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Fin del TLCAN

Mientras más rápido asumamos esta realidad, menores serán los costos de transitar a una nueva etapa.

20/02/2017 7:37 AM CST | Actualizado 20/02/2017 10:48 AM CST
Daniel Becerril / Reuters
Un trabajador hace señas a los camiones que pasan por el control de aduanas fronterizo antes de cruzar a Estados Unidos en el Puente del Comercio Mundial, en Nuevo Laredo, México, el 28 de enero de 2017.

Perdemos el tiempo buscando renegociarlo. No estamos hablando de la actualización ordinaria de un pacto con un aliado estable y productivo. Donald Trump no desea mejorar el acuerdo con México; en ese caso, bastaría con usar los avances yanegociados en el TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica) con los Estados Unidos, entre otros países, como hoja de ruta de un "NAFTA reloaded". Pero el mundo de la profundización de Norteamérica como epicentro del liberalismo comercial global ha quedado sepultado con la retirada de Estados Unidos del TPP; y Trump va por más. Hay que hacernos a la idea de una buena vez. Lo que desea Trump es, entre otras cosas, limitar el libre comercio, y específicamente renegociar el TLCAN para frenar las exportaciones mexicanas a su país.

Además, percibiendo nuestra urgencia por salvar el TLCAN a toda costa, Trump buscará usarlo como chantaje para someter al gobierno mexicano en el resto de la agenda bilateral, particularmente la migratoria. Visto de esta forma, las iniciativas que buscan "castigar" a sectores productivos de los Estados Unidos que dependen de México para que ellos frenen a Donald Trump desde su congreso o sus estados parecen desenfocadas. Son estrategias que desde luego se deben preparar y desarrollar, pero no como amenazas comerciales orientadas a que la "renegociación del TLCAN" salga bien. Más bien, debieran pensarse como parte de un amplio menú de opciones estratégicas en una nueva etapa de la relación entre México y Estados Unidos.

Esta nueva etapa parte de reconocer que, después de su maduración, y en virtud de que no dará más que dolores de cabeza en el corto y mediano plazo, ha llegado el fin del TLCAN como instrumento central de nuestra interacción con los Estados Unidos. Es decir, más que renegociar con Trump, hay que prepararnos para salirnos pronto del TLCAN.

Quienes debemos creernos que México puede ser más próspero, libre y justo con o sin TLCAN somos nosotros, no los negociadores estadounidenses.

La salida de México del TLCAN no solamente es una opción táctica, una "amenaza creíble" para mejorar nuestra posición relativa en la negociación. Quienes debemos creernos que México puede ser más próspero, libre y justo con o sin TLCAN somos nosotros, no los negociadores estadounidenses, y debemos trazar ya la ruta de esa empresa. La salida de México del TLCAN no es tampoco un retorno al proteccionismo. Es la opción indispensable para evitar una negociación desastrosa con el gobierno de Trump, y la señal de arranque para las inversiones que necesitamos para incrementar nuestra competitividad y vinculación con el resto del mundo, con el cobijo de las reglas y aliados que pertenecen a la OMC.

Gracias al TLCAN, México es más competitivo que nunca, exporta más que nunca, y tiene una vocación global más sólida que nunca. Desde hace una o dos décadas, los niños mexicanos no saben lo que es la rebaba, y no han dejado de saber lo que son los baleros. Gracias además a las reformas que en lo político y social han ido acompañando al desarrollo del tratado, e incluso a pesar de muchas carencias que perduran, México puede aprovechar el momento para encabezar una agenda global de transformación del Estado y la economía para profundizar las libertades, la democracia, la legalidad, los derechos humanos y el acceso a la justicia, incluso con más vigor ahora que nuestros queridos vecinos del norte.

Y esta inversión, en la diversificación global y la profundización de la democracia, es la que nos dará más fuerza y legitimidad para cuidar de nuestros paisanos del otro lado de la frontera. Con o sin el dichoso muro.

Ha llegado el fin del TLCAN. Mientras más pronto asumamos esta realidad, menores serán los costos de transitar a una nueva etapa, y más podremos invertir en el diseño de un México más grande, fuerte, abierto y próspero que nunca, esté donde esté. En cada rincón de nuestro territorio, y en cada espacio del mundo donde se encuentre un mexicano.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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