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Más heroínas, menos princesas

19/06/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 19/06/2017 9:37 AM CDT

Yuryimaging via Getty Images
Las niñas de hoy deben de poder aspirar a tener incluso la vida del príncipe azul (si así lo deciden).

Hace unos meses escuché a Laura Manzo en un foro de mujeres mencionar un tema que me dejó boquiabierta. Y es la reflexión sobre el hecho de que una gran cantidad de mujeres están dispuestas a intercambiar su inteligencia, valentía, liderazgo, espíritu de aventura y otras virtudes a cambio de belleza.

Me llamó mucho la atención esta reflexión porque nunca me había puesto a analizar este tema. Creo que esto puede estar relacionado con que desde que somos muy pequeñas vemos en las caricaturas que las mujeres descubren su valor personal al encontrar a su príncipe azul. Antes de encontrarlo están de alguna forma "encarceladas" y cuando por fin se casan, viven felices para siempre.

Me acuerdo de la historia de La Cenicienta en donde ella logra independizarse y realizarse no por su capacidad, trabajo ni diligencia sino por su juventud, manera de vestirse y por su gran belleza. De hecho, al príncipe azul nunca le importó si ella tenía sueños propios, ilusiones o deseos de cambiar al mundo, sino que solo le importó que era la más bonita de la fiesta. Después de identificarla y de enamorarse perdidamente sin intercambiar palabra alguna, estaría dispuesto a buscarla con el ahínco necesario y a diestra y siniestra para finalmente pedir su mano y vivir a su lado para siempre. Cabe mencionar que a Cenicienta nunca le importó tampoco conocer al príncipe o sus valores sino sólo el hecho de que fuera el príncipe.

Las mujeres somos mucho más que aquello que se puede apreciar con los sentidos y mucho más que nuestra juventud.

Durante todos los años de aislamiento, las futuras princesas de los cuentos viven una vida sujeta al cumplimiento puntual del "deber ser" y alejadas de la gente y de su felicidad. En esos años de ostracismo ellas cuidan de su belleza mientras que los príncipes pasean en el bosque, se divierten con sus amigos y tienen sueños de grandeza. Es únicamente por casualidad que se encuentran con una mujer muy hermosa en su camino que hace que ellos quieran cambiar su vida y se motiven a rescatarlas del malo del cuento. Finalmente las eligen como esposas y las sacan de su cárcel. Después de convertirse en princesas al fin son felices y logran cambiar sus vidas gracias a que el príncipe azul las rescató. En esos cuentos ellas son incapaces de salvarse a sí mismas.

Me da mucho gusto que el lanzamiento en el cine de La mujer maravilla haya sido un éxito global y que se rompiera un récord en ventas por ser la película más taquillera dirigida por una mujer (Patty Jenkins). El estreno superó a clásicos como Los piratas del Caribe: la venganza de Salazar o Cincuenta sombras de Grey. Esto demuestra cómo las niñas de ahora buscan nuevos modelos e historias de personajes con los que se puedan identificar y que les ofrezcan alternativas a las historias de antaño en donde su felicidad depende completamente de un hombre.

Desde tiempo atrás se ha honrado en la historia a mujeres con arquetipos propiamente asociados con la masculinidad. Por ejemplo, en la cultura vikinga existían mujeres valkirias, deidades femeninas que servían a Odín en la mitología nórdica. En los cantos heroicos eran descritas como mujeres guerreras. Este término también se usaba para mujeres mortales que peleaban con espadas con la misma valentía que un hombre. Ellas conquistaban territorios, defendían a su gente y se enfrentaban a los desafíos y a la muerte con la misma fuerza que los hombres. Para las valkirias cada cicatriz o cada marca de su muestra de valor en la batalla era considerada como una gran insignia que portaban con orgullo.

Las valkirias conquistaban territorios, defendían a su gente y se enfrentaban a los desafíos y a la muerte con la misma fuerza que los hombres.

Asimismo, en la mitología griega Atenea era la diosa de la civilización, estrategia, ciencias, justicia, habilidad y, sobre todo, de la guerra. El dios Ares, su hermanastro, estaba más asociado con temas de derramamiento de sangre y violencia. Cuando se enfrentaban ellos dos, Atenea salía victoriosa por su sabiduría. Ella era considerada una de las principales divinidades en el panteón griego y uno de los 12 dioses olímpicos. La protectora de la gran Atenas y de toda la región del Ática era una mujer. Atenea pasó a la mitología romana con el nombre de Minerva.

Me alegra que las niñas de hoy tengan alternativas a roles diferentes y que puedan descubrir la gran belleza que existe dentro de virtudes como la valentía, el espíritu de lucha, el liderazgo... y que no se sientan que deben de intercambiarlas por belleza física o juventud.

Las mujeres somos mucho más que aquello que se puede apreciar con los sentidos y mucho más que nuestra juventud. Esta valía personal que nos damos a nosotras mismas no debe de estar vinculada a la aprobación de ningún hombre. Las caricaturas y películas para las niñas deberían de dejar de trasmitirles que son medias naranjas en busca de otra media naranja, sino que son personas completas que pueden alcanzar la felicidad por ellas mismas o acompañadas y que no hay un solo camino para la autorealización.

Las niñas de hoy deben de poder aspirar a tener incluso la vida del príncipe azul (si así lo deciden) y poder jugar con amigos en el lodo y a tener una vida divertida y no solo cargada de responsabilidades. Ellas deben de aspirar a lograr su independencia no solo en temas económicos, sino también emocionales para que nunca tengan que depender de nadie más que de ellas mismas para alcanzar su felicidad y sus sueños.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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