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Nuestro presidente es Cruella de Vil

23/10/2017 8:00 AM CDT | Actualizado 23/10/2017 10:45 AM CDT

Richard Carson / Reuters

Henry Kissinger lanzó una vez la siguiente reflexión acerca de Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos entre 1969 y 1974: "¿Se imaginan cómo habría sido este hombre si alguien le hubiera querido?"

Esa reflexión sirve para rescatar el debate sobre qué papel desempeña lo innato y lo que se adquiere en el desarrollo de la personalidad, y me lleva a pensar en Donald Trump. ¿Por qué se siente tan inseguro que tiene que mentir sobre sus logros cada vez que se presenta la ocasión? ¿Qué tan duro fue su padre con él cuando era joven? ¿Llegó a pensar que nunca daría la talla? ¿Por qué concibe un mundo tan polarizado entre ganadores y perdedores? ¿Se trata todo de un juego de suma cero? ¿Acaso no existe ninguna situación en la que todas las partes implicadas puedan salir ganando? ¿Se imaginan que sus discursos como presidente fueran empáticos y cooperativos en lugar de vengativos y despiadados?

En su libro Trump: El arte de la negociación se jacta de que en una ocasión le pidió prestados a su hermano pequeño Robert unos bloques de construcción de juguete y sucedió lo siguiente: "Acabé usando todos mis bloques, luego los suyos, y cuando acabé, había creado un magnífico edificio que me gustó tanto que lo sellé con pegamento. Y ese fue el fin de los bloques de Robert". Según lo ve Trump desde su perspectiva de adulto, esa historia es una prueba clara de su implacable ambición.

Cuando Trump cursaba segundo de primaria, le asestó un puñetazo en la cara al profesor de Música: "[Lo hice] porque consideraba que el hombre no tenía ni idea de música y casi me expulsaron por ello. No me enorgullezco, pero es una prueba evidente de que ya tan joven tendía a hacerme valer y actuar con contundencia para que mi opinión fuera escuchada". Está claro que sí se enorgullece de ello y que no ha reflexionado sobre su falta de autocontrol. No obstante, teniendo en cuenta que su padre fue arrestado tras unos disturbios del Ku Klux Klan en Queens, en un barrio de Jamaica (Nueva York), se puede deducir que el autocontrol no era la prioridad en la familia Trump.

Cuando Trump cursaba segundo de primaria, le asestó un puñetazo en la cara al profesor de Música.

Ni siquiera la familia de Donald Trump escapa de sus ansias de venganza, si nos atenemos a una información surgida tras la muerte de su padre. El hermano mayor de Donald Trump, Freddy Jr., había muerto previamente debido al alcoholismo. Tras la muerte de su padre, su último testamento dejaba constancia de que tanto Freddy como sus descendientes habían sido desheredados. Pese a que la familia Trump había prometido hacerse cargo de los gastos médicos del nieto de Freddy, que padecía parálisis cerebral, Donald Trump decidió retirar toda ayuda médica cuando la familia de Freddy le demandó con motivo del testamento. Trump admitió en The New York Times: "Estaba enfadado porque me demandaron". Ni una ayuda médica para su sobrino-nieto con parálisis cerebral. La crueldad e insensibilidad de un acto así es increíble.

Recientemente, cuando expresaba sus condolencias a la viuda embarazada de un militar fallecido en combate, el sargento David T. Johnson, Trump presuntamente dijo que "ya sabía a qué se exponía cuando se alistó". También afirmó que el expresidente Obama no se había molestado en expresar sus condolencias, una acusación falsa.

La codicia de Trump y su explotación de otras personas es legendaria. Es como Cruella de Vil con los dálmatas. Solo hay que recordar la cantidad de subcontratistas explotados en sus proyectos o una de sus últimas estafas con la Universidad Trump, por la que el fiscal general de Nueva York le hizo pagar 25 millones de dólares de indemnización a los estafados. En una declaración jurada, Ronald Schnackenberg, exempleado de Donald Trump, afirmó: "Según mi experiencia personal y profesional, considero que la Universidad Trump suponía un plan fraudulento y que se aprovechaba de los mayores y de la gente sin estudios para despojarles de su dinero".

La filosofía política de Trump parece estar basada únicamente en oponerse y desmontar todos los logros de Obama. Quizás nunca se recuperó de la humillación verbal que le propinó el expresidente en la Cena de los Corresponsales en la Casa Blanca. Lo que está claro es que no sabe reírse de sí mismo.

Los republicanos controlan ahora el destino de los niños que protegía el programa sanitario CHIP. Acerca de la supresión de los subsidios de atención médica, Trump declara: "El Obamacare ya está muerto". Las clases obreras e incluso la clase media van a toparse ahora con un seguro sanitario muchísimo más caro gracias a que el presidente ha decidido suprimir los subsidios que necesitan. En el caso de algunos estadounidenses, el precio de sus seguros médicos se triplicará. En palabras de Nancy Pelosi en The New York Times, "es una medida de enorme rencor y falta de sentido que apunta directamente a las familias obreras y de clase media de todos los rincones de los Estados Unidos".

Al tiempo que la población de Puerto Rico lucha por sobrevivir tras la devastación que dejó el huracán María, Trump cargó contra su falta de autonomía: "¡No podemos mantener desplegados a los militares, a la FEMA [Agencia Federal de Manejo de Desastres] y a los primeros intervinientes en Puerto Rico eternamente!". Muchos puertorriqueños, ciudadanos estadounidenses, aún carecen de productos de primera necesidad como agua potable. Mofarse de Puerto Rico advirtiendo de la retirada de los recursos federales es salvaje y cruel.

El destino de los niños y jóvenes del programa DACA, creado por Obama, también está ahora en manos de Trump, así como diversos proyectos descabellados, como la construcción de su "muro alto y precioso" en la frontera con México. Años después, Trump sigue obsesionado con los bloques de construcción a costa de los Estados Unidos y sin tomar en consideración los temores de 800 mil jóvenes "soñadores".

Respondiendo a las palabras del republicano John McCain, que criticaba su "nacionalismo mal planteado", Trump amenazó así al senador, que está gravemente enfermo por un tumor cerebral: "Llegará el momento en el que decida contraatacar y no será agradable".

El presidente Trump transgrede nuevos límites cada día, destruyendo alianzas y profundizando las brechas de nuestra nación. Tenemos actualmente un adolescente vengativo en el despacho oval de la Casa Blanca que ve demasiada televisión y suelta sus rabietas por Twitter. Cada crítica, por pequeña que sea, centra su atención inmediata. Los asuntos políticos de interés general pasan a un segundo plano. A no ser que se haga mirar esos preocupantes impulsos de crueldad, estos cuatro años se nos van a hacer muy largos.

Este post fue publicado originalmente en el HuffPost Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.