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¿Y si la CDMX se está enamorando de los narcos?

26/07/2017 9:00 AM CDT | Actualizado 26/07/2017 4:56 PM CDT

Pedro PARDO / AFP
Disturbios recientes en Tláhuac relacionados con Felipe de Jesús Pérez Luna, 'El Ojos'.

Diciembre del 2002. Scott Lee Peterson denunció que su esposa embarazada de ocho meses había desaparecido en California, EU. El caso atrajo la atención de la prensa estadunidense; el 13 y 14 de abril del 2003 encontraron, en distintas ubicaciones, los cadáveres de la mujer y el feto. Scott mismo los había asesinado. Luego de sus apariciones en TV como denunciante, y después como sospechoso, Scott ya era célebre. Unas horas después de su ingreso a prisión, recibió su primera carta; en ella venía envuelta una propuesta de matrimonio. No es la única propuesta que ha recibido mientras espera que la pena de muerte termine con su existencia.

Es esa atracción que ejercen algunos criminales. Los psicólogos la han llamado hibristofilia. Y como sociedad, en México podríamos padecer algo parecido. Basta con ver los videos del cortejo fúnebre de Felipe de Jesús Pérez Luna en Tláhuac, donde cientos de personas lo vitoreaban y gritaban 'se ve, se siente, Felipe está presente'. Sí, 'El Ojos'.

(VIDEO: Manifestaciones de apoyo a 'El Ojos', a partir del minuto 1:15)

Sheila Isenberg, una periodista neoyorkina que compiló varias entrevistas con mujeres que padecen hibristofilia y las publicó bajo el título de Women Who Love Men Who Kill (Mujeres que aman a los hombres que matan) en 1991, sostiene que la gran mayoría de sus entrevistadas tenían una historia de relaciones de abuso y violencia. Y acá la conexión: si como sociedad padeciéramos una desviación similar, ¿quién representaría a nuestras parejas abusivas y violentas? Pues sí: los gobiernos en sus distintos niveles.

Está claro que es una analogía forzada, lo admito, pero que deja ver desde una perspectiva distinta qué ocurre donde el Estado deja de funcionar. O dicho en una frase de La silla del águila que Carlos Fuentes le atribuye a Gustavo Díaz Ordaz: 'Los caciques son indispensables, donde hay vacío de poder, entra el cacique y lo ocupa'. Y el narco cacique, una figura que hasta hace algunas semanas parecía exclusiva del México de tierra adentro, está en la capital del país y no solo la habita, sino ya toma el control de algunos de sus órganos.

Tláhuac, una delegación que todavía en muchas de sus colonias conserva un aire de pueblo del interior de la República, es un caldo de cultivo perfecto para este fenómeno. Alejada de las zonas donde se toman las decisiones que afectan la vida de los habitantes de la CDMX, hasta hace poco escasamente comunicada con el resto de la ciudad (de no ser por la tristemente célebre línea 12 del Metro) y ajena a las iniciativas de inversión urbana de otras zonas, la demarcación padeció por décadas un olvido selectivo por pesar relativamente poco como botín electoral. De hecho, Tláhuac hasta hace poco no destacaba en el mapa de la actividad delictiva.

El narco cacique, una figura que hasta hace algunas semanas parecía exclusiva del México de tierra adentro, está en la capital del país y no solo la habita, sino ya toma el control de algunos de sus órganos.

Luego de recopilar testimonios de pobladores, cuya identidad no revelaré por motivos obvios, es fácil entender la ruta del apoyo a 'El Ojos'. La gente sabía de sus actividades, y lejos de mantener un régimen de terror, como consignaron algunos medios, llegó a imponer orden frente al reciente y caótico crecimiento poblacional.

Ante la escasez de transporte público hacia las colonias populares, la 'solución' fueron los mototaxis que hacían base fuera de las estaciones del metro Nopalera y Zapotitlán. Así mataba varios pájaros de un tiro: mantenía un férreo control de la logística y seguridad de sus operaciones y al mismo tiempo resolvía, a su manera y generando 'nuevas fuentes de empleo', un problema que el gobierno simplemente ignoró.

Cerca de su base de operaciones había un tianguis que él controlaba (incluyendo la seguridad de los compradores), y ahí hay venta de mercancías ilegales, principalmente objetos robados. Un testigo me dice que su grupo frenó, a medias, la expansión de la delincuencia que se genera desde el campamento del Frente Popular Francisco Villa en avenida Canal de Chalco, donde no hay autoridad que ejerza control.

PEDRO PARDO/AFP/Getty Images
Integrantes de la Marina en Tláhuac, el 20 de julio de 2017.

El testimonio que más me reveló fue el de una vecina que sostiene que el grupo de 'El Ojos' aportaba fuertes cantidades de dinero a las fiestas patronales. Como sucede en varias regiones en el centro del país, Tláhuac tiene una división no oficial, desde la época prehispánica, que separa a los pueblos, y en este caso son siete.

Cada pueblo tiene sus fiestas anuales basadas en las fechas que la tradición católica le asigna a los santos patronos, y los encargados de organizarlas son los mayordomos, que ejercen de facto la figura de una autoridad. Estos compiten por hacer la mejor celebración y ahí fluyeron cantidades importantes de dinero desde la organización de 'El Ojos'. En los últimos años, los bailes populares de algunos de algunos pueblos estuvieron amenizados por grupos musicales que en otras circunstancias habrían sido impagables. El narco como promotor de actividades recreativas del pueblo; el Estado como testigo complaciente.

Nos guste o no, 'El Ojos' ejercía en la práctica algunas funciones de gobierno.

Ocultar eso era imposible. ¿Acaso Miguel Ángel Mancera, quien como procurador de la ciudad nos hablaba histriónicamente desde 2011 de la organización llamada 'La mano con ojos' (y de donde sale este 'Ojos' del que hablamos) no dio seguimiento a sus operaciones ya como jefe de gobierno? ¿O acaso el jefe delegacional no hizo sino presentar un reporte ante la Asamblea para dar cuenta de los frecuentes balazos al aire que los miembros de la organización lanzaban para celebrar cuando organizaban fiestas?¿Decir que no estaba en el ámbito de su competencia lo exoneraba? ¿Qué hizo la procuraduría capitalina para detener los múltiples asesinatos atribuidos a la organización? ¿Cómo y por qué tuvo que entrar la Marina a ejercer la acción gubernamental contra Pérez Luna si no era un cártel? ¿Qué hará la procuraduría con los sucesores en la línea de mando del grupo? ¿Será que están negociando en lo oscurito la estrategia de comunicación, acción y posiciones los partidos políticos que están detrás de los funcionarios involucrados pensando en las elecciones del año que viene para administrar los daños? ¿Qué harán con el descontento social que se genera por el vacío de poder en la zona?

Nos guste o no, 'El Ojos' ejercía en la práctica algunas funciones de gobierno; nos guste o no, tenía simpatizantes que veían en él una efectividad que las autoridades estaban lejos de alcanzar. No se trata de justificar esa simpatía, pero condenarla por el simple hecho de ser incorrecta es cerrar el caso sin combatirlo.

Todos sabemos, incluyendo a los mismos simpatizantes, que se trataba de un criminal que estaba involucrado en unos 30 asesinatos... pero tenía poder, era temido, respetado y tolerado presuntamente hasta por algunas autoridades. Sí, ejercía cierta atracción en algunos, al grado de que lo consideraban mejor que el gobierno para llevar el control de la vida pública. La sociedad actuando como si padeciera hibristofilia gracias al descuido de quien en teoría tendría que protegerla y garantizar mejores condiciones de vida. ¿Qué nos pasa?

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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