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Las muñecas japonesas de amor

17/08/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 17/08/2017 6:00 AM CDT

BEHROUZ MEHRI via Getty Images
"Uno no espera un impacto emocional por un tema como este, y menos aún por una muñeca de silicona": Alastair Himmer.

Tokio – Parecía una idea maravillosa: escribir un reportaje sobre la vida de los japoneses que comparten su existencia con una amante de silicona. ¿Qué mejor historia sobre estilo de vida? Sin embargo, la experiencia tuvo un efecto perturbador tanto en el corresponsal de Sociedad Alastair Himmer como en el jefe de foto de la oficina de AFP en Tokio, Behrouz Mehri.

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El masajista Masayuki Ozaki pone en la cama a su muñeca sexual de silicona Mayu, en un hotel de la localidad japonesa de Yachimata, el 13 de junio de 2017.

Behrouz: Esta historia me traumatizó durante días. ¿Y quién no lo estaría después de pasar una noche en vela haciendo fotos de un hombre en la cama con su pareja artificial? ¡Una muñeca!

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Senji Nakajima lleva a su muñeca de silicona a la playa, en la prefectura japonesa de Chiba, el 14 de junio de 2017.
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Alastair: No es broma. Uno no espera un impacto emocional por un tema como este, y menos aún por una muñeca de silicona. En su momento parecía una buena idea: escribir una historia que echara un vistazo a la vida de algunos hombres japoneses con sus amantes de silicona. Como corresponsal de deporte y de sociedad en Japón, si esto no es un buen tema de sociedad, no sé cuál lo sería.

Confieso que no es la primera vez que me encuentro en una situación extraña. Una vez tuve que escaparme del rodaje de una película porno... pero aquello fue un juego de niños al lado de esta historia de muñecas sexuales.

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Masayuki Ozaki abraza a su muñeca de sililcona en un Motel, en la prefectura japonesa de Yachimata, el 13 de junio de 2017.

Pobre Behrouz... nunca antes se había enfrentado a una cosa de este tipo. Me siento fatal por haber hecho pasar por esto al jefe de foto, pero también tienen que comprenderme: llevaba casi nueve meses preparando este reportaje... Uno no se acerca a un tipo por la calle y le pregunta si puede sacarle fotos con su muñeca sexual. Hace falta crear los contactos apropiados, construir relaciones, establecer un vínculo de confianza.

Y no quería sabotear el fruto de todos estos esfuerzos con una cobertura sensacionalista, repleta de tópicos vulgares y burlones, sobre los japoneses que salen con sus muñecas de silicona. Así que cuando Behrouz me propuso que preguntara a uno de esos hombres, Senji Nakajima, si podía pasar la noche con él para ilustrar la historia, casi me atraganto con el café. Y sin embargo, cuando se lo propuse, Senji me dijo que estaba de acuerdo y Behrouz pasó la noche con él.

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Behrouz: Senji bajó un momento al supermercado y me dejó solo con cuatro muñecas sexuales en su apartamento minúsculo de Tokio. La situación era verdaderamente extraña, pero la escena se volvió aún más rara cuando se apagaron las luces. Me metí en mi saco de dormir, a pocos metros de la cama en la que Nakajima dormía con su muñeca favorita, Saori, y justo en el momento en el que pensé que no iba a pasar nada, Nakajima empezó a quitarse la ropa y luego se la quitó a ella. Al poco rato empezó a hacer el amor.... Claro que hice fotos, pero me encontraba en una situación no precisamente cómoda... Es lo menos que puedo decir.

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Alastair: Fui a casa a darme una buena ducha después de la entrevista con Nakajima, y cuando regresé a la mañana siguiente, encontré a Behrouz en un restaurante de hamburguesas con un aspecto completamente exhausto. No había cenado porque estaba demasiado ocupado haciendo fotos y le encontré picoteando una tarta de chocolate para desayunar.

Behrouz: Los días que siguieron a esta aventura me convertí en una persona diferente. Estuve realmente perturbado un par de días. No soy quién para juzgar a nadie, faltaría más, pero fue un momento bastante difícil para mí.

Alastair: Que quede claro que le dije a Behrouz que no hacía falta que pasara la noche con esa pareja.

Behrouz: Sí, pero había que mostrar esa intimidad para poder contar la historia. Es una historia de amor tanto para Nakajima como para el otro hombre del reportaje, Masayuki Ozaki, y se trataba de mostrar que son verdaderas.

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Senji Nakajima con su muñeca Saori bajo los cerezos en flor, en Yamanashi, Japón, el 13 de junio de 2017.
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Alastair: Hicieron falta muchas horas de conversación y de charla para que mis interlocutores se relajaran lo suficiente para compartir detalles íntimos de sus existencias. Ambos intentan superar, cada uno a su manera, episodios personales de su pasado y era importante mostrarlo, en texto y en foto, de una manera respetuosa.

Ozaki nos contó, por ejemplo, que su mujer y su hija, que viven bajo el mismo techo en compañía de su muñeca Mayu, ya se han acostumbrado a esta convivencia extraña. Y que su hija, al crecer, empezó a ponerse los vestidos de la muñeca Mayu que antes le quedaban grandes. Aún recuerdo también la voz entrecortada de Nakajima diciéndonos: "Nunca volveré a salir con una mujer de verdad. Pase lo que pase".

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Masayuki Ozaki con sus muñecas en su habitación, el 9 de mayo de 2017 en Tokio.

Behrouz: El día antes de llevar a sus muñecas a hacer surf han leído bien: surf, Nakajima y Ozaki pasaron la noche en un lujoso motel con camas redondas y réplicas de la Venus de Milo. Fui con ellos. Estaba tan absorbido por mi trabajo que acabé durmiendo acurrucado en un sofá de la habitación de Nakajima, en una especie de ménage à trois.

Recuerdo que, en un momento dado, los dos hombres decidieron darse un baño con sus muñecas en sus respectivas habitaciones al mismo tiempo, así que me vi obligado a ir corriendo de una habitación a otra para no perderme nada. Era mi primera experiencia en un hotel de este tipo y compartí una habitación con un hombre y con su muñeca sexual...

Alastair: Nunca podré perdonarme esto...

Checa en este video cómo es la convivencia las muñecas y sus dueños.

Este post fue publicado originalmente en AFP Focus y ha sido editado.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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