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En el gobierno federal, el último cierra la puerta

12/01/2018 12:00 PM CST | Actualizado 12/01/2018 3:14 PM CST

Edgard Garrido / Reuters
Miguel Ángel Osorio Chong, Enrique Peña Nieto, José Antonio Meade y Luis Enrique Miranda Nava apenas el 7 de septiembre de 2016, cuando el presidente anunció cambios en su gabinete.

En cualquier proyecto, el último tramo del camino es fundamental para la consecución de los objetivos planteados al inicio. Este 'último jalón' requiere del compromiso de todos los miembros del equipo para llevar a buen puerto el objetivo trazado.

Esta premisa debería aplicarse en todos los ámbitos, sin embargo, en política, nada está más lejos de la realidad; y, como ejemplo, una brevísima mirada a los cambios en el gabinete presidencial de los últimos meses.

Todo comenzó a finales de noviembre, cuando José Antonio Meade Kuribreña renunció a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para ser designado precandidato único a la presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional y sus aliados. Una salida natural y comprensible en términos de vocación política

Este movimiento provocó otro cambio importante, pues José Antonio González Anaya dejó la dirección de Pemex para ocupar el hueco que dejó el ciudadano Meade.

Le siguió, pocos días después, el secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer, uno de los principales operadores políticos del presidente, Enrique Peña Nieto, quien se convirtió en el coordinador de la campaña presidencial. El titular del Instituto Mexicano del Seguro Social, Mikel Arriola Peñaloza, también renunció para convertirse —para sorpresa de propios y extraños— en el precandidato (también único, como mandan los cánones priistas) a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.

Esta semana llegó otro sensible movimiento en otra zona sensible del gobierno federal, con la renuncia de Miguel Ángel Osorio Chong a la Secretaría de Gobernación.

El exgobernador de Hidalgo buscará dirigir la bancada priista en el Senado de la República durante la próxima legislatura.

En su lugar es ocupado ya por Alfonso Navarrete Prida, quien en este nuevo enroque abandonó las oficinas de otra sensible cartera, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

Navarrete Prida, aunque estará en el cargo apenas unos meses, llegó a Bucareli con la escoba en la mano y realizó, al menos, una decena de cambios en instituciones de enorme trascendencia para la seguridad del país, entre ellos, la División de Inteligencia Policía Federal y la dirección del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), por cierto, ahora a cargo de Alberto Bazbaz, el fallido fiscal del Estado de México durante el 'caso Paulette'.

Luis Miranda, otro destacado operador político del peñismo, también renunció a la Secretaría de Desarrollo Social, para integrarse a la campaña presidencial priista, abandonando otra importante cartera del gobierno federal.

Políticos al fin, los exsecretarios buscarán continuar con sus carreras más allá de este sexenio.

No obstante, cabe decir que todos ellos dejan sus cargos con más pendientes que logros, pues no podemos olvidar que las grandes deudas que tiene esta administración son, precisamente, en materia económica, combate a la seguridad y la pobreza.

Este 'baile de corrales' —si se permite el término taurino— pone en tela de juicio el propósito de año nuevo que anunció el presidente, Enrique Peña Nieto, a su vuelta de las vacaciones decembrinas: convertir el 2018 en el año de la cosecha.

Por el contrario, las señales indican que este sexenio ya se terminó... y que el último cierre la puerta.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.