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La Bienal de Fotografía, una experiencia más multimediática que solo fotográfica

A esta exposición hay que entrar como si nunca hubiéramos sabido nada de la fotografía tradicional.

06/01/2017 2:14 PM CST | Actualizado 06/01/2017 2:14 PM CST

Sofía Ayarzagoitia. De la serie "Every night temo ser la dinner". Madrid, 2015-2016. Inyección de tinta sobre papel fotográfico.

Para cerrar el año con broche de oro, porque el 2016 para mí fue maravilloso, el 31 de diciembre me fui a ver la XVII Bienal de Fotografía al Centro de la Imagen. Para mi sorpresa vi el museo con bastante gente, más de la que me había imaginado, además, me dio gusto que era gente curiosa, interesada y admirada con el trabajo que se presenta en la exposición.

La Bienal de Fotografía es un concurso y exposición que se lleva a cabo en la Ciudad de México desde 1979 y desde 1994 en su sede actual, el Centro de la Imagen. El jurado elige dos trabajos ganadores (premio en efectivo de adquisición de la obra para la colección del CI), varias menciones honoríficas y otros tantos seleccionados para exposición a partir de una amplia convocatoria. En esta ocasión los premios fueron patrocinados por ARCA, una promotora cultural de Televisa dedicada a la producción, difusión y financiamiento del talento mexicano, principalmente enfocado en nuevas tecnologías y medios electrónicos.

Hay que preguntarse si el patrocinio de ARCA tuvo algo que ver en que esta exposición no sea tan fotográfica como multimediática. Mucho se ha discutido ya desde la inauguración de la presente edición de la Bienal sobre el criterio del jurado, se ha criticado la inclusión de otras disciplinas, se ha cuestionado la calidad de las obras (sobre todo las ganadoras) e incluso se ha señalado a los responsables de la "muerte de la foto". No quiero ahondar en detalles ni discusiones, yo creo que para disfrutarla, a esta exposición hay que entrar como si nunca hubiéramos sabido nada de la fotografía tradicional. Hay que verla sin expectativas ni prejuicios. Hay que ir con suficiente tiempo para apreciar las obras y leer las cédulas que la acompañan.

Si algo caracteriza a todos los trabajos de esta exposición es la importancia del texto en relación a la imagen.

En una curaduría impecable, Amanda de la Garza e Irving Domínguez han logrado un hilo conductor entre todas las obras y han sabido proponer una lectura tanto política como estética desde la fotografía. La Bienal ha dejado de ser una vitrina para mostrar autores, un escaparate de talento y un escalón a la fama. Se ha convertido en un discurso coherente, que desde la visión subjetiva de cada artista, propone un mapa tanto de la situación social de país como de las experiencias individuales de los creadores.

Pienso que las propuestas de los artistas están bien articuladas y que el hecho de ver instalaciones, videos, pintura, gráfica y en algunas ocasiones, grabaciones de audio, no rompe con ninguna regla del medio fotográfico, ni tampoco lo desmerecen, solo lo amplían. Tampoco hay que sorprenderse tanto ni escandalizarse, esto apenas nos ayuda a incluirnos en el diálogo con otros países en cuanto fotografía y arte contemporáneo se refiere, no nos pone a la vanguardia.

Si algo caracteriza a todos los trabajos de esta exposición es la importancia del texto en relación a la imagen. La ilustración de ideas es la principal estrategia de los artistas. Los creadores están haciendo imágenes desde un concepto que detona la producción del trabajo y están usando distintos medios para expresarla desde el lenguaje, pasando por la fotografía y culminando en la instalación.

El hecho de ver instalaciones, videos, pintura, gráfica y en algunas ocasiones, grabaciones de audio, no rompe con ninguna regla del medio fotográfico, ni tampoco lo desmerecen, solo lo amplían.

Los trabajos ganadores muestran dos tendencias mundiales de la fotografía contemporánea: la documental y la conceptual. Y aquí sí, vale la pena mencionar, que estos son de las pocas representaciones en la exposición que son pura y meramente fotográficas.

La primera, de Sofía Ayarzagoitia, Every night temo ser la dinner es una selección de fotos tomadas en distintas situaciones banales, azarosas y personales, en donde el uso libre de la cámara portátil y el flash directo rigen la estética del trabajo. Las imágenes son poderosas e incómodas, evitan todas las convenciones de la "buena foto" y de la estética comercial. Es un tipo de fotografía documental que parece más ficción que un fragmento de la realidad, un cuerpo de trabajo que juega con recursos de hórrido que otros autores, sobre todo europeos, han explorado desde los años noventa.

Sofía Ayarzagoitia. De la serie "Every night temo ser la dinner". Madrid, 2015-2016. Inyección de tinta sobre papel fotográfico.

Sofía Ayarzagoitia. De la serie "Every night temo ser la dinner". Madrid, 2015-2016. Inyección de tinta sobre papel fotográfico.

Sofía Ayarzagoitia. De la serie "Every night temo ser la dinner". Madrid, 2015-2016. Inyección de tinta sobre papel fotográfico.

Sofía Ayarzagoitia. De la serie "Every night temo ser la dinner". Madrid, 2015-2016. Inyección de tinta sobre papel fotográfico.

Las fotos se presentan como recurso para establecer una relación entre otros personajes, que son tanto humanos como animales vivos y muertos. El título, mitad inglés mitad español, juega y apunta al discurso del trabajo como un juego y como una reflexión sobre la mezcla de culturas.

El segundo premio de adquisición lo recibió Diego Berruecos por su obra 26 Used to Be Gasoline Stations in Mexico. La obra reúne una serie de 26 fotografías de gasolineras abandonadas y hace referencia directa la obra de Ed Ruscha de 1963. Dicha propuesta, la del norteamericano, era un libro de corte conceptual, que buscaba la creación de una colección sin ningún otro objetivo aparente.

Diego Berruecos. La Marquesa, Estado de México, de la serie "26 Used to Be Gasoline Stations in Mexico". México, 2016. Impresión gelatina de plata.

Diego Berruecos. Las Águilas, de la serie "26 Used to Be Gasoline Stations in Mexico". México, 2016. Impresión gelatina de plata.

Diego Berruecos. Viaducto, D.F. de la serie "26 Used to Be Gasoline Stations in Mexico". México, 2016. Impresión gelatina de plata.

Diego Berruecos. Miramar, Colima, de la serie "26 Used to Be Gasoline Stations in Mexico". México, 2016. Impresión gelatina de plata.

Aún así, sin un claro motivo, el libro de Ruscha se convirtió en uno de los hitos del arte conceptual y en una crítica al preciosismo de la fotografía clásica o al dramatismo de la fotografía documental a través de una serie silenciosa, parca y aparentemente sin estilo. Usando esto como punto de partida, Berruecos recrea las 26 gasolineras en un momento en donde el tema no puede estar más vigente y polémico. Con sus nuevas 26 gasolineras tiende un puente de diálogo entre la fotografía conceptual y la documental, de forma muy elegante toca el tema político sin caer en amarillismos.

Me gustaría seguir escribiendo de la exposición, pero mejor los invito a hacerse de una opinión propia y empezar el año pensando no en, sino desde la fotografía.

Centro de la Imagen

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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