me robaran

30/05/2017 5:01 AM CDT | Actualizado 30/05/2017 8:11 AM CDT

Kristopher Roller para Stock Snap

Primera escena: me clonan la tarjeta de crédito. Me meten tres goles que suman poco más de $11,000 pesos. Hago el reporte necesario y me enfoco en otra cosa. Estoy demasiado ocupada para ir a la Condusef, llamar diario a Banamex o desprestigiarlos en redes sociales. "Total", pienso para mis adentros, "no es taaaanto dinero. No es que me sobre (a nadie, creo), pero tampoco es que sean $100,000 pesos. ¡Y es que de verdad!, estoy muy ocupada".

Segunda escena: estando en casa de mi mamá, Infinitum me agarra en mis 5 minutos. Me exaspero, agarro el módem, voy a la tienda, lo devuelvo y cancelo la suscripción. Pequeño detalle: ¡por supuesto que no puedo vivir sin internet! Así que le toco a la vecina y le pido su password. ¡Qué alivio!

Al mes leo un artículo en el que sugieren "compartir el internet con el vecino" como una medida de ahorro. "Suena bien", pienso para mis adentros. "El hijo de Lety lo debe usar poco y yo solo vengo los fines de semana. Se los voy a proponer y seguro dirán que sí; es ganar-ganar".

De eso hace cinco meses y todavía no me digno a tocarles la puerta. Traducción: cada vez que uso el internet siento que les robo. La conciencia no la traigo tranquila. ¿Qué me cuesta abrir la puerta, dar un paso y proponerles la idea? Aparentemente, para mi decepción, muuuucho trabajo*.

Tercera escena: Hacienda me regresa un porcentaje de mis impuestos y Yahoo me paga tres meses de trabajo en una sola exhibición. "¡Yeah!", pienso para mis adentros. "¡Ya era momento de ahorrar! Esto —enterito— va a mi cuenta de ahorros". Pasa por mi mente dar el diezmo, pero me autotranquilizo: "Ay, Bianca, no exageres, no seas fijada. Ni es tanto dinero, en realidad. Mejor ahorra". Ignoro mi vocesita kabbalista y procedo a depositarlo todo en mi cochinito electrónico.

via GIPHY

Cuarta escena: le cuento a mi "doctor del inconsciente" que necesito ganar más dinero para estar más tranquila y traerme a vivir conmigo al Alex, mi perro, que actualmente vive en Culiacán. "¿Cuánto quieres ganar?", me cuestiona. Pongo mi cara de pena. "¿Qué le digo?", pienso para mis adentros. "¿$30,000? Nah, va a decir que qué conformista. ¿50,000? Va a decir que qué ambiciosa. ¿100,000? Va a decir que qué ridícula". "¿Quieres ganar $300,000 al mes?", me interrumpe. "No pues de que quiero, quiero", le contesto. Él responde: "No tengas miedo de abrirte al dinero. Tú pide, como llegue no es problema tuyo. No quieras encontrarle la lógica, no quieras saber cómo, cuándo, dónde, porque bloqueas la energía. Solo fluye".

Quinta escena (la última del cuento, lo prometo): en mi afán de no manejar (es algo que nunca me ha gustado ¡¡y menos en la Ciudad de México!!), el viernes pasado tomo el Metrobús para ir a una cita. Son cinco estaciones a hora no pico, ¿qué tan mala puede ser la experiencia? La respuesta: trágicamente mala.

Un ser maligno saca de mi bolsa mi cartera ¡¡con mi vida entera!! Porque soy de las que no experimenta en cabeza ajena y lo trae T-O-D-O en el mismo lugar: billetes, tarjetas, identificaciones, oraciones, gift cards, ¡todo! Caos financiero. En menos de 20 minutos me meten 22 goles (esta vez voy a omitir la cantidad). Ahora sí me quiero morir. ¿Cuáles son las posibilidades de que te clonen una tarjeta y te roben la cartera en menos de dos meses? ¿QUÉ DIABLOS?

Ese día lloré una hora entera. Todo me daba coraje: haberme subido al Metrobús, haberme distraído, haber traído todo en la cartera, que nadie me hubiera avisado, que la señorita de Banamex se tardara 15 minutos en bloquear la tarjeta...

Entonces me fui a cenar con mi novio (después de ir al MP, claro está) y le dije: si todo en la vida es para aprender algo, para darnos una lección y transmitirnos un mensaje, ¿será que la vida está confundida con mi actitud? Porque por un lado le pido dinero, más y más dinero. Pero por el otro no lo valoro ni lo cuido como quizá debería.

¿Será que el universo no puede conspirar a mi favor porque está... confundido? Digo una cosa, pero actúo de otra. Así ni cómo ayudarme.

No hablo de una obsesión desmedida, pero sí de procurarlo. ¿Será que la vida me quiere traer los $300,000 pero no puede porque no valoro los $11,000? ¿Será que la vida quiere probar mi deseo de incrementar mis ingresos viendo qué tanto me interesa recuperar lo que me robaron? ¡Es una moncerga!, sí que lo es, pero nadie dijo que lidiar con grandes cantidades de dinero fuera fácil. ¿Cómo puedo manejar lo segundo si lo primero me resulta un completo fastidio que intento evitar a toda costa?

Así que fuera de hablar pestes de la seguridad de Banamex o de desearles el más podrido de mis deseos a los ladrones, quizá mi actitud debería ser de agradecimiento. Gracias por robarme sin violencia. Gracias por enseñarme a valorar mi dinero. Gracias por dejarme apreciar su energía. Gracias por sacudirme. Gracias por dejarme ver que para que llegue algo grande mañana tengo que agradecer primero lo que tengo hoy.

Ya entrados en gastos, gracias también por haberme dejado lo suficiente para pagar la renta. Porque el cuento de que "a Chuchita la bolsearon" seguro mi casera no se lo traga (aunque hubiera sido verdad).

*Después de hacer "mea culpa", la autora de este post ya le tocó a su vecina.

Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

También te puede interesar:

- Tecnoferencia, m.a.p.a., cibercondría y otros turbadores fenómenos que nos ocurren con la tecnología

- Los mexicanos aguantamos

- ¿Hay un secreto para que tu matrimonio dure 25 años o más?