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Trump ya superó a Andrew Johnson como el presidente más racista en la historia de Estados Unidos

Donald Trump es el presidente más racista en la historia de EU. Y ni siquiera hemos llegado al primer año de su gobierno.

17/08/2017 1:00 PM CDT | Actualizado 17/08/2017 4:47 PM CDT
Kevin Lamarque / Reuters
Donald Trump habla de los hechos en Charlottesville, Virginia, durante una conferencia de prensa el 15 de agosto de 2017.

El racismo ha sido un componente inherente de Estados Unidos desde antes de nuestra fundación como una nación impulsada por el trabajo de esclavos. Se cuece en los sistemas básicos que componen nuestra institución gubernamental y se inculca en todos los aspectos de nuestra sociedad. Y así como se requiere una lucha feroz y sostenida para curar un cuerpo con cáncer, se necesitará de un enfoque inquebrantable y determinación para librar a nuestro país de la enfermedad del racismo. Esto comienza con un "cirujano en jefe" que maneja el bisturí poderoso de la justicia en defensa de todo el conjunto de Estados Unidos.

Las recientes muertes y destrucción en Charlottesville y la inepta respuesta de nuestro presidente son solo los signos externos más recientes de una infección que afecta al alma misma de nuestra nación

Más de 48 horas después de que Charlottesville estallara en disturbios raciales, el presidente Trump respondió con una declaración que ya he criticado como muy poco y muy tarde. Luego, de alguna manera, cayó aún más bajo el martes. Todos contemplamos con un sorpresa aturdidora cómo el líder del mundo libre efectivamente anuló cualquier cosa positiva que hubiera dicho el día anterior. Cuando proclamó que ambos lados tuvieron la culpa, y que había gente buena entre los supremacistas blancos y los neonazis, jugó al peor denominador común de nuestra sociedad. Trump es un racista sin arrepentimientos. Apela a la base del racismo una y otra vez.

Estados Unidos está en un punto crítico. Trump será Trump: él no cambiará. Su patrón de racismo descarado no cambiará.

Aunque él no es el primer presidente en hacerse de la vista gorda respecto al racismo y, por lo tanto, estimular su crecimiento. El presidente Andrew Johnson (gobernó EU de 1865 a 1869, y asumió el cargo pocas horas después del asesinato de Abraham Lincoln) concedió amnistía a los confederados, usando los derechos de los estados como una pantalla para permitir que el racismo creciera e intimidar a las personas de color en los estados sureños. Después de la Guerra Civil (1861-1865), fue un firme opositor de las Enmiendas 14 y 15, que dieron a los negros igual protección bajo la ley y el derecho al voto.

Después de la conferencia de prensa del martes, podemos ver que Trump no solo se hizo de la vista gorda, sino que absolvió descaradamente a los terroristas domésticos —los supremacistas blancos, los neonazis— de sus indebidas acciones.

El racismo inherente que se vive en los sistemas estadounidenses surgió de la necesidad de legitimar, preservar y reemplazar posteriormente la esclavitud con formas menos obvias de sometimiento.

Hoy puedo afirmar, sin reparo alguno, que el presidente Donald Trump se ha consolidado firmemente como el presidente más racista que haya visto jamás esta gran nación .

Esta afirmación la baso no solo en sus particulares comentarios retrógradas del martes, sino en la larga historia de acciones de Trump, que hablan de sus ideas tan escandalosamente como lo hacen sus intolerantes palabras acerca de lo ocurrido en Charlottesville. Trump dice que le gustan los hechos, pero sus acciones e historia demuestran que para nada los toma en cuenta.

El objetivo de Trump es perpetuar un sistema que ya es sumamente adverso contra gente de color y logra ese objetivo alentando a su base blanca racista.

Recordemos que Trump saltó al protagonismo político con el asunto del lugar de nacimiento de Barack Obama, por años acusó incorrectamente a nuestro primer presidente negro de no ser estadounidense. Se aferró a su historia inventada con la mayor intensidad posible, con la esperanza de socavar la validez del presidente Barack Obama.

