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La batalla que también enfrentan Lena Dunham, Meryl Streep y Jennifer Lawrence

11/10/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 12/10/2017 5:26 PM CDT

Cuando Lena Dunham llegó a la televisión en el año 2012, era tan joven como para resultar escandaloso: con tan solo veintiséis años se convirtió con toda seguridad en la primera mujer en romper los límites invisibles de una industria machista a fuerza de voluntad y cierta antipatía. De inmediato, se convirtió en la protagonista, guionista, productora y con cierta frecuencia en directora de su propia serie, lo que le confirió un tipo de extraño poder sobre el ámbito artístico que nadie supo cómo interpretar muy bien.

Para HBO fue una apuesta de considerable importancia que abrió las puertas a un nuevo tipo de poder femenino en el medio audiovisual. Pero Dunham también hizo algo más: le brindó voz a una buena cantidad de mujeres que hasta entonces, habían sido invisibles y anónimas en el medio.

Porque los personajes de la serie Girls (buque insigne de la productora y además, abanderada de su especialísima visión sobre el feminismo) no solo era una serie sobre mujeres (mujeres de verdad, con kilos de más, mal cutis, el cabello revuelto, verdaderos problemas existenciales) sino que además eran mujeres que sufrían serios problemas de los que poco se habla.

Gilbert Carrasquillo/GC Images
Lena Dunham el 1 de mayo de 2017.

De pronto, Dunham puso en la voz de sus personajes los dolores y temores de una generación: desde el acoso sexual y laboral, hasta la exigencia estética, la jovencísima productora llevó al gran público la noción de un nuevo tipo de respeto por la identidad femenina que, hasta entonces, parecía haberse confundido con ideologías y discusiones políticas no muy claras y la mayoría de las veces complejas. Pero Dunham les otorgó un nuevo lugar en el imaginario colectivo. Todo un logro casi inesperado en medio en complejo debate sobre la mujer y su identidad cultural. Súbitamente, lo que pareció el último velo de cierto tabú sobre el universo femenino cayó y permitió asumir de manera totalmente nueva la identidad de la mujer del siglo XXI.

Pienso sobre eso mientras leo el artículo del periódico The New York Times que detalla con escalofriante precisión los múltiples señalamientos de acoso sexual contra el productor Harvey Weinstein. En medio de un enfrentamiento directo contra la prensa, el ejecutivo hollywoodense negó las acusaciones a través de su abogado, pero además de eso, tomó una extraña actitud ambivalente: por un lado se disculpó por su "comportamiento" y aseguró que lidiaría con el tema de "frente" y por el otro, que demandaría al periódico por revelar "noticias sin confirmación", lo que despertó la ira pública.

En cualquier otro momento de la historia, un productor de la talla de Weinstein  — bajo cuya rúbrica se encuentran películas tan importantes como Pulp Fiction, Shakespeare in Love,El paciente inglés o El discurso del rey  — jamás habría tenido que lidiar con la presión de medios a su alrededor. Con la respuesta enfurecida de escritores, artistas y sobre todo, actrices que fueron sus víctimas y que han decidido ofrecer su testimonio de manera pública. En cualquier otra época, el poder de Weinstein habría sido suficiente para obstaculizar incluso la mera publicación de un artículo semejante e incluso, la noción sobre el delito que gravita sobre su hasta entonces omnipotente figura.

Pero quizás el trabajo de Lena Dunham abrió una pequeña grieta que ensanchó la posibilidad de la batalla y la reivindicación en medio de la Meca del Cine. Una brecha a través de esa percepción de la mujer objeto que tanto se mercadea en Hollywood. De súbito, hay una necesidad evidente por la lucha por la igualdad de género. Y el efecto parece estar en todas partes.

John Shearer/WireImage/Getty Images
Harvey Weinstein y Meryl Streep el 27 de enero de 2012 en California. Recientemente la actriz aclaró que no sabía de los presuntos actos de hostigamiento sexual por parte del hostigamiento sexual del productor estadounidense y calificó de heroínas a las mujeres que se han atrevido a hablar del tema.

Hace unos años, Meryl Streep, quizás la actriz más poderosa e influyente de la historia del cine, decidió abrir un fondo de ayuda para guionistas y directoras de más de cuarenta años, que el mundo del espectáculo suele ignorar por el mero hecho de rebasar el ideal de juventud ideal que vende la industria cinematográfica. Preocupada, Streep habló acerca de esa noción sobre "la mujer sometida a los prejuicios de una industria controlada por hombre" y la necesidad inmediata "de reivindicar el talento femenino en todas sus implicaciones". La lucha por la igualdad de género en el mundo del cine llevó a Streep a fundar Writers Lab (Laboratorio de escritoras), un proyecto financiado de su bolsillo y que busca ampliar las oportunidades laborales en el séptimo arte.

La actriz Jennifer Lawrence también levantó la voz en su momento y fue una de las primeras en publicar en el blog feminista Lenny Letter, de Dunham, un artículo sobre la desigualdad laboral. De pronto, la diminuta brecha de una serie popular un canal de cable parecía estar en todas partes: desde las declaraciones de Jessica Chastain sobre desigualdades contractuales y laborales, hasta las firmes posturas como la de la actriz Reese Witherspoon, abanderada de los derechos feministas en Hollywood. Como si se tratara de un ráfaga de ideas, el feminismo  — o mejor dicho, la noción de convalidar los derechos de la mujer —  está en todas partes en la industria cinematográfica. Ese gran reflejo de la cultura.

¿Ha sido gracias a Durham toda esta nueva y renovada visión sobre la mujer? Sería temerario decir que únicamente es obra suya, pero su esfuerzo  — constante y persistente —  es la voz de una generación y uno de los motores del cambio. La misma voz que fue una de las primeras que enfrentó a Weinstein  — y lo que representa —  públicamente y exigió respeto para las víctimas. "La mujer que elige hablar sobre su experiencia de acoso por parte de Harvey Weinstein merece nuestra admiración. No es gracioso ni sencillo. Es valiente". Una forma de poder para la mujer moderna.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.