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Ambición sin límites

05/03/2017 5:23 PM CST | Actualizado 05/03/2017 5:47 PM CST
� Naufal MQ via Getty Images

Burj Khalifa es el edificio más alto del mundo. Se alza al centro de una de las plazas comerciales más grandes del mundo, como símbolo de aspiración del gobierno quizás más ambicioso del mundo. Mohammed Bin Rashid Al Makhtoum, Jeque de Dubai, vicepresidente y primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos, encabeza un proyecto de transformación que aspira simplemente a que los Emiratos tengan el mejor gobierno del mundo, logrando resultados de liderazgo global en todos sus ámbitos. No discuto aquí el obvio saldo en libertades cívicas que implica un régimen monárquico eclesiástico. De poco nos sirve solazar con ello nuestras carencias. Me concentro mejor en las lecciones que ofrecen su ambición sin límites y su visión de futuro.

Sabedores de que la transición energética hará irrelevante su poderío petrolero en el mediano plazo, han convertido ya a su país en una capital turística, comercial y financiera global. Conscientes de que su perspectiva de género resulta inadmisible a la civilización occidental, su gobierno cuenta con casi una decena de ministras en el gabinete, ¿cuántos sexenios tenemos que juntar nosotros para llegar al mismo número? Atentos al reto de integración cultural que tendrá una nación en la que más del noventa por ciento de una población creciente es extranjera, están explorando una concepción del islam más incluyente y moderna con el apoyo de innovadores sociales. Seguramente algunas de estas reformas serán más profundas que otras. Pero la magnitud y rumbo que se han trazado, y el deseo explícito de construir su futuro, son innegables.


Su gobierno cuenta con ministerios de futuro, innovación y de felicidad. Han instalado un Consejo de Ciencias que tiene como meta obtener premios Nobel. Tienen una de las tasas de crimen más bajas del mundo, el tiempo de respuesta a emergencias más breve, y entre sus logros, la prisión local financió el año pasado una patente científica para un grupo de sus reos. Si le pregunta a un instructor de protección civil sobre el contenido de los cursos que imparte a los cadetes del servicio de bomberos, la respuesta inicia explicando que los Emiratos tienen el objetivo de ser el país más seguro del mundo.

Conscientes de que su perspectiva de género resulta inadmisible a la civilización occidental, su gobierno cuenta con casi una decena de ministras en el gabinete.

El contraste con México es evidente. Y no es solamente el resultado de que acá exista prensa libre y sea afortunadamente fácil criticar a los políticos y destacar las carencias. Es también porque los liderazgos actuales siguen pensando que es mejor construir futuro destruyendo lo que nos ofende, que imaginando lo que nos entusiasma.

Con razón, nos indignan muchas cosas: la corrupción, la impunidad, la pobreza, la injusticia. Es indispensable diagnosticar sus causas con rigor científico y apego a la verdad. Pero dedicamos demasiado tiempo a combatirlas, y hasta tenemos think tanks especializados en el recuento de las tragedias. Ponemos mucho más esfuerzo en ello que en reconocer nuestras fortalezas y grandezas, y sobre todo, a reimaginar los límites de lo que podríamos lograr. A eso sí se dedica, todo el tiempo, el liderazgo emirati.

Quizás de aquí al 2018 habrá coraje para plantear una convocatoria creativa, basada en el orgullo, entusiasmo y esperanza de ser mexicanos en este primer cuarto del siglo XXI. Yo le veo eco en muchísimas personas que sabemos que México es una casa grande, amplia, resiliente; que hemos ido construyendo espacios para la realización de más personas que nunca en nuestra historia, y que contamos con todos los activos para hacer a nuestra casa infinitamente más generosa con su pueblo y con el mundo.

Y casualmente, es también el discurso, creo yo, que puede sacar la contienda del 2018 de la innecesaria polarización entre el establishment y el anti-establishment. Entiendo bien por qué se perfilan esos dos polos en la disputa. Pero me niego a pensar que sean preferibles o ineludibles. La política es, en su expresión más potente, la redefinición de una narrativa.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.



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