EL BLOG

Causa y efecto... tomando responsabilidad

08/11/2016 8:01 AM CST | Actualizado 08/11/2016 11:01 AM CST
Ezra Jeffrey
Ezra Jeffrey para Stock Snap

"Me robaron las tapitas de los rines", le conté a Guillermo. "¡Qué barbaridad!", me contestó, "apenas te robaron los faros de niebla también, ¿que no?". "Así es", respondí. Lo peor del caso es que, queriéndome ver honesta, no fui a buscarlos a la Buenos Aires (colonia en la Ciudad de México famosa por vender autopartes, 99% seguro robadas), sino a la agencia. ¿En cuánto me cotizaron el chiste? En $15,000 pesos. La verdad, querido Mazda, no te voy a invertir esa cantidad para que en medio segundo te vuelvan a dejar sin foquitos. Además, ni niebla hay, ¡lo siento! Pero entonces ya sin las tapitas de las llantas, aún siendo 2015, se ve muy "traqueteado"; pareciera más viejo de lo que es.

via GIPHY

Entonces lo decidí. "Voy a robar cuatro tapitas de cuatro diferentes mazdas", le dije a mi novio, quien solo me veía con ojos de plato. "¿Qué?", expresó atónito. "Ni modo. Estoy cansada de estar en el lado del 'abusado', así que me voy a pasar al del 'abusivo' y me voy a robar cuatro tapitas", confesé nuevamente. "¿De gente inocente?", me cuestionó, "¿qué tal que el carro fuera mío?". "Mmm, pues sería una pena", respondí cínicamente.

Esa noche caminé dos cuadras y pensé algo muy twisted (retorcido), pero siento que al final del día es así como piensa la mayoría de los rateros en este país: "Dios mío", recé, "si es tu voluntad que me robe las tapitas, ponme un Mazda". No, no hubo ninguno, así que regresé a casa con las manos vacías y la conciencia... sucia. Lo cual me hizo reflexionar.

Los kabbalistas dicen, recordé mientras coloreaba un mantra, que todo en la vida es causa y efecto, acción y reacción, y que la trampa es el tiempo, por eso no hilamos una cosa con la otra. "Entonces Bianca", pensé para mis adentros, "si te quieres robar esas tapitas, róbatelas, pero sábete que tarde o temprano esa mala energía que genera hacerle daño a la gente —y a sus cosas— se te va a regresar". Mmmhh, eso ya no me gustó. ¡Suena cero seductor!, sobre todo si estás a punto de convertirte en ratera.

¿Cómo sería nuestro país si supiéramos que todo lo que hacemos (y dejamos de hacer) tendrá una consecuencia, sin importar si es un día, una semana, un mes, un año o una década después?

Mi tren de pensamiento fue más a menos así: no es que me vaya a ir al infierno por robar autopartes, pero es una acción 100% egoísta, que busca satisfacer únicamente mis necesidades ¡a costa de los demás! Además, al ser un acto deshonesto, me genera mala energía, mal karma, que más temprano que tarde regresará a mí y no precisamente en la misma proporción.

¿Valen cuatro tapitas mi tranquilidad? No. ¿Quiero generarme energía negativa en mi destino por ahorrarme unos cuantos pesos? No. ¿Prefiero que mi carro se vea lindo, aunque mi futuro oscuro? No. OK, entonces no lo haré. Renuncio a mi plan macabro de recobrar (a la mala) mis tapitas automotrices.

Cory Bouthillette

Ahora me pregunto: ¿qué pasaría si la educación en México fuera más por el lado de hacernos responsables de nuestras acciones en lugar de echarle la culpa de todo a Dios? ¿Qué pasaría si nos dijeran desde chiquitos que hacerle el mal a los demás, sea "pecado" o no, simplemente no nos conviene porque los que salimos perdiendo a la larga somos nosotros? ¿Cómo sería nuestro país si supiéramos que todo lo que hacemos (y dejamos de hacer) tendrá una consecuencia, sin importar si es un día, una semana, un mes, un año o una década después?

La trampa, verás, es que a veces pasa tanto tiempo entre una acción y una reacción que ignoramos u olvidamos la primera. Entonces sucede el clásico: "yo que soy tan buena, ¿cómo Dios permite que sufra?", o peor aún: "¿por qué me castiga de esa manera?". El problema, querido lector, es que Dios nada... Dios no es un ente malo que entra en cólera cuando nos portamos mal y nos manda a castigar. Dios es Amor y es Misericordia, punto. Los que nos castigamos somos nosotros mismos, porque actuamos bajo la premisa de querer tenerlo todo para nosotros solitos (nuestro placer y beneplácito), en lugar de quererlo todo para compartirlo con los demás (ponerlo al servicio del otro).

Todo lo que hacemos y dejamos de hacer tiene una consecuencia, nos acordemos o no de la acción que la originó. ¡Eso es lo de menos!

Te invito a que esta semana, hagas lo que hagas, pienses en las consecuencias. Si crees que tus acciones harán tu futuro más brillante, alegre, tranquilo y feliz, bien por ti, ¡adelante! Si no, como en mi caso, haz restricción. Reflexiona, piensa en los demás, visualiza lo que esa acción puede causar en tu destino... si no te gusta, ¡detente! Después de todo, eso es lo que nos hace diferentes de los animales, las plantas y las piedras: la voluntad, la inteligencia y la libertad, ¡hay que echar mano de ellas! Son nuestras herramientas, de manera que más vale que les demos buen uso, y frecuente.

La libertad no es ir por la vida haciendo "lo que se nos da la regalada gana", la libertad es ir por la vida escogiendo lo mejor. Y lo mejor lo identificamos a través de la conciencia. Escuchémosla con atención y hagámonos responsables. Solo así podremos crear un mundo mejor, sin víctimas ni victimizadores.

También te puede interesar:

- El estrés no es mi amigo.

- Nunca permitamos que el juicio de alguien más nos arruine el día.

- ¿El secreto para elevar tu autoestima? Tu diálogo interno.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.