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Sobrevivir al espejo y otros proyectos de año nuevo

03/01/2018 12:21 PM CST | Actualizado 03/01/2018 12:38 PM CST

Getty Images

En nuestro continente, es muy común juzgar a la mujer por la manera en que se comporta, se viste o cómo luce. Una mirada que suele desvirtuar la identidad femenina (quienes somos las mujeres actuales, quieres queremos ser) en algo tan simplificado que resulta en ocasiones doloroso. No es una idea sencilla de admitir y mucho menos, analizar. La percepción de la mujer objeto o al otro extremo, la que no calza bajo ningún aspecto y suele ser marginada justo por su negativa a calzar en cierta generalización incompleta.

Un fenómeno con el que todas las mujeres debemos lidiar en algún momento de nuestras vidas y que sin duda, nos pone en la incomoda situación de batallar contra un ideal cultural por completo irreal.

Como le ocurre a una de mis amigas, a quienes le suelen llamar "mami", "riquísima" y otros tantos epítetos más o menos incómodos, inevitables en este país donde el halago se confunde con mucha frecuencia con la grosería. Para la mayoría de quienes la conocen, con su 1.80 metros de estatura, cuerpo esculpido gracias al constante ejercicio y melena abundante, es el prototipo de ese ideal de belleza venezolano que tanto se insiste.

Parecía una mujer adulta. Estaba impaciente por serlo. No quería ser niña. Quería ser una tipa 'rica'. Quería estar 'buena'.

Ella es la primera en admitirlo: creció obsesionada con la idea de ser una "Miss" y cuando no lo logró, se obsesionó con su aspecto físico a niveles casi peligrosos. Sufrió de una extrema delgadez durante los primeros años de la veintena y luego, dedicó varios años a cuidar de su salud, quizás en un intento de consolar esa idea estética que necesitaba complacer desde niña. Ahora, casi a los cuarenta, la belleza continúa preocupándole, pero desde otra perspectiva. Como socióloga ha dedicado una buena parte de su carrera a hacerse preguntas sobre la agresión estética en nuestro país y sobre todo, analizar sus experiencias adolescentes bajo otra perspectiva.

Dos veces víctima: Todo lo que debe soportar una mujer agredida sexualmente

 Cuando tenía dieciséis, estaba convencida que era una necesidad lucir bien en minifalda y camiseta con escote , me explica. Me muestra una vieja fotografía en la que luce muy delgada y un tanto triste. Tendría unos doce años , "mírame aquí: parecía una mujer adulta. Estaba impaciente por serlo. No quería ser niña. Quería ser una tipa 'rica'. Quería estar 'buena'".

La niña de la fotografía realmente parece mucho mayor a lo que realmente es, con los ojos muy maquillados, la boca roja y el cabello peinado de manera muy elaborada. Lleva un generoso escote que muestra su pecho delgado. La minifalda apenas le cubre las rodillas. Pero ella no parece incómoda. Con una mueca provocativa, hace pucheros a la cámara.

El cuerpo es una cárcel

Comencé mi vida sexual muy temprano , me explica con cierto cansancio , "pensé que si no me acostaba con ese noviecito insistente me dejaría. Y de hecho, me dejó luego. La típica historia adolescente. Pero yo pensé que el asunto era conmigo. Que yo había hecho algo más. Así que con el siguiente novio, fui más rápido. Y la cosa 'funcionó' o como lo interpretas a esa edad: el muchacho se volvió loco conmigo... hasta que encontró a otra que le resultó más novedosa. No entendí nada".

Me lo cuenta con tristeza. Me describe la manera como su sexualidad se convirtió en un arma, en una manera de insistir en ciertas ideas que creía ciertas pero que realmente nunca comprendió muy bien de donde venían.

¿Quien es fácil? ,  le pregunto. Ella frunce la boca y me pregunto si a la exitosa mujer de cuarenta años con quien converso, todavía le duele ese insulto juvenil, que tuvo que soportar tantas veces.

"Fácil es la muchacha insegura que se acuesta con el novio para que no busque en otra lo que ella le puede dar ", responde , "ese es el concepto que se repite con tanta frecuencia que se toma por cierto. Fácil es la que disfruta su sexualidad, la que no cree que deba contenerse por el tabú social".

Fui 'la puta' mucho tiempo porque 'la santa' me aburría .  ¿Quien quería ser la niñita santurrona, la niña educadita? Quería ser la chévere, la que invitaban a todas las fiestas, la que andaba con los tipos más 'divinos'.

Para mi amiga, el camino fue largo y tortuoso. Después de sufrir una paliza de una de sus parejas, se cuestionó por completo lo que hasta entonces habían sido sus costumbres y su manera de ver el mundo. Me explica que vivió por tanto tiempo según el estereotipo de la mujer "atractiva" que cuando retrocedió un poco para comprenderse, le provocó dolor asumir hasta que punto se había lastimado por obedecer ciertos patrones de comportamiento heredados de manera invisible por una cultura que insiste en roles femeninos.

"Fui 'la puta' mucho tiempo porque 'la santa' me aburría ", me dice . " ¿Quien quería ser la niñita santurrona, la niña educadita? Quería ser la chévere, la que invitaban a todas las fiestas, la que andaba con los tipos más 'divinos'".

La mujer es buena por naturaleza: el gran mito que fascina a los hombres

¿Como te ves ahora mismo? ,  le pregunto. Mi amiga medita la respuesta en silencio y mientras lo hace, miro a mi alrededor. Su oficina está llena de sus fotografías, de esa lenta evolución suya de la niña que fue, a la mujer plena que es. En varias de las imágenes, su esposo sonríe. Una de sus hijas salta en una radiante escena playera. Y aún así, la expresión de J. es dura, un poco angustiada. Hay heridas que nunca cicatrizan del todo, pienso. Que insisten en lastimarte a pesar del tiempo que transcurre, de las experiencias y la fortaleza espiritual.

"Me veo como una sobreviviente  —dice por último —, a mí misma, a la sociedad, a los parámetros de una cultura que te dice que debes hacer".

Un concepto muy duro de asimilar, pienso, mientras camino por la calle. Miro a las mujeres a mi alrededor: Me pregunto si todas llevamos nuestra historia a cuestas, construímos una identidad a la medida de algo tan difuso como un prejuicio. Una expresión del yo atemporal.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.