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La loable y diaria labor de cambiar el mundo

19/07/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 19/07/2017 6:00 AM CDT

jeffbergen via Getty Images
"La individualidad femenina es una cuestión más bien reciente en la historia y quizás por ese motivo, la idea continúa siendo parte de un interminable debate..."

En más de una ocasión me he preguntado si la evolución del rol y el papel de la mujer en nuestra cultura se detuvo o se transformó en algo más.

Una pregunta válida que parece tener más de una respuesta y que sin duda, resulta preocupante de cara a un mundo en el que la justicia social se hace un concepto cada vez más complicado. Sobre todo, cuando la idea de lo femenino parece atravesar un largo y complejo debate sin resolución. Parezca lógico o no, el debate sobre la mujer como individuo continúa levantando ampollas.

Lo comprobé hace unos días, cuando escuché el siguiente comentario en un restaurante donde me encontraba almorzando: "Las mujeres actuales deberían agradecer ser visibles". Lo dijo un hombre de traje elegante sentado a dos mesas de distancia y acompañado por dos mujeres que no solo sonrieron a la frase, sino a quienes no pareció preocupar demasiado lo que podría implicar. Irritada e incómoda, miré al hombre el suficiente tiempo como para que notara que lo hacía y por un motivo.

Parezca lógico o no, el debate sobre la mujer como individuo continúa levantando ampollas.

Me dedicó un gesto casi desdeñoso, como si no entendiera  — y quizás era así— el motivo de mi malestar. Al final, rompí el contacto visual mientras el amigo que me acompañaba me miraba preocupado.

—No vas a poder cambiar el mundo —  me comentó. Lo hizo con la buena voluntad de quien se preocupa, sin ninguna malicia.

—Eso no quiere decir que deba dejar de intentar al menos un cambio beneficioso— insistí — al menos quiero creer que el mundo es perfectible, y no simplemente una losa cultural que deba sobrellevar.

Mi amigo no respondió de inmediato, como si el mero anuncio de la conversación le incomodara. Lo entiendo. Nunca será sencillo ese debate sobre la igualdad y la exclusión social. Eso, a pesar de los esfuerzos sostenidos, los triunfos y sobre todo, esa interpretación de la identidad de la mujer como parte de una idea mucho más amplia que solo su rol biológico.

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—La mujer y el hombre deben comprenderse en su diferencia. A pesar de todo, el hombre y la mujer son distintos y eso los hace complementarios — responde cauteloso al cabo de unos minutos — pero en nuestro país...
—En nuestro mundo — le interrumpo — entiendo lo que deseas decir y quisiera que fuera tan sencillo como un análisis sobre nuestra capacidad para comprendernos desde lo que nos hace distintos. Pero hablamos de un mundo que considera la diferencia una forma de debilidad y que insiste en mirar a la mujer como una criatura incomprensible y frágil.

De nuevo, silencio. Después de todo, es un tema espinoso y la mayoría de las veces lo suficientemente doloroso como para que que implique una visión complicada sobre el mundo femenino, sobre esa noción de género que parece confundirse con ideas tan esenciales como el rol tradicional de la mujer y más aún, su papel histórico primordial.

La individualidad femenina es una cuestión más bien reciente en la historia y quizás por ese motivo, la idea continúa siendo parte de un interminable debate sobre la independencia emocional y sexual de la mujer moderna.

Es un hecho que las mujeres han sido ciudadanas cuestionables del mundo durante siglos, en todas las culturas y en la mayoría de las sociedades donde el papel de lo femenino parece resumirse a la maternidad y su rol como compañera del hombre. La individualidad femenina es una cuestión más bien reciente en la historia y quizás por ese motivo, la idea continúa siendo parte de un interminable debate sobre la independencia emocional y sexual de la mujer moderna.

Supongo por supuesto, que todo se debe a la insistencia sobre el progreso heredadas del siglo XVIII y XIX, que nos hace creer que todo lo que vivimos es mejor que el pasado inmediato y probablemente será peor que el futuro a corto plazo. Aún así, el proceso de la mujer en la búsqueda de igualdad y sobre todo, reconocimiento y respeto, no ha sido lineal, mucho menos sostenido.

En todo ese largo camino zigzagueante y la mayoría de las veces accidentado hacia el reconocimiento del valor de la identidad, ha habido épocas de gran libertad, de una expresión del yo de la mujer tan fuerte como sostenido. Sin embargo, le han seguido etapas de profunda represión, una especie de reacción inmediata a esa libertad apenas sugerida, la expresión de la mujer como elemento fundamental de la sociedad por derecho propio.

Pienso en todo lo anterior mientras camino por la calle. Pienso en mi lucha diaria, en mi convicción que ningún esfuerzo en pro de la igualdad es poco. Pienso en todas las mujeres alrededor del mundo que aún deben lidian a diario con el menosprecio y el prejuicio. En las mujeres de mi país, celebradas como las más bellas del mundo, son quizás también, las menos conscientes de su necesidad de liberarse de cualquier estereotipo, cualquier idea que pueda limitarla. Sí, me digo, entre esta multitud de mujeres reales —espléndidas por derecho propio—, este universo femenino en un continente en esencia matriarcal pero absurdamente machista. Hemos recorrido un buen trecho, pero aún necesitamos alcanzar mucho más. Quizás una simple y mucho más poderosa percepción de identidad.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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