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Entre cuotas de género y tribus

02/06/2017 9:00 AM CDT | Actualizado 02/06/2017 1:36 PM CDT
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El tema de las políticas afirmativas, mejor conocidas como cuotas de género dentro de las empresas privadas, se presta a mucha controversia y a un debate airado con argumentos válidos de ambas partes. He analizado con detenimiento la defensa de ambos lados y por varios años me resultó imposible inclinar la balanza... hasta que descubrí en mi propia historia un elemento antropológico y conductual que inclinó mi balanza para siempre. Ese nuevo argumento lo acuñé: "el prejuicio tribal de género".

Entre los argumentos a favor de estos mecanismos generalmente obligatorios que son las cuotas de género, está la intención de eliminar los desequilibrios que impiden una verdadera igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, principalmente en relación a los cargos de toma de decisiones. De igual forma, estos sistemas de acciones parten del supuesto de que las condiciones sociales, por si solas, no son la panacea para las desigualdades tan fuertes que existen hoy en día en nuestro país.

Es una realidad lacerante el hecho de que aunque las mujeres representemos más de la mitad de la población, nuestra presencia en los altos puestos directivos sea tan baja. Esta situación es especialmente patente en el sector privado y todavía más alarmante dentro de los consejos de administración de las empresas públicas en México, en donde menos del 4% de los asientos son ocupados por mujeres. Otro argumento sólido lo respaldan los múltiples estudios que se han hecho a nivel global, demostrando fehacientemente los beneficios económicos que trae consigo la diversidad de género en las empresas.

Descubrí un prejuicio de tribu imperante en la atmósfera de la sala de juntas que no me permitía dar lo mejor de mí.

Por otro lado están los argumentos opositores, los cuales consideran que la implementación de cuotas a favor de las mujeres es una discriminación a los hombres. En la misma línea, lo ven como un atentado a la universalidad de las personas y al reconocimiento del valor de la meritocracia. Asimismo, este grupo debate que son innecesarios estos requerimientos dado que las mujeres calificadas pueden llegar a los puestos más altos si así lo deciden y sin ninguna ayuda. También encontramos argumentos de tinte neoliberal que están en contra de cualquier tipo de regulación que modifique las fuerzas imperantes en el mercado.

Hace unos meses me hice el firme propósito de concientizar mis sentimientos mientras iba a una junta de negocios en donde yo iba a ser la única mujer. Además de analizar argumentos de ambos lados del tema en cuestión, decidí meter elementos empíricos en la ecuación y experimentar en carne y hueso la problemática trascendiendo el plano racional.

Después de vislumbrar más allá de una perspectiva meramente apolínea, mi opinión se definió claramente a favor de ciertas concesiones de política afirmativa para cuestiones de género. Caí en la cuenta de que aunque podía dar argumentos muy válidos en la reunión, una parte de mi sentía inhibición por estar rodeada únicamente de hombres.

Descubrí un prejuicio de tribu imperante en la atmósfera de la sala de juntas que no me permitía dar lo mejor de mí. Desgraciadamente, por necesidad de cohesión con la tribu, los beneficios económicos que traen consigo, tanto la inclusión como la diversidad, son menores así como la creación de sinergias y el aumento del efecto multiplicador en la economía.

Las tribus nos ayudan a reafirmar nuestro sentido de pertenencia y otorgan sentido a nuestro mundo a través de una perspectiva de alcance inmediato que nos da ventajas evolutivas.

Al leer sobre la antropología y psicología detrás de la creación de tribus aprendí que la especie humana es propensa a la formación de subgrupos, que comparten una mayor cohesión, costumbres, tradiciones, origen étnico, ideologías, modas, afinidades, gustos y pensamientos. Las tribus nos ayudan a reafirmar nuestro sentido de pertenencia y otorgan sentido a nuestro mundo a través de una perspectiva de alcance inmediato que nos da ventajas evolutivas.

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"Hoy tengo mi propia tribu, pero a diferencia de las experiencias que he vivido, en mi tribu no castigamos a nuestros detractores".

En esta formación, se genera una fuerte identidad cultural que separa a un individuo como un miembro de un grupo del individuo miembro de otro grupo. Las tribus tienden a castigar cualquier diferencia identificable en apariencia o comportamiento, e incluso usarlas de base para justificar una persecución o el ostracismo de uno de los miembros.

Dada que una precondición para convertirse en miembro de una tribu es el fuerte sentido de identidad, se genera entre los miembros una fuerza tribal que se alimenta de borrar las diferencias. Se extingue la voz individual para fundirse en una cosmovisión consensual. La persecución o castigo no es reconocido por ningún miembro de la tribu, sino solo por sus víctimas u observadores externos que pueden romper con el inconsciente colectivo.

En mi tribu no castigamos a nuestros detractores porque en la mesa de juntas no dejamos a ningún miembro sin tribu.

Cuando analizamos las políticas afirmativas con una óptica antropológica y de economía conductual mediante una aplicación científica de temas cognitivos, emocionales humanos, psicológicos y sociales en lugar de meramente racionales, la perspectiva es muy distinta.

Me concienticé de todos esos momentos donde fui víctima de la fuerza de gravedad del espíritu tribal del género masculino en la sala de juntas, y del ostracismo virtual de la falta de una tribu propia del género femenino, en especial entre más subía la escalera corporativa. Este prejuicio tribal no hacía mas que acrecentarse hasta que acabé por salirme del sistema y convertirme en emprendedora, creando mi propia tribu en el proceso.

Sí, hoy tengo mi propia tribu, pero a diferencia de las experiencias que he vivido, en mi tribu no castigamos a nuestros detractores porque en la mesa de juntas no dejamos a ningún miembro sin tribu.

Me pronuncio completamente a favor de impulsar política pública en el Congreso de la Unión para fomentar políticas afirmativas que obliguen a las empresas públicas en México a tener por lo menos 2 mujeres en sus consejos de administración. Esta política va a romper el prejuicio tribal de género y por ende beneficiar a los accionistas de las empresas, así como a las partes relacionadas, de las bondades que trae consigo la inclusión, diversidad y sinergias generadas por medio de un verdadero trabajo en equipo, representatividad y visión conjunta de un México unido en su heterogeneidad.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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