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Del cómo te ves al cómo te miras: del traje al vestido y todo lo que ocurre por medio

12/01/2017 7:00 AM CST
Mike Blake / Reuters
Evan Rachel Wood llega a la edición 74 de los Globos de Oro, este 7 de enero de 2017.

Cuando tenía diez años una de mis maestras me dijo que le preocupaba el aspecto de mi uniforme escolar. Le dedicó una mirada furiosa a la blusa arrugada y la falda azul que llevaba un poco manchada de polvo.

 — Una dama siempre debe verse como una dama  — insistió — eso de andar en fachas es de hombres.

Después, dedicó varios minutos a remeter la blusa en el cinto y a sacudir la falda sucia. Me quedé muy quieta, sin saber cómo responder a lo que acababa de decirme. Fue la primera vez que me pregunté cómo debía verse una mujer.

La rigidez de los cánones y los estereotipos sobre cómo se percibe a lo femenino se mueven hacia una nueva dimensión del tema.

 — Una dama debe verse femenina con todo lo que eso implica  — prosiguió — la ropa de una mujer muestra cosas. Habla de decencia, juicio y sobre todo, buen gusto. Que no se te olvide eso.

Me asombró el mero pensamiento que la ropa pudiera decir tantas cosas. Que incluso pudiera expresar ideas que no me importaban en absoluto como ser muy "femenina" o "elegante y tener buen juicio". Esa tarde me paré frente al espejo de mi habitación y me observé por mucho rato. ¿De verdad era tan importante como me veía? O mejor dicho ¿Realmente la ropa era tan importante como para definir que tipo de mujer sería yo?

Por supuesto, una niña no piensa en términos tan complejos. Pero lo cierto es que por meses le presté especial atención a la ropa que llevaba o cómo la llevaba. De alguna manera esa pequeña experiencia — de las miles que se viven en la infancia — cambió mi percepción sobre mi identidad y como la expresaba, quizás para siempre.

La recuerdo mientras veo a la actriz Evan Rachel Wood desfilar bajo los focos de la alfombra roja de los Premios Globo de Oro: lleva un traje de corte muy masculino. Con pantalones, una chaqueta ajustada, una camisa blanca impoluta, Wood tiene un aspecto sobrio, exquisito y también austero, nada parecido a las beldades de traje y joyas que desfilan a su lado. De súbito, pienso que aquella caminata sobria bajo los focos es algo más que una excentricidad. Se trata de una declaración de principios.

El cómo te vistes en el mundo del espectáculo es una parte arraigada e importantísima en nuestro mundo contemporáneo de reflectores y banalidad visual. Hay un código invisible y tácito sobre lo que se acepta como hermoso y sobre todo femenino  — esa palabra tan tramposa —  y transgredir alguna de esas reglas, parece siempre dar problemas.

Pero a Evan Rachel Wood no parece importarle demasiado eso. Luciendo su magnífico traje personalizado de alta costura y sobre todo, que incluye cierto acento personal  — la androginia y la rebeldía le vienen a la actriz de mucho antes —  Wood deja muy claro que la moda y sobre todos sus implicaciones comienzan a cambiar a medida que lo que se espera de la mujer lo hace también. La rigidez de los cánones y los estereotipos sobre cómo se percibe a lo femenino se mueven hacia una nueva dimensión del tema. Y lo hacen con golpes de efecto como el que promovió la actriz, de pie y muy erguida bajo los flashes de los fotógrafos de la ceremonia.

Pienso en la niña que fui que no siempre quería llevar vestidos  — y los llevó muy pocas veces —  y cuánto le habría agradado saber que hay cientos de opciones  — además de las más obvias —  para expresar su feminidad.

Claro está, Wood no es la primera mujer que usa la ropa para expresar ciertas ideas culturales sobre la mujer de cara al público. Diane Keaton pasó la mitad de su carrera cinematográfica especulando sobre una nueva imagen femenina gracias a sus trajes y chaquetas. Un juego de espejos que la convirtió en referente para toda una generación. Incluso en la misma ceremonia en la que Wood causó revuelo por sus dos piezas  — tan semejante al que una vez llevó Marlene Dietrich —  la actriz Octavia Spencer también decidió llevar un traje en lugar de vestido. Son pequeñas declaraciones de intenciones que tienen un efecto perdurable en la forma como se comprende la imagen de la mujer actual: Wood por ejemplo, dejó muy claro en su cuenta de #Instagram que no se trataba de una declaración política pero sí de una elección deliberada:

Esta es mi tercera nominación y he estado en los Globos seis veces, y he usado un vestido cada vez. Y me encantan los vestidos, no estoy tratando de protestar contra los vestidos, pero yo quería asegurarme de que las niñas y las mujeres supieran que estos no son un requisito. Y que no tienes que usar uno si no quieres, y solo ser tú misma porque tu valor es más que eso. Así que dije "este año voy a rendir homenaje a Marlene Dietrich y Victor Victoria, y a David Bowie porque es su cumpleaños'".

Leo a Wood sonriendo con una satisfacción secreta difícil de explicar. Pienso en la niña que fui que no siempre quería llevar vestidos  — y los llevó muy pocas veces —  y cuánto le habría agradado saber que hay cientos de opciones  — además de las más obvias —  para expresar su feminidad. Pienso en la importancia del bien medido gesto de la actriz y también, de esa declaración clarísima de intenciones que deja muy claro que la ropa puede definir un poco ideas sobre tu personalidad, pero que la mujer no depende de lo que lleve puesto para que ese punto de vista sea más complejo. O en otras palabras, la identidad que trasciende el traje y lo convierte en un reflejo de tu personalidad única. Quizás una manera de crear.

(VIDEO: La feminidad no se ata a un vestido)

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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