Trump no es solo racista, él es el rey de la conspiración —conjurando cualquier narrativa que se adapte a su plan maestro para llevar a este país a sus tiempos más despreciables, cuando la gente de color era ridiculizada, esclavizada y linchada de manera habitual. Cuando los hombres negros no podían votar y cuando los niños negros no podían ir a la escuela con niños blancos.

Joshua Roberts / Reuters
Una mujer deja un mensaje en el lugar donde fue atropellada por un supremacista blanco el 12 de agosto de 2017.

Jonathan Ernst / Reuters
Un artista trabaja en un mural en honor a Heather Heyer.

El objetivo de Trump es perpetuar un sistema que ya es sumamente adverso contra gente de color y logra ese objetivo alentando a su base blanca racista.

Mucho antes de esto, Trump convirtió una misión personal lo ocurrido en 1989, cuando pidió el castigo para cinco inocentes adolescentes negros que fueron acusados ​​erróneamente de violar a una mujer blanca en la ciudad de Nueva York. Hombres jóvenes que fueron absueltos de este crimen gracias a pruebas de ADN. Él invirtió 85,000 dólares en anuncios de página completa que se referían al grupo como "asaltantes y asesinos" y pidió la pena de muerte en cuatro periódicos de la ciudad. ¿El denominador común? Los adolescentes eran negros, y cuando un sospechoso es negro las conclusiones y las acusaciones se hacen independientemente de los hechos. Trump también alentó entonces a los racistas.

Las fuerzas de la fraternidad deben enfrentarse a los causantes de odio en esta batalla por el cuerpo y el alma de Estados Unidos.

Luego está la cuestión de su negativa a rentar departamentos a personas de color en los años setenta y ochenta, lo que provocó una demanda del Departamento de Justicia en su contra por discriminar a los negros. A continuación vemos la notable escasez de miembros negros en su gabinete en la actualidad. Y pensamos en su elección de Jeff Sessions como procurador general, a pesar del racismo que este mostró como procurador general en Alabama, cuando intentó enjuiciar a personas negras inocentes por fraude electoral, enfriando la participación de negros en unidades de registro de votantes.

Trump defendió su demora en desacreditar la violencia de Charlottesville el martes, diciendo: "No haces declaraciones así de directas a menos que sepas los hechos". Bueno, tenemos los hechos, y aquí está mi declaración directa: Donald Trump es el presidente más racista en la historia de Estados Unidos, y ni siquiera hemos llegado al primer año de su gobierno.

Si nos fijamos en la evidencia, observamos que él nunca ha valorado las vidas negras y nunca lo hará. Verlo de pie en un atril y pronunciando los comentarios que hizo el martes —los comentarios que provocaron que exlíderes del KKK como David Duke lo celebraran, declaraciones que alentaron aún más a los supremacistas blancos y neonazis— es asqueroso.

Tomado de Twitter

Gracias presidente Trump por su honestidad y valor para decir la verdad sobre lo ocurrido en Charlottesville y condenar a los terroristas de izquierda en el movimiento Black Lives Matter (las vidas negras importan)/Antifa

Estados Unidos está en un punto crítico. Trump será Trump: él no cambiará. Su patrón de racismo descarado no cambiará. Y su defensa explícita o tácita del lado más horrible de sus seguidores continuará alimentando y envalentonando a las las fuerzas más oscuras en nuestro país.

El cáncer de la supremacía blanca ocurre como metástasis en Internet y se extiende por nuestras escuelas y calles. Corresponde a todos los estadounidenses de moralidad, integridad y humanidad — republicanos y demócratas; blancos y negros; cristianos, musulmanes y judíos— denunciar la maldad que presenciamos en Charlottesville en los términos más claros y más fuertes posibles. Debemos proveer el liderazgo del que nuestro presidente carece.

Las fuerzas de la fraternidad deben enfrentarse a los causantes de odio en esta batalla por el cuerpo y el alma de Estados Unidos. Nuestro futuro como gran nación depende de ello.

Tim Dodson/The Cavalier Daily/Handout via REUTERS
Vigilia en honor de Heather Heyer.

Este artículo fue publicado originalmente la edición estadounidense de HuffPost. Luego fue traducido y editado.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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