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El liderazgo de la sumisión

17/07/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 17/07/2017 10:18 AM CDT

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"Las mujeres pasan un mal rato al tratar de buscar ser competentes en el trabajo sin dejar de ser queridas".

¿Te has preguntado por qué cuando acaban las conferencias o pláticas las mujeres rara vez levantamos la mano para preguntar? ¿O por qué cuando finalmente nos decidimos a hablar somos interrumpidas por hombres constantemente? Esto tiene que ver con los prejuicios de género que existen en nuestra sociedad y que afectan negativamente en la posibilidad de que más mujeres ocupen puestos de liderazgo y toma de decisiones en las empresas.

Por lo general, cuando las empresas buscan a un director general (CEO) que las represente, buscan cualidades de liderazgo previamente asociados al arquetipo masculino. Algunos de estos atributos incluyen la orientación hacia objetivos, exigencia, autonomía, ambición, capacidad analítica y para asumir riesgos, control de emociones, etc.

Cuando un niño muestra desde temprana edad atributos asertivos en su personalidad se le considera un "líder nato", mientras que cuando las mujeres toman la misma actitud o incluso cuando llegan a tener personalidades más dominantes, la sociedad las castiga con desaprobación y con etiquetas como "agresiva", "egoísta", "hormonal" o "demasiado ambiciosa". Estos adjetivos negativos mandan un mensaje a las niñas de "calladita te ves más bonita", "no levantes la mano"...

No debemos de subestimar el poder tan grande que tienen los estereotipos en nuestro comportamiento diario.

De acuerdo con investigación realizada por la organización internacional de Lean In presidida por Sheryl Sandberg, cuando las niñas entran a la secundaria, su autoestima se desploma en un 350% en comparación con la de sus compañeros y ellas van perdiendo con el tiempo el interés en asumir roles de liderazgo, patrón que solo se intensifica en la edad reproductiva. Estos prejuicios muchas veces actúan de manera inconsciente y los profesores (tanto hombres como mujeres) tienden a darle la palabra o a pedirle su opinión a las mujeres con mucho menos frecuencia que a los hombres.

A través de múltiples estudios se demuestra cómo las mujeres pagan un precio muy alto por su éxito profesional, ya que el ser exitoso y querido está positivamente correlacionado para los hombres. Mientras que con las mujeres pasa al revés: entre más éxito profesional adquieren, tienden a ser menos queridas tanto por hombres como por mujeres. No debemos de subestimar el poder tan grande que tienen los estereotipos en nuestro comportamiento diario. Otro estudio realizado por la misma organización, demuestra cómo si se reemplaza en un currículum el nombre de una mujer por el de un hombre, las probabilidades de contratación aumentan hasta en un 60%.

Las mujeres pasan un mal rato al tratar de buscar ser competentes en el trabajo sin dejar de ser queridas. Cuando una mujer demuestra atributos de liderazgo "masculino" como hablar directamente, asumir riesgos o promover sus ideas, es menos querida que las otras mujeres que tienen atributos más "femeninos" como la observación, sensibilidad, visión periférica, capacidad de escuchar, prudencia, intuición... Cuando una mujer tiene muy desarrolladas sus habilidades de cooperación y receptividad, tiende a ser más querida dentro de la organización, a expensas de ser percibida como menos competente.

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Hombres y mujeres juzgan constantemente a las pocas profesionistas que llegan a lo más alto de una organización.

Los hombres por lo general reaccionan negativamente hacia mujeres asertivas y lo peor de todo es que las propias mujeres también castigan socialmente a las mujeres que ejercen este tipo de liderazgo. Si esos mismos atributos son percibidos en un hombre, sus posibilidades de crecimiento profesional y de ser querido y aceptado socialmente aumentan exponencialmente. Las mujeres son juzgadas de manera mucho más estricta por sus compañeros y compañeras de trabajo (e incluso dentro de sus casas por sus padres y hermanos). La misma idea expresada en la boca de un hombre tiene más crédito que si sale de una mujer y ellas tienden a tener menos influencia en la toma importante de decisiones dentro de las empresas.

Cuando se le pregunta a un hombre exitoso profesionalmente por las razones de sus logros tiende a atribuirlo a sus habilidades innatas, mientras que su contraparte tiende a darle crédito a la cantidad de horas que trabajó, a la suerte o a la ayuda que recibió de otros. Esta cultura genera una atmósfera que desacredita el trabajo del género femenino junto con sus logros profesionales. Este comportamiento propicia que a los hombres se les pague un sueldo basado en su potencial, mientras que a las mujeres se les retribuya económicamente por trabajo realizado, generando una diferencia en los sueldos.

La brecha salarial comienza justo cuando las mujeres egresan de la universidad, ganando en promedio 82 centavos por cada dólar que generan los hombres por el mismo trabajo (estos datos son de Estados Unidos, en México esa cifra debe de ser mucho más alarmante). Asimismo, hay estudios que demuestran que las mujeres son igual de buenas que los hombres para negociar su sueldo, siempre y cuando el aumento salarial no lo pidan para ellas sino para alguien más. Mientras que a los hombres no se les penaliza socialmente por pedir un aumento para ellos.

Las mujeres son juzgadas de manera mucho más estricta por sus compañeros y compañeras de trabajo (e incluso dentro de sus casas por sus padres y hermanos).

En general, podemos ver cómo se espera que las mujeres continúen con su rol de "mano izquierda" o "tras bambalinas"dentro de sus trabajos y que sobresalgan por sus cualidades receptivas, empáticas, suaves, diplomáticas, sensibles, cooperadoras y altruistas para poder escalar en el trabajo. No obstante, una vez que logran llegar a un puesto medio, tienden a quedarse estancadas en esos mismos puestos porque para llegar a asumir puestos de dirección dentro de las empresas, se valoran atributos más asociados al arquetipo masculino.

Las pocas mujeres que llegan a lo más alto con una personalidad asertiva, lo hacen con un costo muy alto en su vida personal, ya que tanto los hombres como las propias mujeres las juzgan constantemente. Actualmente, aproximadamente el 66% de las mujeres ejecutivas en Fortune 200 cuentan con puestos "de soporte y colaboración" como lo son los departamentos de: recursos humanos, comunicaciones y mercadotecnia, mientras que sólo un tercio de estas mujeres ocupan puestos de liderazgo y toma de decisiones de carácter estratégico y financiero.

Si queremos progresar como país, necesitamos cambiar estos estereotipos que están limitando nuestro potencial económico, político y social. Debemos no solo valorar los atributos de asertividad en las mujeres, sino fomentarlos independientemente del género. Asimismo, se debe de concientizar acerca del prejuicio que existe actualmente en este tema para que las niñas no pierdan su autoestima y deseos de asumir roles de liderazgo y para que se atrevan a levantar la mano en sus clases, sentarse hasta adelante, tomar decisiones y a no sentirse apenadas por ser ambiciosas y tener sueños propios.

No debemos de ser tan duras en juzgarnos a nosotras mismas o a otras mujeres que persiguen un sueño profesional ni a las que buscan ocupar puestos de liderazgo. Es crucial que constantemente se revise la manera en que las empresas evalúan los resultados en torno a metas, para que los ascensos sean justos y medibles, con menos espacio para un prejuicio de discriminación de género.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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