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Hablemos en serio: ¿en verdad cayó Duarte?

20/04/2017 7:00 PM CDT | Actualizado 21/04/2017 11:34 AM CDT

Luis Cortés/EL UNIVERSAL

La primera foto no fue la esperada. El exmandatario veracruzano apareció sonriendo al interior del automóvil en el que fue trasladado a prisión inmediatamente después de su detención, en un hotel de Guatemala. Algo estaba mal, la caída de Javier Duarte de Ochoa merecía otra imagen. Una que, al menos, nos hiciera olvidar precisamente esa sonrisa burlona que mostró más de una vez frente a las cámaras de televisión, minimizando las –cada vez más crecientes- acusaciones de corrupción y enriquecimiento ilícito que pesaban en su contra.

Pero no. Duarte apareció con la misma sonrisa que le mostró a la madre de una joven desaparecida que lo enfrentó en Orizaba, en octubre de 2015.

Esa no podía ser "la foto". Parecía que tenía todo bajo control. Incluso, entre periodistas y partidos de oposición comenzó a circular la versión de una posible negociación con el gobierno federal para su entrega. Si no ¿Cómo se explica entonces su detención y no la de su esposa o su suegro, señalados como cómplices? ¿Por qué la PGR decidió extraditarlo y no exigir su deportación? Eso lo hubiera devuelto a México de inmediato. Si no hubo negociación, entonces ¿Por qué sonríe?

El gobierno federal negó todas esas acusaciones e, incluso, el presidente Enrique Peña Nieto mostró su extrañeza con una frase típicamente mexicana: "No hay chile que les embone".

Pero finalmente llegó la foto. El Periódico El Universal publicó la maravillosa imagen de Javier Duarte de Ochoa en el suelo, tras haber resbalado antes de bajar del camión de policía que lo transportó al juzgado donde se negó a ser extraditado.

Esa foto sí mostraba a Duarte fuera de su centro, desequilibrado, frágil, en el suelo. Esa era "la foto" para el titular que todos queríamos ver: ¡Cayó Duarte!

El exgobernador de Veracruz encarnó lo peor de la clase política. Durante su gestión escaló la violencia, aumentaron los asesinatos y la impunidad y la deuda pública aumentó a niveles nunca antes vistos, mientras y él y sus colaboradores se enriquecían escandalosamente. La caída de Duarte, entonces, fue vista por muchos como una pequeña victoria de la sociedad de a pie, ante los abusos de la clase política.

Pero su detención no es más que una aspirina ante la enfermedad que representan la impunidad y la corrupción en nuestro país. En nuestro país hay muchos, muchísimos duartes. Por eso, frente a la apabullante corrupción que tenemos, el encarcelamiento de uno de ellos sabe a poco.

¿Qué pasa con su red de corrupción? Me refiero, por ejemplo, a los cinco diputados priistas señalados por desviar decenas de millones de pesos por medio de empresas fantasma en el sexenio duartista. Y esa es la punta del iceberg.

La caída de Duarte no es cosa menor, pero demuestra que la justicia, en estos casos, sigue siendo selectiva. Ejemplos sobran.

Fidel Herrera, antecesor y padrino político de Duarte, tras un sexenio político plagado de irregularidades y acusaciones, incluso de vínculos con el narcotráfico, fue 'premiado' con el Consulado General de México en Barcelona, una de las ciudades más bellas del mundo. Aunque renunció para enfrenar nuevas acusaciones en el estado que gobernó.

El expresidente nacional del PRI, Humberto Moreira fue exonerado por su hermano y sucesor, el gobernador de Coahuila, Rubén Moreira. Todo queda en familia. Juan Sabines, exgobernador de Chiapas, quien fue acusado públicamente por su sucesor de diversas irregularidades financieras en la entidad, es ahora cónsul en Orlando.

El antecesor de Enrique Peña Nieto en el gobierno del Estado de México, Arturo Montiel Rojas, a quien Germán Dehesa dio marcaje personal por sus corruptelas en su columna del periódico Reforma, sigue participando de la vida política mexiquense.

Mario Marín, el Gober Precioso de Puebla, también goza de total libertad pese a todos sus escándalos, incluida la detención irregular de la periodista Lydia Cacho.

Tomás Yarrington y Mario Villanueva, exmandatarios de Tamaulipas y Quintana Roo, respectivamente, están detenidos pero, en este caso, son acusados de vínculos con el narcotráfico en investigaciones que, en buena medida, corrieron a cargo del gobierno estadounidense.

Permanecen detenidos el panista Guillermo Padrés Elías y el tabasqueño, Andrés Granier Melo; mientras que el exmandatario de Chihuahua, César Duarte, se encuentra prófugo. El expanista hidrocálido Armando Reynoso, fue condenado pero no cumple su condena en la cárcel.

La lista debería incluir, por ejemplo, a Roberto Borge, Rodrigo Medina, Fausto Vallejo, Ulises Ruiz, Eugenio Hernández, Ulises Ruiz y algunos más. Y solo hablamos de gobernadores, sin tomar en cuenta a líderes sindicales, legisladores y funcionarios públicos de los tres poderes tanto locales como federales, con riquezas cuestionables.

Las esperanzas estaban puestas en el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción. Sin embargo, aún no tenemos fiscal. Peor aún, el PRI y el Gobierno Federal no quieren realizar las modificaciones necesarias a la ley para otorgar un nuevo marco legal que garantice la fortaleza, independencia y autonomía del nuevo Fiscal Anticorrupcion.

Es verdad, Javier Duarte cayó y es una buena noticia. La mala es que los otros Duartes siguen sonriendo.

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