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La corrupción mata

14/07/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 14/07/2017 6:00 AM CDT

MARGARITO PÉREZ RETANA /CUARTOSCURO.COM
El 13 de julio de 2017 se llevó a cabo la misa de cuerpo presente y entierro de Juan Mena y Juan Mena Romero, padre e hijo fallecidos por el accidente en el Paso Exprés de Cuernavaca.

En la tragedia del Paso Exprés de Cuernavaca se resume la corrupción que invade todos los ámbitos de la vida en México.

El paso exprés son un par de carriles por sentido que corren en dirección norte sur y permiten atravesar Cuernavaca sin, aparentemente, contratiempos.

Si bien reduce la convivencia entre el tránsito urbano y el de paso (principalmente turístico), desde su anuncio la vialidad fue duramente cuestionada por los habitantes de esa ciudad. Y, una vez concluida, por sus usuarios que la califican de estrecha, de no contar con acotamientos, de no tener salidas, de no contar con señalamientos.

Los 14 kilómetros de la autopista fueron planeados para tener un costo aproximado de mil millones de pesos por su complejidad, por ser un trazo urbano y por los cruces sobre barrancas y arroyos que hay que salvar a lo largo del recorrido. Todo ello duplicó el costo final de la obra.

En México nadie es culpable de las tragedias como la del Paso Exprés.

Tras varias interrupciones, retrasos y posposiciones en su construcción, el paso exprés fue abierto a la circulación el 1 de abril y oficialmente inaugurado por el presidente de la República cuatro días después.

Incluso antes de la inauguración, vecinos del barrio Chipitlán, contiguo al trazo del libramiento, advirtieron que la barranca que cruza por debajo tenía fuertes crecidas durante la época de lluvias.

Más grave aún, denunciaron, y hay registros en la prensa local, que en esta semana ya se registraban erosiones importantes en el punto exacto del deslave que se registró la madrugada del miércoles.

Incluso, el gobierno del estado de Morelos había realizado labores de sustitución del tubo que daba cauce a la barranca por debajo de la autopista, por uno más amplio.

Cuernavaca tiene la particularidad de haberse construido sobre una zona de montaña, por ello está sembrada de barrancas, arroyos y puentes. No toda la ciudad tiene redes de drenaje, sino que el agua que escurre de techos y calles va directo a los cauces provocando crecidas considerables.

Estos lechos obedecen las leyes de la naturaleza, permanecen como hilos de agua durante el estiaje y crecen exponencialmente durante la temporada de lluvias.

Ese fue el caso de la barranca de Chipitlán. Durante una lluvia que estuvo lejos de ser extraordinaria —y no estuvo asociada con un huracán o tormenta tropical en el Pacífico que suelen provocar precipitaciones torrenciales aún hasta Cuernavaca— el cauce creció durante varios días, desgastó el terreno, dio oportunidad a vecinos de percatarse del peligro, de advertir al gobierno local, al gobierno federal, de realizar protestas a pie de la carretera.

Y nada.

En una actitud digna ominosa, el secretario de Comunicaciones y Transportes del gobierno federal, Gerardo Ruiz Esparza, culpó a la lluvia, a la basura arrastrada por el cauce, al terreno que se reblandeció de la tragedia.

MARGARTIO PÉREZ RETANA /CUARTOSCURO.COM
Gerardo Ruiz Esparza, secretario federal de Comunicaciones y Transportes.

Según el funcionario, aún se debe analizar si es que acaso el consorcio constructor, tal vez, pudo ser, cabe la posibilidad, casi remota, de que incurriera en alguna irregularidad y omisión al construir la autopista.

Ruiz Esparza lanzó la declaración que en México se utiliza cada vez que sucede una tragedia y que prepara el terreno para que no haya responsables: "Se harán los peritajes correspondientes y de castigará a los responsables".

Un suspiro de resignación aflora entre quienes en México leen y escucha esa frase.

Y más cuando el funcionario —que forma parte del equipo que ha acompañado en la última década al presidente de la República— pone por delante su carrera de 48 años en el servicio público como garantía de que la tragedia tendrá culpables con nombre y apellido.

El consorcio constructor Aldesa Epccor asegura que su obra se realizó con los más altos estándares de calidad.

El gobierno del estado afirma que acusó mediante escritos oficiales a la SCT del inminente riesgo, y se lava las manos afirmando que hizo lo posible por evitar el desgaste del túnel de la barranca que pasa por debajo de la autopista.

MARGARITO PÉREZ RETANA /CUARTOSCURO.COM
"El consorcio constructor Aldesa Epccor asegura que su obra se realizó con los más altos estándares de calidad".

En México nadie es culpable de las tragedias como la del Paso Exprés. No hay quien responda ante la familia que perdió dos integrantes, de quienes se sabe que eran padre e hijo y que quedaron enterrados vivos en su auto.

Pareciera que en lugar de ser dos muertos provocados por una serie de errores con nombre y apellido, en realidad cometieron el error de entrar a una autopista y pasar por el lugar donde se hundiría la tierra.

En la lógica de Ruiz Esparza no está claro que la constructora y la propia SCT —encargada de supervisar la calidad de la construcción— sean los culpables del derrumbe en medio de la autopista, de la caída de toneladas de tierra sobre el auto, del rescate que duró horas, del desplome de enormes bloques de concreto que remataron al vehículo, de la asfixia de padre e hijo. Fue el destino. No la corrupción.

En México, encontrar un culpable de un acto de corrupción es casi imposible.

Tal vez por ello el secretario piense que medio millón de pesos de indemnización por cada fallecido es suficiente para remediar el dolor generado a la familia por esa "fatalidad" del destino.

Llamó la atención la celeridad con que la Comisión Nacional del Agua dijo que la lluvia del miércoles en Cuernavaca había sido la más alta registrada en la ciudad en un mes de julio, pues aún resta medio mes para hacer esa afirmación.

Llama la atención que se anuncie que la reapertura de la autopista exprés será en dos semanas, justo en plena época vacacional. Los turistas que irán en auto a Acapulco tendrían su paso exprés disponible para ir a vacacionar.

La muerte de dos personas en el Paso Exprés de Cuernavaca demostró una vez más que la tragedia es huérfana, que en México encontrar un culpable de un acto de corrupción es casi imposible. Y que la corrupción sí mata.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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