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Querer al Gordo hace bien

La periodista mexicana Alejandra Musi describe a Guillermo de Toro en el día a día: "Es de esas personas que hace bien tener como referente en la vida".

08/01/2018 6:00 PM CST | Actualizado 09/01/2018 8:50 AM CST

Lucy Nicholson / Reuters
Guillermo del Toro al ganar el Globo de Oro en la categoría de Mejor Director por "The Shape of Water".

Lo maravilloso de Guillermo del Toro es que es un genio con corazón. De los que no pierden el rumbo cuando los reflectores son muy fuertes y que siempre tiene tiempo para lo que realmente importa. Como para los estudiantes que le dan la vuelta al mundo con su guión bajo el brazo con la esperanza de encontrárselo en el lobby de un hotel, los jóvenes a los que les dará una beca para poder estudiar en la mejor escuela de animación de París o para poner su Twitter al servicio de las personas afectadas cuando ocurre una desgracia y se pasa horas —bueno... días—, retuiteando —y atendiendo— peticiones de ayuda.

Lo extraordinario de las muchas historias que las personas tienen con Guillermo es que estas son siempre buenas. La mía no es la excepción.

Conocerlo ha sido de las mejores experiencias que me ha dado mi profesión. Ya había tenido oportunidad de entrevistarlo cuando hizo El espinazo del diablo en una mesa redonda con otros periodistas. Sí, la típica entrevista de "tienes 20 minutos, pelea por poder hacer la pregunta, ok se acabó el tiempo" y aún así me pareció encantador.

Querer al Gordo te reconforta y te reconcilia con la raza humana porque te demuestra que el éxito no está peleado con tener los pies en la tierra.

Sin embargo, fue hace más de 15 años, en mis primeras andanzas por la Muestra de Cine de Venecia, cuando empecé a descubrir al gran ser humano que hay en él. Iba caminando por la calle de Santa María Elisabetta en el Lido cuando me llamó la atención un grupo de adolescentes que habían creado un círculo espontáneo y en medio de él había una persona firmando libretas y trozos de papel.

Era Guillermo del Toro que, después me dijo, había decidido salir a dar una vuelta y nunca imaginó que lo reconocerían. Ese día me quedé observando cómo Guillermo con paciencia, además de estampar su firma en cada uno de los materiales improvisados, les dibujaba un monstruito y les preguntaba a qué se dedicaban y qué les gustaba hacer. No se movió hasta que terminó de hablar con todos. Tampoco perdió la sonrisa. Iba solo, sin publicistas, relaciones públicas, colegas, representantes o cualquier parafernalia que suele rodear a los que son famosos —y los que no lo son tanto— en los grandes festivales.

Cuando terminó me acerqué a saludarlo, me llamó por mi nombre y me dio un abrazo. Yo no lo podía creer. Lo acompañé hasta el Hotel Excélsior en donde tenía una junta, luego un evento, después una premiere o una cena, da igual, su agenda explotaba. Mentiría si digo que recuerdo lo que hablamos, pero nunca olvidé cómo me hizo sentir: como una más del clan.

Fue tan familiar el encuentro que me apenó pedirle una entrevista y romper el encanto. Accedió de inmediato. Sin complicaciones, sin darme el email de treinta personas para sacarse el compromiso de encima. "Me estoy quedando en este hotel, este es el número de mi habitación. Llámame mañana a partir de tal hora y arreglamos aunque sea un ratito para un café. No tengo mucho tiempo pero me hago un hueco". Y así fue.

Alejandr Musi
Después de entrevistarlo en el Festival de Cine de Toronto 2017 al que Del Toro llegó desde Venecia tras ganar el histórico León de Oro por 'The Shape of Water'.

Salvador Franco
Cannes, 2007. Con Salvador Franco, el Gordo y Alfonso Cuarón. Fue el nacimiento del 'Mexican Power'.

Al día siguiente nos sentamos en la terraza del Hotel des Bains y hablamos mucho y de todo: de sus monstruos, del pacto que hizo con ellos para que lo dejaran de asustar, de lo difícil de hacer cine fantástico, de nuestro México, etc. Pasaron los años y los festivales. Y siempre que lo veía, la historia se repetía: Guillermo el que está horas dando autógrafos y cerca de la gente, Guillermo el que sonríe, te abraza con afecto, te da la entrevista imposible, te habla con honestidad.

Llegó Cannes 2007 en donde los llamados "tres amigos": Cuarón, Inárritu y Del Toro coincidieron presentando Cha Cha Cha Films. El Mexican Power comenzaba. Fue el año en el que Simón Bros, un gigante de la publicidad, también presentó Malos hábitos, su opera prima como director. Y por azares del destino y la tremenda generosidad de Bros acabé cenando con Del Toro y otros amigos periodistas en un acogedor restaurante de la Riviera francesa.

Fue una noche memorable. Un buen amigo que estuvo ahí siempre me dice que el sitio era espectacular pero yo solo me acuerdo de la clase magistral de cine que nos dio Guillermo, quien sentado a mi lado izquierdo, no paró de contarnos anécdotas y hacernos reír. Nuevamente: nos hizo sentir parte del clan, de esta tribu extraña, complicada y en ocasiones atormentada que somos los cinéfilos. Desde ese día decidí que el Gordoera mío. Que aunque no se acuerde de todos estos detalles (pues estoy convencida de que es así con toda la gente que lo rodea, que se acerca, que lo quiere, que lo busca), es de esas personas que hace bien tener como referente en la vida. Seguirlas, respetarlas, alegrarse por sus triunfos, sentirse parte de sus batallas, estar cerca.

Querer al Gordo te reconforta y te reconcilia con la raza humana porque te demuestra que el éxito no está peleado con tener los pies en la tierra, que se puede conectar con el otro siempre.

Y es que todos los que conocen a Del Toro no solo tienen una selfie con él, también lo quieren, lo sienten suyo y siempre hablan de su generosidad. El Gordo es de todos: de Iñárritu cuando estaba haciendo Amores perros y sentía que la película no acababa de cuajar así que Del Toro, sin conocer bien a Alejandro, preparó una maleta y se lanzó un fin de semana a casa de el Negro para ayudarlo a hacer los últimos ajustes de edición. O cuando le dio el final de Y tu mamá también a Cuarón o lo impulsó a hacer Harry Potter porque Alfonso no se decidía.

Pero también es de los jóvenes cineastas que sueñan con tener una oportunidad, de las personas que conforman sus sets felices, de los amigos que tienen la suerte de escucharlo hablar de cine y compartir su pasión por la buena comida, de los que necesitan un buen referente, un ganador que no los va a defraudar. Ese es el verdadero Guillermo. Y se lo merece todo. Nuestro Gordo.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.